La decisión del Tesoro de Estados Unidos de duplicar las recompras de bonos a largo plazo ha provocado una nueva ola de ventas de dólares, lo que favorece tanto al Bitcoin como al oro, considerados activos de refugio frente a la incertidumbre económica en Estados Unidos.
Asimismo, se ha registrado un creciente interés por los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos, que la semana pasada recibieron 1.920 millones de dólares en ingresos netos, la cifra más alta desde hace diez meses. Además, el lunes se añadieron otros 337 millones de dólares.
Un asesor financiero y fundador de un reconocido servicio de asesoría financiera, explicó que el comportamiento del Bitcoin “siempre va a responder a especulaciones entre la oferta y la demanda”.
A diferencia de las acciones, que tienen un negocio generador de ingresos detrás, el Bitcoin carece de un flujo de fondos que permita calcular su valor. “No vende coca colas para ganar o perder plata, solo depende del humor de los mercados y del ánimo de ellos”, indicó el especialista.
La reciente escalada del Bitcoin se enmarca en un contexto más amplio donde los inversores buscan activos que puedan servir de refugio ante la incertidumbre económica estadounidense. El asesor relacionó la recuperación del Bitcoin con el oro, así como con las expectativas sobre la inflación y el déficit en Estados Unidos. “Al igual que el oro comenzó a retomar la senda alcista, se espera que Estados Unidos enfrente dificultades para controlar su inflación y su déficit, lo que podría marcar el inicio de un nuevo ciclo”, comentó.
La recuperación también se apoya en otros factores que han generado un clima optimista en el mercado. Recientemente, exlíderes políticos se han reunido con figuras clave de la industria cripto y han abogado por un marco regulatorio para los activos digitales.
No obstante, el Bitcoin aún está por debajo de su máximo histórico de aproximadamente 126.000 dólares, alcanzado en octubre, lo que sugiere que el precio actual sigue lejos de ese nivel.
La notable suba puede llevar a la impresión de que es el momento ideal para invertir. Sin embargo, el asesor sostiene que los inversores de largo plazo no deberían tomar decisiones basadas únicamente en el repunte reciente. “El inversor de largo plazo que tiene paciencia y que entiende de ciclos tiene una buena oportunidad”, afirmó.
Además, el especialista sugiere que podría ser beneficioso esperar una eventual corrección. “El Bitcoin podría corregir un 10% fácilmente hasta la zona de 70.000 dólares, y sería una buena zona de compra pensando en uno, dos, tres o cuatro años”, explicó.
Esta sugerencia es significativa, ya que destaca la importancia de no confundir una tendencia alcista con la urgencia de comprar. Tras un incremento tan rápido, es común que se produzcan correcciones, lo que podría permitir ingresar a precios más bajos.
Más allá de su potencial alcista, el asesor advierte que el Bitcoin presenta una diferencia fundamental respecto a otros activos: su valor no se encuentra fundamentado. “A diferencia de las empresas, donde el valor de una acción se basa en los flujos futuros de ingresos, en el caso del Bitcoin no existen tales flujos; el precio depende del ánimo especulativo del mercado”, subrayó.
Por ende, una caída significativa en su precio no necesariamente se encuentra limitada por fundamentos sólidos. El valor del Bitcoin está en gran medida determinado por lo que los compradores están dispuestos a pagar en cada momento.
La volatilidad y la complejidad para establecer un valor fundamental hacen que el Bitcoin no sea un activo adecuado para todos los perfiles de inversores. El asesor recomienda que solo aquellos inversores con un perfil de alto riesgo consideren incluirlo en su cartera. Para estos, la estrategia debe permitir soportar fuertes movimientos de precio sin apresurarse a tomar decisiones. En lugar de buscar una ganancia rápida, el enfoque debe ser aprovechar los ciclos del activo en los próximos años.
La decisión de invertir debería centrarse menos en la posibilidad de aumentos inmediatos en el precio del Bitcoin y más en la disposición del inversor a aceptar la volatilidad y el riesgo asociado a un activo cuyo valor está influenciado principalmente por la oferta, la demanda y las condiciones del mercado.









