Según un informe de FourFourTwo, la organización HOPE not hate argumentó que la magnitud de los ataques revela un patrón repetido de hostigamiento racial hacia futbolistas de Inglaterra. La solicitud se dirige al gobierno británico y al regulador Ofcom, pidiendo medidas que reduzcan la circulación de mensajes de odio en redes sociales durante eventos deportivos de gran visibilidad.
La investigación analizó 300.000 publicaciones en X relacionadas con la participación de Inglaterra en el Mundial. En esta muestra, se identificaron más de 5.500 mensajes con contenido racial explícito dirigidos a los jugadores. Además, se constató que los insultos raciales representaron entre el 1% y el 2% de las publicaciones relevadas durante el torneo.
Este porcentaje se incrementó durante los días de partido, llegando a niveles de entre el 4% y el 5% del total de los mensajes monitoreados. La mayor escalada de ataques ocurrió tras la derrota de Inglaterra frente a Argentina en semifinales, lo que, según el estudio, generó un nuevo pico de hostigamiento en línea.
El informe también destaca que la hostilidad no se distribuyó equitativamente entre los futbolistas. Jude Bellingham fue el más atacado con mensajes racistas, mientras que Kobbie Mainoo y Bukayo Saka fueron quienes recibieron la mayor proporción de abusos en relación con el total de menciones. El defensor Djed Spence también sufrió ataques de carácter islamófobo.
Los investigadores identificaron un fenómeno de propagación de mensajes de odio impulsado por cuentas virales y perfiles de gran visibilidad. Parte de este flujo no fue espontáneo, sino generado por actores que amplificaron ciertas publicaciones y fomentaron el acoso masivo.
HOPE not hate sostiene que las acciones comunes de las redes sociales no son suficientes para abordar la problemática. La organización afirma que medidas como el bloqueo de cuentas o la restricción de acceso a menores de 16 años no modifican la estructura de fondo de los sistemas de recomendación, responsables de dar visibilidad a contenidos diseñados para generar reacciones, tráfico y beneficios publicitarios.
Patrik Hermansson, investigador senior de HOPE not hate, expresó que el problema sigue un patrón claro y predecible. “Nuestra investigación demuestra que el odio hacia los futbolistas sigue un esquema reconocible”, comentó. También observó que el abuso suele concentrarse en jugadores específicos y que gran parte de este proviene de un reducido grupo de actores prominentes.
Hermansson sugirió que las plataformas deben dejar de considerar estos episodios como incidentes aislados, ya que el ecosistema digital y el alcance de ciertos contenidos están guiados por incentivos de atención y viralidad.
Taylor Gese, del Future of Tech Institute, respaldó esta crítica, señalando que las empresas tecnológicas no implementan todas las herramientas de seguridad disponibles, dado que “la indignación genera interacción y el odio vende”. Esta observación refuerza el llamado a una intervención más directa sobre las plataformas.
La propuesta busca establecer mecanismos preventivos y exigencias adicionales para las compañías tecnológicas durante los encuentros de alta visibilidad, con el fin de limitar la difusión de mensajes racistas y campañas de hostigamiento coordinadas.
El pedido contempla una intervención de Ofcom y del gobierno del Reino Unido para que la supervisión no se reduzca a responder después de cada incidente, enfatizando que el abuso puede preverse a partir de antecedentes recientes y patrones de comportamiento ya identificados.









