Consciente de estar bajo el escrutinio público, Di María sabe que las decisiones arbitrales afectan de manera diferente cuando favorecen a su equipo. La tarde vivida en Santiago del Estero volvió a estar envuelta en la polémica: el penal sancionado por Leandro González Pirez a Enzo Copetti generó controversia, ya que aunque hubo contacto, muchos consideraron que la acción no era suficiente para merecer la pena máxima. En principio, el árbitro Darío Herrera no cobró el penal, pero después de la intervención del VAR a cargo de Jorge Baliño, decidió cambiar su decisión. Di María, sin dudar, tomó la responsabilidad y convirtió el gol que puso el marcador 2-1.
“Lo voy a aclarar porque cansa siempre lo mismo. Este fue penal, como el que me hicieron ante Francia en la final de Qatar. Es un toque, está adentro del área y el VAR te lleva a eso; esto es el fútbol de ahora y es así. Hoy nos tocó a nosotros. Fue lamentable lo del final, pero no hicimos nada para que pase lo que pasó, ellos tendrán sus excusas”, comentó el jugador tras el encuentro.
No obstante, el penal que lo colocó nuevamente en el centro de la controversia no fue lo único que captó la atención. El partido marcó otro momento destacado: la ejecución magistral de un tiro libre por parte de Di María, un arte que parecía ser propio de un pasado lejano. El volante había comenzado la remontada con un espectacular gol de tiro libre, demostrando que aún conserva esa habilidad. “Antes de salir a la cancha, me apareció el gol de tiro libre de Messi a Estados Unidos en la Copa América. Y cuando agarré la pelota, dije ‘lo voy a intentar, no soy Leo, pero bueno, capaz sale’, y terminó saliendo. Lo nombro a él porque pasó justo antes, es el ídolo máximo de este fútbol y siempre me desea lo mejor”, se sinceró Di María.
Su actuación fue crucial para la evolución del juego, logrando tanto el empate como el gol que brindó la ventaja. El tercer gol fue anotado por Julián Fernández, cuando Di María ya se encontraba en el banco de suplentes. Sin embargo, en ese momento Central ya había conseguido lo que el astro nuevamente había buscado al regresar: una gran alegría, de esas que justifican toda una carrera.
“Volví por esta alegría, por esta gente. Les comenté a los chicos que estamos a fin de mes y que la gente hace todo para estar acá, vende cosas, y si no le dábamos esta alegría, me iba a sentir muy mal. Sé que cuando volví ya no le debía nada a la gente, pero quería darles una alegría. Con esto corono lo que quería y estoy más que feliz”, expresó.
La frase que había dicho al ser presentado en julio de 2025 ahora tiene otra dimensión. “Lo único que me falta es ser campeón con Rosario Central”, había manifestado. Lo que entonces parecía una deuda emocional con el club que ama, ahora forma parte de su colección personal de trofeos. Un año después de aquella presentación, Di María ha acumulado dos títulos con Central, sumando un total de 38 en su carrera.
Este futbolista, que ha construido su legado en ciudades como Rosario, Lisboa, Madrid, Manchester, París, Turín y con la selección argentina, decidió volver a su hogar para completar una de las pocas metas que le quedaban. Ese número de títulos lo sitúa como el segundo argentino más laureado en la historia, solo por detrás de Lionel Messi, quien cuenta con 48 conquistas. Después de los aplausos y las críticas, así como las discusiones sobre penales y momentos de atención fija sobre él, Di María tiene una nueva razón para sonreír: regresó a Central para ser campeón y, en lugar de una, se llevó dos estrellas adicionales y un nuevo capítulo en su trayectoria de 38 títulos.









