El diente yacía incrustado en una escollera de rocas, y gracias a su pequeño tamaño, Bo pudo extraerlo. “Estaba shockeado y emocionado al mismo tiempo”, comentó el niño sobre aquel instante, en declaraciones a un canal de televisión.
La familia llevó el diente a expertos del Museo Estatal de Nueva Jersey y del centro de investigación marítima de Cape May, quienes validaron que se trataba efectivamente de un fósil de megalodón.
Daniel Iovino, un especialista del centro, nos comentó: “Es un hallazgo increíble. Esa familia tuvo muchísima suerte. Solo hay un puñado de hallazgos registrados de dientes de megalodón en la costa de Nueva Jersey”.
Este gigantesco tiburón, que vivió hace más de 3 millones de años, medía entre 15 y 18 metros de longitud, superando el tamaño de un colectivo común. Investigaciones publicadas en la revista Science Advances indican que su mandíbula era tan voluminosa que podía devorar una orca en solo cinco mordidas.
El diente que encontraron los Bowers ha llamado la atención no solo por su tamaño, sino también por su excelente estado de conservación. Matt Remuzzi, del Cape May Whale Watch and Research Center, afirmó: “Es el diente de megalodón en mejor estado que he visto en mi vida. Fue realmente increíble”.
Los expertos suponen que el fósil pudo haber salido a la superficie debido a una reciente obra de relleno de playas, en la que se bombeó arena del fondo del mar hacia la costa.
Dana Ehret, del Museo Estatal de Nueva Jersey, corroboró la autenticidad del diente. “Estos dientes son muy poco comunes en Nueva Jersey porque no tenemos sedimentos de la edad adecuada conservados en la superficie o cerca de ella”, señaló en conversaciones con los medios.
“El diente de Bowers se encuentra en un estado extraordinariamente bueno para ser un diente de Nueva Jersey. Me recuerda a aquellos que se encuentran en Carolina del Norte, donde son mucho más habituales”, añadió.
El descubrimiento generó una gran mezcla de sorpresa y felicidad en Bo y su padre. “Casi me caigo. Estaba sentado, me temblaban las rodillas y él intentaba hablar, pero no podían salir las palabras”, recordó Mike sobre el instante en que avistaron el diente.
Además de la impresión visual, el peso del fósil los sorprendió. “Es mucho más pesado de lo que pensábamos”, agregó Mike.
Decidieron conservar el diente como un recuerdo de esta experiencia única. “Definitivamente, es algo que hay que tachar de la lista de deseos”, concluyó el padre.









