Los datos indican que las preferencias de los inversores globales por los activos financieros de mercados emergentes han experimentado un cambio notable, como señalan los informes de Emerging Portfolio Fund Research (EPFR) y del Institute of International Finance (IIF) sobre los flujos de capital hacia activos emergentes.
Según los analistas de EPFR, el segundo trimestre concluyó con los inversores aprovechando la reciente caída de las acciones tecnológicas, lo que generó nuevas entradas de capital. Factores como los máximos alcanzados por el Dow Jones, la baja en los precios del petróleo, y otros eventos como la tregua entre EEUU e Irán y fenómenos climáticos extremos, contribuyeron a este comportamiento. Los flujos hacia los fondos de bonos superaron el ritmo récord del año anterior.
Por otro lado, el IIF reporta que los flujos de cartera hacia los mercados emergentes permanecieron negativos en junio, con salidas cercanas a los 18.000 millones de dólares después de más de 26.000 millones de dólares retirados en mayo. No obstante, el IIF también destaca que las entradas hacia bonos se aceleraron, superando los 28.000 millones de dólares, mientras que las salidas de acciones se intensificaron, alcanzando más de 46.000 millones de dólares.
En este contexto, Asia compensa la salida total de capitales de los mercados emergentes; la venta de acciones superó las entradas de deuda en la región. China, que antes apoyaba la renta variable, ahora se ha convertido en un lastre, mientras que su deuda continúa sufriendo salidas de capital.
Los flujos de cartera de no residentes hacia los mercados emergentes siguieron cayendo en junio, reflejando un total negativo de 17.800 millones de dólares, en comparación con más de 51.000 millones de dólares positivos un año atrás. Esto evidencia que las condiciones de flujo no han vuelto a la normalidad, mostrando una mayor división entre las clases de activos. La demanda por renta fija se fortaleció, pero no fue suficiente para compensar la nueva caída en la renta variable. Si bien los bonos mitigaron el impacto, las acciones continuaron bajo presión debido a una menor propensión al riesgo, la incertidumbre en China y un entorno de liquidez global menos favorable.
Los flujos hacia bonos emergentes se incrementaron a 28.300 millones de dólares, por encima de los 10.000 millones de mayo. Aunque esta cifra es inferior a los 42.700 millones de junio del año anterior, sigue siendo considerada un flujo mensual sólido según las condiciones del mercado.
En todas las regiones, se observó mejoría. Los flujos hacia bonos emergentes de Asia se elevaron a 13.500 millones de dólares, desde 3.500 millones en mayo, mientras que en Latinoamérica sumaron 5.100 millones y en Europa emergente, 4.400 millones. En la región de Medio Oriente y Norte de África (MENA), alcanzaron los 5.300 millones.
Para los analistas del IIF, esta tendencia estabilizadora en junio sugiere que los inversores no han renunciado a la renta fija de los mercados emergentes, con una creciente demanda de deuda a pesar de la presión sobre los flujos de renta variable. Este comportamiento es acorde con un acceso al mercado más selectivo, donde los inversores optan por aumentar su exposición a deuda bajo condiciones de favorable ‘carry trade’, calidad crediticia y resiliencia externa.
En contraste, los flujos hacia acciones emergentes muestran un panorama más adverso. Las salidas de renta variable de mercados emergentes aumentaron en junio, superando los 46.000 millones de dólares, en comparación con los 35.200 millones de mayo, cuando hace un año se registraron flujos positivos de 8.500 millones. Así, junio marca el segundo mes consecutivo de importantes retiros en acciones, presionando la parte de flujos de renta variable. El balance del primer semestre revela unas salidas netas superiores a 81.000 millones de dólares, en comparación con los 19.500 millones del año pasado, mientras que los flujos de bonos alcanzaron casi 180.000 millones de dólares, un incremento respecto a los 141.700 millones del año previo.
El análisis del primer semestre revela que los mercados emergentes continúan atrayendo capital en general, impulsados por la entrada hacia bonos que contrarrestó la liquidación en acciones. En particular, el caso de China resalta un cambio respecto a mayo; las acciones chinas que antes ayudaban a equilibrar la salida generalizada en mercados emergentes, dejaron de ser un soporte. En junio, los flujos de acciones chinas comenzaron a registrar pérdidas de 14.000 millones de dólares, en comparación con las pérdidas de 8.100 millones en mayo, lo que implica un cambio significativo de 22.100 millones de dólares. En contraste, los flujos a bonos chinos mantuvieron una tendencia negativa, con 3.700 millones en junio, apenas mejor que las salidas de 4.300 millones de mayo.
Así, excluyendo a China, los flujos hacia bonos emergentes aumentaron a 32.000 millones de dólares, mientras que las salidas de acciones llegaron a 32.200 millones de dólares. En términos prácticos, los mercados emergentes, sin contar a China, casi lograron equilibrar su situación en junio: las entradas en bonos compensaron casi completamente las salidas de acciones. Se concluye que la salida neta de capitales de mercados emergentes tiene su origen principalmente en China y en la persistente debilidad de las acciones en la región.
En relación a Latinoamérica, los datos indican una relativa resiliencia. Los flujos totales crecieron a 2.700 millones de dólares en junio, en comparación con 200 millones de mayo. Las entradas a bonos crecieron a 5.100 millones, mientras que las salidas de acciones se ampliaron a 2.400 millones. Esto sugiere que la región sigue beneficiándose de condiciones favorables, como el ‘carry trade’, la exposición a materias primas y el conocimiento de los inversores sobre entornos con altas tasas de interés reales. Sin embargo, esto no exime a la región de la reducción general del riesgo en mercados emergentes. La salida de capitales en la renta variable indica que las tasas de descuento globales y la menor volatilidad de los mercados emergentes siguen siendo factores relevantes. Los datos de junio sugieren que Latinoamérica continúa atrayendo la demanda de renta fija, aunque sus asignaciones a renta variable son más susceptibles a cambios en el apetito de riesgo global.
Tal divergencia es observable en todas las regiones del mundo: la demanda de bonos se ha mantenido positiva, mientras que la renta variable enfrenta serios desafíos. Las acciones enfrentan una combinación de factores complicados, incluyendo tasas de descuento globales elevadas, incertidumbre en China, menores expectativas de beneficios y sensibilidad a la situación en los sectores tecnológico y energético, lo que lleva a una reducción en las asignaciones a renta variable. Por lo tanto, aunque los inversores siguen dispuestos a financiar los mercados emergentes, son cada vez menos propensos a asumir riesgos en renta variable.









