“Sé que a veces, por el trabajo que hacemos, se nos mira como que somos un poco áulicos”, comenzó Sturzenegger, quien continuó aclarando su concepción de trabajo: “Yo digo que nosotros no somos áulicos, nosotros somos plomeros. Nos metemos en la base de los edificios, con las cloacas, limpiamos los caños. No hay nada más terrenal y menos áulico”, refiriéndose a las tareas de desregulación que supervisa.
Sin embargo, algunas de sus decisiones anteriores, como su comentario sobre los jugadores lesionados en el contexto de la Reforma Laboral y su negativa a aceptar alteraciones en la Ley de Tierras, además de un decreto que afectó el servicio de practicaje y complicó el comercio exterior, causaron descontento en el Gobierno, lo que llevó a que se le bajara el perfil.
Referente a las exportaciones, mencionó que “a las exportaciones agrícolas le sumamos las exportaciones de petróleo, que son completamente estables a lo largo del año”. Aunque Argentina alcanzó un superávit energético inédito en 2025, atribuirlo únicamente a las políticas del actual presidente es una interpretación simplista. Este fenómeno es el resultado de políticas estatales a largo plazo, iniciadas con la estatización de YPF en 2012. El Gobierno, a través del RIGI, ofreció concesiones a empresas que no habían sido solicitadas, dificultando la acumulación de dólares por parte del Banco Central, ya que las empresas no tienen la obligación de liquidar las divisas.
Sturzenegger también ignoró que los sectores que experimentan un crecimiento considerable no son generadores de empleo masivo, a diferencia de aquellos que están en declive, como la industria, el comercio y la construcción, que contribuyen significativamente al mercado laboral. Reiteró su afirmación sobre que “2 millones de personas se van a mudar a Neuquén”, a lo que el gobernador de la provincia, Rolando Figueroa, respondió con ironía: “Por el amor de Dios, Federico, explicá que esa estimación es en los próximos 30 años”. También mencionó que “1 millón de personas se van a mudar a San Juan y Catamarca y otro millón a Jujuy y Salta”. Aunque es cierto que alrededor de la industria petrolera y minera se generan servicios y eventualmente algo de construcción, el Gobierno no está gestionando la infraestructura necesaria para tal fin.
El desarrollo de obras públicas está prácticamente parado. A pesar de los planes de privatización de rutas nacionales en curso que Sturzenegger elogió, hasta ahora las reparaciones han sido mínimas y las rutas se encuentran en condiciones lamentables.
En su discurso, agregó que “la baja del déficit hizo una gran redistribución del resto de la sociedad a los sectores más desfavorecidos”, refiriéndose al fenómeno que denominan “impuesto inflacionario”. Aunque la inflación impacta desproporcionadamente en los más pobres, calificarla como impuesto representa una tergiversación del lenguaje con el fin de promover un discurso pro libre mercado.
Previo a Sturzenegger, el viceministro de Economía, José Luis Daza, reafirmó que “el Gobierno logró superávit respetando todos los contratos”. Sin embargo, la reducción presupuestaria se ha dado principalmente a costa de recortes en obras públicas y el incumplimiento de leyes que estipulan un porcentaje del Impuesto al Combustible destinado a ese sector, además de no respetar la Ley de Financiamiento Universitario y la reducción de medicamentos para jubilados y salarios de empleados públicos, entre otras medidas.
En resumen, el Gobierno ha incumplido varios contratos para alcanzar el superávit, aunque no necesariamente aquellos a los cuales se refieren habitualmente. Entre ellos se encuentra el famoso “contrato electoral”, cuyo lema principal era “el ajuste lo va a pagar la Casta”.









