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Santiago Gómez Cora, entrenador de los Pumas 7s: “Busco al jugador que nadie ve”

31 julio, 2026
in Deportes
Santiago Gómez Cora, entrenador de los Pumas 7s: “Busco al jugador que nadie ve”
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El rugby y el café son dos tópicos que inevitablemente emergen en cualquier encuentro con Santiago Gómez Cora. El primero representa la esencia del deporte, mientras que el segundo establece el ambiente propicio para la conversación. Un descubrimiento fortuito de una buena cafetería de especialidad en Martínez, justo enfrente del hipódromo, permitió que un diálogo con uno de los entrenadores más reconocidos del rugby argentino se extendiera por alrededor de dos horas.

La ocasión era propicia para realizar un balance acerca de la actuación de los Pumas 7s en el Circuito Mundial 2025/26, un análisis que llega un poco tarde, luego de su etapa por la Rugby Premier League en India. Este punto de partida sirvió para explorar temáticas más complejas como el profundo recambio vivido por el equipo, la captación de nuevos jugadores, el valor que puede otorgar una derrota, y la salud del seven en el contexto global del rugby. “Me estoy preparando mentalmente para buscar nuevos rumbos”, anticipa el entrenador.

La conversación arranca desde el cierre del ciclo 2024/25, que determinó el rumbo de la reciente campaña. Luego de ganar en la etapa regular, siete jugadores abandonaron el plantel, un golpe que marcó una fisura en la estructura que Gómez Cora había cultivado con paciencia durante trece años. Mayormente compuesta por jugadores jóvenes e inexpertos, la selección enfrentó un año de reconstrucción, que él califica como “hostil”, una palabra que repite en varias ocasiones a lo largo del diálogo. A pesar de ello, el equipo logró pelear por el título. “Se escapó por un try”, comenta.

Mientras la charla toma un rumbo cronológico que se ve interrumpido en múltiples momentos, se inician las reflexiones sobre la finalización de la temporada anterior. La pregunta que surge es: ¿qué sucedió para que se marcharan siete jugadores al mismo tiempo, cuando lo habitual es que lo hagan uno o dos por temporada? “Después de los Juegos [de París], todos continuaron por el entusiasmo que se había generado en torno al equipo. Ganar un título y dominar una serie alimenta el ego competitivo y el espíritu. Después de conseguirlo, varios sintieron que era el momento de probar suerte en el rugby de 15”, explica. “Esta generación se formó soñando con jugar en los Pumas. Creo que llegará un momento en que habrá una generación que considerará que la mayor realización es jugar en los Pumas 7s, y eso será producto de la identidad construida por este equipo. Me emocionan los indicios, como escuchar a un niño de diez años aconsejando a otro: ‘Pateá de drop, porque en seven se patea de drop’, o cuando un neozelandés entra a nuestro vestuario para pedir una foto y una camiseta. Para algunos de los que se fueron, la sensación fue: ‘Ya gané, ya cumplí; ¿qué me queda?’ Y la respuesta fue los Pumas.”

–¿Cómo fue el proceso de scouting para un recambio tan amplio? ¿Detectás jugadores en el seven de la República o te fijas en el rugby de 15 y pensás quién podría adaptarse?

–Es la parte que más me apasiona. Seleccionar a quienes ya se destacan es muy loable, pero a mí me divierte encontrar al que nadie ha elegido. Por eso pasamos de lo cualitativo a lo cuantitativo: altura, capacidad de salto, potencia, velocidad, y uso del pie. Aquél que se asome es el que cualquier persona puede observar; yo busco al jugador que nadie vio. No creo en malos jugadores, sino en chicos que no han recibido una buena formación.

–¿De dónde reclutás a esos jugadores? ¿Cuál es el grupo del que pescás?

–Los 47 millones de argentinos son mi campo. Concretamente, son los 100.000 inscriptos en la UAR. Con métricas, realizamos cortes: altura, velocidad, aceleración. En los Juegos de la Juventud [de 2018] aprendimos mucho al rodearnos de otros deportes. El ENARD tenía medidos a 102.000 chicos de las generaciones 2000 y 2001. [Carlos] Getzelevich me explicó cómo lo hacía el vóley: altura, proyección de crecimiento, y el tamaño de los padres. A partir de esta enseñanza, con ellos, con Santi Lange, y otros deportes, cruzamos información física. Lo más importante son esos jugadores con habilidades de obtención y posesión, que son los más corpulentos pero que mantienen cierta movilidad. Así elaboras un algoritmo de qué tipo de jugadores deseas.

–¿Incorporaron jugadores de otras disciplinas?

–En varones, intentamos probar con atletas veloces, y no funcionó. El corredor de 100 metros sabe acelerarse, pero no desacelerar. El rugby seven es un mix entre atletismo y deporte; hay que frenar, dominar el tiempo y el espacio, y resolver una pelota que puede picar de manera inesperada. En el caso de las mujeres, sí hemos incorporado jugadoras de baloncesto, que poseen buen control del balón, y de handball, que es un deporte donde hay mucho contacto. También nos falta una estructura que nos permita reconvertir atletas mientras competimos. Debemos ir a Hong Kong para intentar sacar adelante un partido, y al mismo tiempo hacer scouting y desarrollo, y todo eso con una estructura muy limitada.

–¿El tamaño puede ser un factor limitante en una convocatoria?

–No es limitante, pero sí condiciona. Si no tienes la talla, para jugar a nivel internacional necesitas ser un diez en todo: diez en velocidad, diez en precisión de pase, diez en pateo, y diez en lectura del juego. Sin embargo, hay jugadores más pequeños que se destacaron. La altura ofrece menos margen de maniobra.

–Regresando al Circuito… al no haber nada en juego durante las primeras seis etapas, se tuvo la impresión de que priorizaste darles minutos a los nuevos. ¿Fue realmente así?

–Sí. Terminamos en antepenúltimo lugar. No me gusta perder, pero las derrotas brindan más información que las victorias. A veces, ganar oculta carencias; perder permite abrir un diálogo con el jugador: “Perdimos, ¿qué hay que corregir?”. Nos hacían falta minutos y complicidad en el juego. Los jugadores que estaban anteriormente llevaban seis años juntos, se conocían al instante; los nuevos apenas sabían dónde ubicarse y de repente jugaban contra Fiji con un ritmo de 180 pulsaciones. Bajamos a un plan básico y crecimos desde la conexión entre los nuevos y los experimentados. Hay aspectos que pueden anticiparse desde lo físico, técnico y táctico; otros deben vivirse.

–En las tres etapas finales, ya se notó un equipo consolidado, no solo buenas individualidades. ¿Sientes que el proceso se realizó adecuadamente?

–Sí. Contábamos con titulares que comenzaron a jugar este año. La primera vez nos llevó siete años… el bambú; luego cuatro, tres, dos. En este caso, lo logramos en uno. Lo complicado es saber manejar un partido, un torneo y una serie; tener la templanza necesaria para una final; viajar, cambiar de huso horario, y reaccionar a 180 o 190 pulsaciones. Las emociones están presentes y saber controlarlas se convierte en el diferencial. Ellos se adaptaron rápidamente y acortamos el proceso. Al inicio de la temporada, me preguntaban sobre el descenso, y terminamos a solo un try de ganar la serie. Eso me deja tranquilo porque tengo la mirada puesta en 2028. En otras ocasiones hemos ganado, ganado, ganado y hemos llegado mal a las finales; este año fuimos de menos a más.

–En el pasado, defendías la idea de buscar el triunfo desde el inicio para que los jugadores se acostumbraran a una mentalidad ganadora. ¿Qué ha cambiado? ¿Se puede decidir cuándo se debe alcanzar el pico?

–Este equipo ya sabe ganar. Lo que puedes manejar es la rotación del plantel. No alineo a un equipo completamente nuevo: necesitas que algunas funciones estén consolidadas para desarrollar a un chico. Quizás el partido no se dé, pero ese chico sumará minutos y estará preparado para una final. A veces, es necesario retroceder un paso para avanzar dos.

–Dijiste que perdieron el título por un try. ¿Crees que, si en Burdeos se clasificaban a cuartos de final, con Sudáfrica afuera, podrían haber ganado la serie?

–Sí, sin duda. Se presionaron con el tema de la clasificación. Esa tensión es muy hostil. Ver que Sudáfrica perdía y tener una oportunidad inmejorable nos afectó. Fue un aprendizaje sobre el manejo de las emociones.

En los dos años anteriores, los Pumas 7s habían ganado la etapa regular, pero en ambas ocasiones se encontraron con las manos vacías en la etapa decisiva (Madrid en 2024, Los Ángeles en 2025). Esta vez, el sistema cambió: tras seis certámenes de la temporada regular, la definición abarcó la suma de tres torneos: Hong Kong, Valladolid y Burdeos, donde Argentina recuperó el terreno y volvió a disputar el título. Para la campaña 2026/27, se confirmó que las sedes serán las mismas, y se anticipa que se mantendrá la misma configuración de la competencia.

“No me gusta que en las primeras seis etapas no se juegue por nada, pero considero positivo que la definición se realice en tres torneos y no solo en uno”, opina Gómez Cora. “Sin embargo, si me preguntas, prefiero que se cuente toda la temporada: sumar, sumar, sumar. Uno es el peor; tres es intermedio; yo prefiero que se considere toda la temporada. Lo que estuvo mal fue que los últimos dos torneos tuvieron fechas muy cercanas. Los que llegaron lejos en Valladolid quedaron eliminados antes en Burdeos, y no es casualidad. Para nosotros fue un torneazo y terminamos terceros, pero al día siguiente tuvimos que viajar nueve horas en colectivo.”

–¿Qué efectos tuvo esto en la afluencia de público a los estadios? En Valladolid y Burdeos parecía que no había mucha gente…

–En Burdeos, el viernes no había nadie porque era día laboral, pero el sábado, a pesar del intenso calor, había bastante público, y el domingo estuvo lleno. Para la afición, la lucha por el título y el descenso son temas de gran interés. Para el público internacional es fantástico. Para nosotros, no tanto: hay que medirse en todo momento y hay menos descanso. Nos tocó jugar el último partido de un día y el primero del siguiente. Entre el control anti-doping, la cena, el almuerzo y la preparación del warm-up a la mañana, solo tuvimos seis horas de descanso. Esto no lo sabe nadie. A veces, el espectáculo manda. Es comprensible, porque de ahí salen los fondos que sostienen todo, pero la competencia debería tener prioridad.

–¿Los demás países están dando cada vez más importancia al rugby seven?

–Sí. Nueva Zelanda cuenta con un programa impresionante y viajan en business; Francia lleva nutricionistas, varios médicos, y un gran equipo de soporte; España mantuvo a sus jugadores en Málaga durante tres meses. Todos están mejorando su infraestructura y los resultados se reflejan. Además, se comienza a entender que el rugby seven desarrolla jugadores para el rugby de 15. Hay notables ejemplos: Leroy Carter en Nueva Zelanda, Aaron Grandidier-Nkanang en Francia y Darcy Graham en Escocia. Me emocionó que un entrenador de Japón, que estaba jugando unos amistosos, me dijera: “Eddie Jones me envió aquí porque quería copiar el programa de ustedes que ha desarrollado jugadores para el rugby de 15”. Para mí fue un reconocimiento enorme, me emocionó mucho. O cuando [Fabien] Galthié menciona a Pumas 7s en una entrevista con Juan Hernández. Conoce a Moneta, nombra a todos.

–¿Cómo percibes el mundo del seven fuera del Circuito? ¿Crees que las nuevas competencias de franquicias pueden cambiar el modelo?

–Sin duda, va a cambiar por la cuestión del presupuesto. El rugby seven nació para desarrollar el deporte en lugares donde no era popular; luego se volvió competitivo, y ahora todos invirtieron y existen estructuras profesionales difíciles de mantener. Las franquicias pueden ser una salida: una parte del año los jugadores están con la selección, y otra con franquicias. La unión podría suspender algún contrato durante meses, y el jugador sigue compitiendo sin irse de inmediato al rugby de 15 en busca de mejores ingresos. Puede ser beneficioso para ambos lados.

–Recientemente estuviste en un certamen en India. ¿Cómo fue esa experiencia?

–Fue espectacular: un All-Star con los mejores. No los ligas a un sistema, porque eso limita su creatividad; los juntas y les das la cancha. Tenías al fijiano lanzando la pelota y al argentino, más práctico. Culturas y estilos de juego diferentes, cada uno con su impronta. Jugabas un partido por día y cuatro tiempos de cuatro minutos. Para un entrenador es increíble, ya que puedes hacer tres ajustes. En el formato habitual, el partido es un solo tiro: si el adversario presenta algo novedoso, no llegas a corregir.

–¿Fuiste como técnico de algún equipo?

–No, fui a supervisar la organización, darle valor al torneo, y ofrecer retroalimentación sobre cómo podían competir, sobre los tiempos y los descansos.

–¿Cuántas franquicias de este tipo existen en la actualidad?

–En la actualidad hay el Supersevens de Francia; la Premier Rugby Sevens [PR7] en Estados Unidos; el Ultimate Rugby Sevens, que se jugará en septiembre por toda Europa con un formato de knock-out, y el de India.

–¿Estas competencias desgastan a los jugadores o interfieren con la pretemporada del seleccionado?

–Lo ideal sería tenerlos entrenando aquí y cuidarlos, pero no puedes prohibirles que busquen sus recursos. Tampoco es bueno que pasen seis meses sin jugar. El Ultimate interrumpe la pretemporada. Hay dos jugadores que están confirmados y otros que han decidido no participar. Nunca obligamos ni prohibimos: es decisión de cada uno. Prefiero que jueguen y agarren ritmo, a que lleguen a Dubái con seis meses sin rugby de este nivel.

–¿Cómo se presenta la próxima temporada? ¿Habrá más recambio?

–Necesitamos más jugadores. Contamos con grupos de ocho atletas. Los llamamos ocho, ocho y ocho. Poseemos ocho jugadores núcleo que están en un gran nivel; ocho de desarrollo a corto plazo, que tienen buen potencial, como algún Pumita que haya salido recientemente, y otros ocho más aleatorios, que hemos descubierto en algún lugar o llegaron mediante métricas. Hoy nos falta el grupo intermedio. De los últimos, de 20, solo queda uno, porque muchas veces la métrica no se traduce al juego. Por otro lado, de los intermedios es más probable que pasen cinco o seis. Aquí realmente estamos en déficit.

–¿Se va alguno de los jugadores que formaron parte del equipo esta temporada?

–De los que hayan entrado en cancha este año, todos siguen. De la estructura más amplia, varios se irán, pero no porque los apartemos, sino porque van encontrando otros lugares. El núcleo de aquellos que jugaron permanece intacto.

–En medio del recambio, contaste con dos jugadores de primer nivel mundial como Marcos Moneta y Luciano González. ¿Cuánto acelera esto el crecimiento de los nuevos?

–Significativamente. Armar un equipo competitivo, es decir, estar entre los primeros cuatro, nos llevó siete años. Esta vez, el staff logró reducir la brecha gracias a Lucho, Moneta y Alva [Santiago Álvarez]: marcan un defensor, hacen una descarga y el nuevo puede recibir en buenas condiciones. Un ensayo aislado es injusto; dos knock-ons y quedaste afuera, y todo puede ser porque el pase te llegó a los pies. Con esos jugadores alrededor, el chico tiene la oportunidad de mostrar su talento. Por eso rotamos por funciones: uno en obtención, otro en definición; si extraes dos seguidos, se corta la dinámica.

La nueva temporada, que comenzará en noviembre, será la primera fase clasificatoria para los Juegos de Los Ángeles 2028, el objetivo central de este ciclo. Para ello, deben finalizar en los primeros cuatro puestos. De no ser así, se enfrentarán a un Sudamericano y, en última instancia, a un repechaje mundial.

“Ya estamos en modo Juegos de Los Ángeles 2028”, admite. “Este es el año más trascendental del ciclo, porque si no lo haces bien, no te invitan al evento. Primero necesitas ganarte la entrada. El nivel es un factor que te lleva a clasificar, y la clasificación, a competir. Por eso estamos apurando a los nuevos y buscando más jugadores del grupo intermedio. Necesitamos que presionen al núcleo para mantener una buena competencia interna, ya que este año, sí o sí, necesitamos resultados.”

–Con este sistema en el que todo se define en las últimas tres etapas, ¿te planteas dosificar esfuerzos en las primeras seis donde no hay nada en juego?

–Sí. Vamos a descansar, rotar y darle minutos a los que vienen atrás. Descansar no significa vacaciones. Los partidos muchas veces se definen en los últimos dos minutos y por el que se encuentra en cancha. Hay que dejar de tener suplentes: quien ingresa debe mejorar, no solo aguantar. Con siete jugadores puedes tener buenas rachas, pero para objetivos grandes necesitas 12 competitivos.

–En alguna ocasión mencionaste que los Juegos de 2028 serían tu última competencia como entrenador de Pumas 7s. ¿Mantienes esa visión?

–Sí, definitivamente. En 2028 concluiré como entrenador de campo. Seguiré vinculado al rugby seven de por vida, pero siento que el equipo necesita renovarse y considero que he cumplido un ciclo. También he enfrentado desafíos significativos en estos veintipico de años de estrés que genera la competencia, los viajes, las largas trayectorias en clase económica: lesiones, problemas de espalda, operaciones, y quirófano casi anualmente… Por eso estoy preparando a nuevos entrenadores y mentalizándome para buscar nuevos horizontes.

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