En la última evaluación, Argentina obtuvo un puntaje de 68,1 en libertad y 76,6 en prosperidad. Estos resultados indican un leve descenso en el índice de libertad, que bajó de 68,4 a 68,1, mientras que el índice de prosperidad mostró un ligero incremento, pasando de 76,2 a 76,6. Según el Atlantic Council, Argentina permanece en el grupo de países con “libertad y prosperidad moderadas”, una posición que, si bien es comparable o incluso superior a la de la mayoría en la región, resalta un rezago frente a las economías más avanzadas a nivel global.
El acceso a la educación superior se destaca como uno de los pilares clave que el informe considera para medir la prosperidad. Esta área se identifica como una de las fortalezas del país. Además, se subrayan el reconocimiento de derechos civiles y el acceso a servicios básicos como aspectos positivos en la estructura institucional, que contribuyen a mantener su posición en los índices tratados.
En el ranking global de libertad, Dinamarca lidera con 91,9 puntos, seguida de Luxemburgo (91,5) y Suecia (91,3). En el contexto regional, Chile destaca con la mejor ubicación en libertad, ocupando el puesto 28 con 83,1 puntos, seguido por Uruguay en el puesto 35 con 80,3. Brasil y Paraguay se sitúan en el puesto 54 (73,3 puntos) y 79 (66,1 puntos) respectivamente.
En términos de prosperidad, Luxemburgo también lidera a nivel mundial con 93,7 puntos, seguido por Suiza (92,8) y Noruega (92,6). En la región, Uruguay alcanza el mejor lugar sudamericano en el puesto 40 (79 puntos), mientras que Chile ocupa el 49 (75,1 puntos). Brasil se encuentra en el puesto 69 (69,5 puntos) y Paraguay cierra la lista de los destacados en el puesto 97 (62,7 puntos). La posición de Argentina, que se encuentra por encima de países como Colombia, Perú y México, pero detrás de Chile y Uruguay, sugiere un rendimiento superior a la media latinoamericana, aunque aún hay un considerable margen para mejoras.
El informe segmenta la libertad en el país en tres pilares: instituciones políticas, legales y económicas. Según la evaluación, la “arquitectura institucional argentina presenta fortalezas notorias en derechos civiles y acceso a servicios, pero revela debilidades persistentes en independencia judicial y previsibilidad normativa”. Esta disparidad sitúa al país en la categoría de sistemas asimétricos-moderados, lo cual limita su capacidad para traducir las mejoras en instituciones en un avance significativo en los índices de libertad y prosperidad.









