Esta diferencia es crucial para un país que intensifica su dependencia de Vaca Muerta, que actualmente representa el 67 por ciento de la producción de petróleo y el 60 por ciento de la de gas en Argentina, con cifras que alcanzan los 900.000 barriles diarios y 160 millones de metros cúbicos de gas al día, respectivamente. Un informe técnico que circuló entre las empresas y llegó al secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, destacó cuatro factores estructurales que explican esta variación en costos: escala y competencia, logística, carga impositiva y mano de obra.
Este análisis se presenta en un contexto delicado para el sector. Actualmente, el precio del barril se sitúa en torno a los 70 dólares, considerablemente lejos del máximo de 118 dólares que alcanzó tras el inicio de la guerra en Medio Oriente. Las proyecciones para los próximos años sugieren precios más cercanos a 60 dólares, lo que implica que la rentabilidad de cada pozo dependerá en mayor medida de la capacidad de la industria para reducir costos.
El aspecto de la escala es el más complejo de abordar a corto plazo. Estados Unidos produce 13,5 millones de barriles diarios, de los cuales cerca de 9 millones provienen de cuencas no convencionales. En comparación, el mercado argentino, mucho más restringido, demanda la importación de gran parte de los equipos y productos químicos, mientras que los proveedores locales operan en un entorno de menor competencia, lo que eleva los precios.
La cuestión se ejemplifica claramente con la arena, un insumo esencial para la producción no convencional. La técnica implica la fracturación de la roca mediante la inyección de agua a alta presión, acompañada de arena, que mantiene abiertas las fisuras por donde fluyen petróleo y gas. Un pozo requiere aproximadamente 15.000 toneladas de arena, equivalente a unos 375 camiones. En total, la industria consume más de 5,5 millones de toneladas al año, en gran parte extraídas de Entre Ríos, a 1200 kilómetros de los yacimientos en Neuquén.
Este trayecto se realiza principalmente en camión, ya que Vaca Muerta carece de la infraestructura ferroviaria presente en el Permian. Como resultado, el costo de una tonelada de arena para el pozo varía entre 120 y 140 dólares, en comparación con apenas 30 o 40 dólares en Estados Unidos. Cada flete asciende a aproximadamente 2304 dólares, un monto equiparable al costo de un envío marítimo entre China y Buenos Aires, lo que equivale a 4,8 centavos de dólar por tonelada y por kilómetro, según cálculos de un experto en logística. Si se consideran los daños a la infraestructura vial y los accidentes no contabilizados en ese costo directo, la cifra real podría alcanzar los 8,85 centavos.
En el sector se estima que una opción ferroviaria podría reducir este costo a 3,9 centavos por tonelada y kilómetro, o hasta 4,5 centavos con una inversión importante en infraestructura. Además, existe la posibilidad de una barcaza que conecte Entre Ríos con Bahía Blanca. Sin embargo, por el momento, la gestión de esta cadena logística continúa en manos de los transportistas.
A los problemas logísticos se suma una elevada carga tributaria. En Estados Unidos, todos los equipos de petróleo y gas están exentos de impuestos, mientras que en Argentina solo las plataformas de perforación disfrutan de este beneficio. El resto enfrenta un impuesto del 14 por ciento, además de tributos sobre ventas que oscilan entre el 1,2 por ciento y el 3 por ciento sobre costos operativos, sumando cargas adicionales por el gasoil industrial. El Gobierno ha ampliado el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para incluir perforaciones y producción de petróleo y gas, parcialmente para aliviar esta presión tributaria.
Otro factor en la ecuación es la mano de obra. Los equipos en Vaca Muerta requieren entre un 5 por ciento y un 50 por ciento más de personal que sus contrapartes en el Permian, debido a convenios laborales con turnos más largos y estándares locales que demandan más empleados para las mismas tareas. Esto se agrava aún más con los costos asociados al alojamiento y transporte en las remotas locaciones de la Patagonia.
La limitación de la competencia entre las compañías de servicios también agrava la situación. “Cuatro o cinco empresas concentran el 80 por ciento del mercado de servicios, comparado con 24 en el Permian”, comentó un representante de una empresa del sector en un evento del ámbito energético. Esta escasez de oferta, explicó, contribuye a que los precios no disminuyan.
A pesar de la diferencia de costos, el interés internacional por Vaca Muerta se mantiene. Continental Resources, la petrolera creada por el estadounidense Harold Hamm, reconocido por su papel en el desarrollo no convencional, se asoció recientemente con una empresa local en cuatro bloques de Vaca Muerta, tras adquirir activos de otra compañía.
Desde su llegada, otros representantes de petroleras independientes estadounidenses han visitado Argentina para explorar oportunidades de inversión. Para sostener este interés y alcanzar la meta de 1,5 millones de barriles diarios para 2030, se estima que la inversión anual en Vaca Muerta debe aumentar de los actuales entre 8000 y 10.000 millones de dólares a un rango entre 20.000 y 25.000 millones de dólares. Esto se debe a que los yacimientos no convencionales declinan entre un 45 por ciento y un 60 por ciento anualmente, lo que exige perforaciones constantes solo para mantener la producción. “La roca es competitiva. Sin embargo, se necesitan más taladros, más infraestructura y más empresas de servicio. Más competencia para reducir los precios”, concluyó un referente de la industria.









