Durante el mes dedicado a la concientización sobre la escoliosis, los profesionales de la salud coinciden en que la identificación temprana es fundamental para evitar que la deformación progrese y requiera tratamientos más invasivos. Sin embargo, persisten numerosos mitos y confusiones en torno a esta afección.
Una idea comúnmente extendida es que la escoliosis se origina por malas posturas, el uso excesivo del teléfono móvil o por cargar la mochila de un solo lado. No obstante, los especialistas afirman que esta percepción es errónea. “Esos hábitos pueden provocar dolor o una mala postura, pero no alteran estructuralmente la columna”, aclara Miguel Puigdevall, jefe del Sector de Escoliosis y Ortopedia Infantil en un hospital de Buenos Aires.
El profesional indica que la forma más común de esta afección es la escoliosis idiopática, cuya causa exacta aún se desconoce, aunque se presume que diversos factores, incluyendo la predisposición genética, alteraciones en el crecimiento óseo, y aspectos biomecánicos y neuromusculares, influyen en su aparición.
Andrés Ferrero, médico traumatólogo especializado en problemas de columna en un hospital universitario, subraya que es crucial entender esta realidad, ya que muchas familias suelen perder tiempo en la búsqueda de causas incorrectas mientras la deformidad sigue avanzando.
A diferencia de otras patologías, la escoliosis difícilmente presenta numerosos signos de alerta. Por ello, el monitoreo constante de padres, docentes y entrenadores puede ser determinante. Puigdevall señala que las principales indicaciones se manifiestan a través de asimetrías corporales: “Un hombro más alto que otro, un omóplato más saliente, una cadera más elevada o una costilla que sobresale más de un lado”.
Ferrero agrega que también pueden notarse desalineaciones en la pelvis, pliegues irregulares en la espalda o alteraciones en el equilibrio de la columna. Dado que el dolor generalmente no está presente en las etapas iniciales, los especialistas recomiendan consultar ante cualquiera de estas variaciones. La confirmación del diagnóstico se realiza mediante una evaluación médica y estudios por imágenes, como el espinograma, una radiografía que permite examinar toda la columna.
La adolescencia es un período crítico para el seguimiento de la escoliosis. Nicolás Massun, médico traumatólogo de un centro médico especial en columna, explica que la enfermedad suele manifestarse entre los 10 y 18 años, coincidiendo con los picos de crecimiento.
“En las chicas, el período más crítico se presenta entre los 10 y 14 años, mientras que en los varones es entre los 12 y 16”, detalla. Esto se debe a que las curvas pueden progresar con el continuo crecimiento de la columna. “Una curva pequeña puede permanecer estable durante años, y durante el estirón puberal, aumentar varios grados en pocos meses”, comenta.
Por esta razón, al diagnosticar una escoliosis, los médicos no solo evalúan el grado de la curva, sino también el potencial de crecimiento que le queda al adolescente. Dos pacientes con características similares pueden tener riesgos de progresión muy diferentes, dependiendo de su desarrollo esquelético.
Otro mito común es que un diagnóstico automático implica tratamientos invasivos. Según Ferrero, cuando la desviación es leve, es posible que solo se requiera un monitoreo periódico durante la etapa de crecimiento. Si la curva avanza y alcanza un grado moderado, podría ser necesario el uso de un corset para intentar frenar su evolución. La cirugía se reserva, en cambio, para los casos más severos.
Puigdevall concuerda en que el tratamiento varía según múltiples factores, como la edad, el crecimiento pendiente y la magnitud de la curvatura. “Numerosos adolescentes con desviaciones leves solo necesitan controles regulares para seguir su evolución”, afirma. Además, resalta que cuando el diagnóstico se realiza en etapas tempranas, el corset tiene muchas más posibilidades de ser eficaz. En contraste, los diagnósticos tardíos suelen encontrar curvas más amplias y rígidas, aumentando la probabilidad de requerir una cirugía correctiva.
Generalmente, las escoliosis leves no ocasionan problemas significativos a largo plazo. Sin embargo, algunas curvaturas pueden progresar y afectar la calidad de vida en la edad adulta. Massun explica que los casos más avanzados pueden asociarse con dolor lumbar o dorsal crónico, fatiga muscular, desequilibrios en el tronco y desgaste prematuro de discos y articulaciones. En situaciones severas, también pueden presentarse alteraciones respiratorias debido a la deformación de la caja torácica.
“Es crucial transmitir que tener escoliosis no implica necesariamente enfrentar problemas graves en el futuro –acentúa–. Pero un seguimiento adecuado durante la infancia y adolescencia permite identificar a quienes tienen mayor riesgo de progresión”.
La escoliosis no solo afecta la columna, sino que también puede influir en la autoestima y la percepción de la imagen corporal, especialmente durante la adolescencia. Massun menciona que muchos pacientes experimentan vergüenza, inseguridad o ansiedad frente a los controles médicos y tratamientos. Las indicaciones de usar un corset pueden intensificar esas emociones.
“Siempre comento a los padres que el objetivo no es únicamente corregir una curva, sino cuidar a un individuo que atraviesa un momento delicado de su desarrollo físico y emocional”, señala.
Al mismo tiempo, los especialistas destacan la relevancia de mantener un estilo de vida activo. Ferrero sostiene que la actividad física promueve un desarrollo saludable, mejora la fuerza muscular, la flexibilidad, y ayuda a prevenir problemas posturales y el sobrepeso. “El deporte es una herramienta esencial para el crecimiento y el desarrollo sano de niños y adolescentes”, asegura. Aunque el ejercicio no corrige por sí solo la curvatura estructural de la columna, Puigdevall aclara que la mayoría de los jóvenes con escoliosis pueden practicar deportes con normalidad y beneficiarse, tanto física como emocionalmente, al mantenerse activos.









