El deterioro se explica principalmente por el comportamiento del mercado interno. Un 49,7 por ciento de las empresas reportó una disminución en sus ventas, mientras que solo el 16,2 por ciento logró incrementarlas. En términos de producción, un 42,9 por ciento evidenció una reducción, frente a un 20,9 por ciento que experimentó una mejora. La diferencia entre las empresas que aumentaron y las que disminuyeron su producción se sitúa en 22 puntos porcentuales negativos.
Por otro lado, las exportaciones actuaron como un amortiguador parcial ante esta crisis: el 27,7 por ciento de las empresas reportó una caída en sus ventas externas y un 14,6 por ciento logró aumentarlas. Aunque el resultado fue menos adverso que en relevamientos anteriores, no fue suficiente para compensar la caída en la demanda interna. De hecho, el 48,6 por ciento de las empresas identificó la disminución de la demanda interna como su principal desafío.
La situación para las pequeñas empresas es aún más compleja. Entre las micro y pequeñas firmas, el 47,8 por ciento disminuyó su producción y el 54,8 por ciento reportó una caída en sus ventas, cifras que superan con creces a las de las empresas medianas y grandes.
Este retroceso también empieza a impactar de forma más intensa en la salud financiera de las empresas. El 47,6 por ciento de ellas admitió tener dificultades para cumplir íntegramente con al menos uno de sus pagos habituales, que incluyen salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos e impuestos. Más preocupante es que el 9,2 por ciento tuvo problemas para cumplir con todos esos compromisos simultáneamente, dato que representa el porcentaje más alto registrado en toda la serie y más del doble del promedio histórico del 4 por ciento.
Los mayores problemas se presentaron en el pago de impuestos, afectando al 34,6 por ciento de las firmas, y en los pagos a proveedores, que impactaron al 33,3 por ciento. Ante esta situación, el 56,2 por ciento de las empresas afectadas se vio forzada a recurrir a financiamiento de corto plazo o a aumentar su endeudamiento, mientras que el 53,2 por ciento soportó un incremento en intereses y costos financieros.
Este panorama ya influye en las decisiones relacionadas con la inversión y el empleo. La utilización promedio de la capacidad instalada se encuentra apenas en un 53,6 por ciento, y un 64,4 por ciento de las empresas expresó estar operando por debajo de su nivel óptimo. De estas, ocho de cada diez no prevén alcanzar ese nivel en el transcurso de los próximos doce meses.
Las expectativas no sugieren un regreso rápido a la normalidad. Un 65 por ciento de los industriales considera que la situación del país es peor que el año pasado. Además, el 58,4 por ciento indicó que la condición de su propia empresa ha empeorado y el 71,2 por ciento notó un deterioro en su sector específico.









