Los datos sobre la evolución de la mora temprana varían según el tipo de institución crediticia. Los bancos tradicionales, con un desempeño que se asemeja al promedio del sistema, registraron una caída del 6,3% al 4,3%. Por el contrario, el sector de financieras, empresas emisoras de tarjetas y billeteras observó un máximo más elevado del 8,2% en diciembre, bajando a un 5,3% en julio, de acuerdo con un informe de la Cámara Argentina Fintech.
Un aspecto relevante de la reducción en la mora temprana es que esta tendencia no excluye la posibilidad de que el porcentaje total de morosidad haya crecido en el mismo lapso. El informe señala que el indicador tradicional de morosidad “no cuenta toda la película” y puede llevar a conclusiones erróneas por tres razones. Primero, una cartera en expansión puede incluir nuevos préstamos, diluyendo así el porcentaje de atrasos; si el crédito se contrae, como ha sucedido, este efecto se ve debilitado. En segundo lugar, la categoría “situación 5” incluye deudas con más de un año de atraso y sin un límite de antigüedad, lo que puede resultar en saldos muy variables. Finalmente, cada entidad financiera tiene la facultad de vender o dar de baja esos créditos en sus registros, afectando el indicador sin que los deudores regularicen su situación.
La incidencia de la categoría 5 —que incluye créditos con atrasos mayores a un año— altera de forma desigual la medición de la mora según el tipo de entidad. En los bancos, la tasa se incrementa de 10,8% al no considerar esos saldos, a un 12,8% al incluirlos; en las fintech, sube de 17,4% a 24,4%; y en otros proveedores no bancarios, el salto es significativo, de 26,7% a 47,2%. El informe aclara que “la situación 5 tiene un peso distinto en cada cartera”, indicando que los bancos concentran $1,5 billones en esos saldos, en contraste con $0,9 billones en fintech y otros proveedores.
Un representante del sector ilustra este fenómeno con una analogía: “Los datos indican que el flujo que llena el ‘balde de la mora’ ha ido disminuyendo, pero eso no significa que el agua acumulada desaparezca de inmediato”.
Esto implica que será necesario esperar a que se implementen los planes de refinanciación de los bancos, especialmente de aquellos estatales. A las iniciativas del Nación y el Provincia, se sumó recientemente el anuncio del Ciudad sobre una reducción de tasas para aquellos que buscan regularizar su situación.
El ingreso de un deudor a uno de estos planes no significa automáticamente su exclusión de las estadísticas de mora. De acuerdo con las regulaciones del BCRA, se requiere cumplir con una serie de pagos para mejorar su clasificación: un deudor en situación 4 debe mantenerse al día durante al menos cinco meses, mientras que aquellos en situación 5 necesitan un mínimo de ocho meses.
Un análisis adicional realizado por la Universidad Austral revisó la mora operativa, es decir, aquella que no incluye a los deudores en categoría 5: “En julio, la mora total por monto fue del 18% del crédito, con un leve aumento de 0,5 puntos porcentuales respecto a junio y un incremento de 10,3 puntos en relación al año anterior, marcando así 21 meses de aumento continuo. Sin embargo, al examinar la mora operativa, se observa un indicio de moderación. Este indicador se situó en 11,8% de la cartera, comenzando a mostrar cierta estabilidad”.
La mora operativa permite, según el informe, evitar los diferentes criterios de las entidades financieras en el tratamiento de créditos en situación 5, ofreciendo una lectura complementaria sobre la evolución de la calidad de la cartera.
El estudio de la Cámara Argentina Fintech también revela que la mora presenta diferentes distribuciones según se analice el volumen monetario o la cantidad de personas afectadas. Los bancos concentran un 63,3% del monto total en mora, las fintech representan un 16,3% y los demás proveedores el 20,4%, lo que es coherente con su predominio en el stock total de crédito, donde los bancos reúnen el 81,1% de la cartera. En términos de deudores, 5,9 millones de personas tenían atrasos superiores a 90 días en julio de 2026: 2,5 millones estaban en bancos, 2,6 millones en fintech y otros 2,6 millones en proveedores no financieros. Estas cifras no se suman, ya que un mismo individuo puede tener deudas con distintos tipos de prestamistas.
Ante el contexto de atrasos y la postura del gobierno de señalar que la mora “es un problema entre privados”, la Cámara propone intervenir a tiempo para evitar que la deuda se agrave. El esquema planteado busca identificar señales tempranas de dificultades, contactar a las personas y ofrecer opciones de refinanciación ajustadas a cada situación. El objetivo es regularizar los casos y prevenir que los compromisos pendientes se conviertan en una “bola de nieve”. “Nadie gana cuando una persona no puede pagar”, concluye el informe.
El documento también destaca la importancia del acceso a crédito formal para evitar financiarse a través de circuitos sin supervisión. Recuerda que los préstamos formales proporcionan contratos, registros, canales de reclamo y la creación de un historial crediticio, mientras que el crédito informal carece de estas salvaguardias y a menudo utiliza prácticas de cobro ilegales. En este sentido, señala que, si se restringe la oferta formal a personas con mayor riesgo, “no desaparece la necesidad de crédito: cambia el lugar donde la persona buscará financiamiento.”









