“Por supuesto que recé, pensaba en los aficionados, e incluso durante la tanda de penales estaba rezando y pedía: ‘Dios deja que el pueblo egipcio esté feliz, no lo decepciones’”, relató Hassan tras la histórica victoria. Con 59 años, no ocultó la emoción de la clasificación: “Esta victoria es para el pueblo egipcio. Al final todos llorábamos. Ha sido muy difícil y queríamos hacer felices a nuestra gente”. Su celebración fue notable al aparecer con una bandera palestina y extender su felicitación al mundo árabe y a África: “Enhorabuena a Egipto, al mundo árabe y a África”. La escena rápidamente se difundió en Estados Unidos, reforzando su perfil como un técnico que raramente pasa desapercibido.
La figura de Hassan es crucial para Egipto. Como delantero, fue capitán y goleador histórico de “Los Faraones”. Su carrera abarcó 21 años con la selección, tiempo en el que, según la Federación egipcia, marcó 69 goles, uno más que Mohamed Salah, quien está cerca de igualarlo. A pesar de la posibilidad de que Salah lo alcance, Hassan expresó su deseo: “Mohamed Salah ha batido numerosos récords y es, sin duda, uno de los mejores jugadores del mundo. Espero que marque más goles que yo”. La relación entre ambos representa diferentes eras del fútbol egipcio; Salah como la estrella contemporánea y Hassan como el símbolo de una época pasada, aquel que anotó el gol decisivo ante Argelia que clasificó a Egipto a un Mundial tras 56 años.
El ‘Rey Hassan’ cimentó su mito en Al Ahly, donde debutó en 1984, y tuvo una carrera que se extendió hasta los 42 años en Ittihad Alex. Ganó 39 títulos, entre ellos tres Copas Africanas de Naciones con Egipto, y fue capitán del seleccionado a los 40. Aunque tuvo un breve paso por Europa, su regreso a Egipto fue una decisión que luego lamentó: “Debería haber continuado mi carrera en Europa; me habría dado mayor fama internacional”. Su vida futbolística ha estado marcada por la intensidad y la controversia. En su rol de entrenador, enfrentó situaciones complejas, incluyendo expulsiones y despidos debido a su forma de ser. En 2011, respaldó al entonces presidente Hosni Mubarak durante la revolución, lo que le valió el rechazo de muchos en su país.
Recientemente, enfrentó una nueva controversia cuando se filtró un video en el que discutía con un policía en Dallas, aunque el episodio terminó sin mayores consecuencias. Su hermano gemelo, Ibrahim Hassan, también parte del cuerpo técnico, lo acompaña desde hace años, lo que añade una dimensión familiar a su competitivo enfoque. Salah, al referirse a los entrenamientos, comentó que Hassan sigue implacable: “Nos da una paliza entre las dos partes de los partidos… No ha cambiado nada en la concentración en comparación con las anteriores”.
La clasificación a los octavos fue celebrada por el plantel de rodillas, lo que incluyó una prosternación de agradecimiento. Egipto ahora se prepara para su encuentro con Argentina, programado para este martes a las 13 en Atlanta. Hassan, quien ha sido el primero en jugar y dirigir a Egipto en un Mundial, busca dejar su huella nuevamente. Al hablar del partido, mantuvo un tono de confianza: “Conocemos y respetamos al rival; daremos el máximo y aprovecharemos nuestras chances. Analizaremos al equipo con o sin Messi. Tenemos ambición y jugadores leales”. La selección argentina se enfrentará a un equipo que ya hizo historia, y un entrenador que vive cada choque como una causa nacional. Para Hossam Hassan, el triunfo es más que un simple partido; representa la lucha y el orgullo de toda una nación.









