El escenario macroeconómico argentino ha experimentado un giro inesperado. Mientras que a comienzos de julio el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyectaba una expansión desestacionalizada del 0,6% para el segundo trimestre de 2026, la realidad de los indicadores ha forzado una revisión a la baja. Según proyecciones de cinco firmas consultoras privadas, el Producto Bruto Interno (PBI) habría registrado, en cambio, un retroceso de entre el 0,5% y el 1% respecto al primer trimestre del año, marcando una clara divergencia entre las expectativas previas y el desempeño real de la actividad.
Las estimaciones del mercado reflejan un consenso sobre la contracción, aunque con distintos matices de severidad. Invecq, respaldada por el economista Santiago Bulat, proyecta una caída trimestral del 0,6%. En una línea similar, la consultora EcoGo estima una contracción del 0,6% desestacionalizado y una baja interanual del 0,8%. En el extremo más pesimista se sitúa Fernando Marull (FMyA), quien prevé una baja del 1%, argumentando que la actividad se vio resentida principalmente por el deterioro en sectores clave que dinamizan la economía como la industria, la construcción y la actividad comercial. Por el contrario, Salvador Vitelli (Romano Group) aporta la visión más optimista con un descenso de apenas el 0,5%, destacando que, pese a la caída trimestral, se mantendría un incremento interanual del 1,5%.
El fenómeno del estancamiento y la dualidad sectorial
Para Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra, el PBI habría experimentado un descenso del 0,8% desestacionalizado, lo que devolvería a la actividad a niveles similares a los de 2025. El economista advierte que la economía presenta una dinámica dual: mientras que el agro, la minería y la energía muestran vitalidad, el resto de los rubros carece de dinamismo. “Están estancados o cayendo; no hay un crecimiento generalizado”, sostiene. Este diagnóstico se agrava al observar que la expansión del primer semestre (apenas superior al 1,5%) queda lejos del 3% anual que se esperaba inicialmente.
Esta falta de reactivación impacta directamente en el mercado laboral. Sigaut Gravina remarca que el empleo privado formal de calidad se sigue destruyendo “por goteo”. En su lugar, se generan puestos bajo la modalidad de monotributo o informalidad, los cuales perciben ingresos significativamente menores. La demanda interna frenada y el golpe que sufren los sectores transables dependientes del tipo de cambio, como la construcción, completan un cuadro de difícil resolución en el corto plazo.
Exportaciones vs. Consumo e Inversión
Desde la óptica de la demanda, el sostenimiento de la economía recae casi exclusivamente en el sector externo. Honorio Zabaleta, de EcoGo, destaca que las exportaciones “están volando” con un crecimiento del 19,6% interanual. Sin embargo, este impulso apenas logra amortiguar la severa caída del consumo y de la inversión. Mientras que el sector de bienes logró un crecimiento en torno al 3,2% interanual, el desempeño ha sido marcadamente negativo para los servicios y los ingresos fiscales por impuestos a los productos.
Finalmente, la foto de la economía se completa con un escenario laboral estancado. Los participantes del REM estiman que la tasa de desocupación para el segundo trimestre se ubicaría en un 7,7%, lo que representa una leve suba de 0,1 punto porcentual respecto a la medición anterior. De confirmarse estas cifras el próximo 17 de septiembre por el Indec, la economía argentina habrá ratificado un periodo de contracción que desafía las metas de crecimiento para el cierre del año.









