Los ladridos excesivos, los tirones de correa y la reactividad ante diversas situaciones suelen considerarse problemas de conducta o falta de obediencia. Sin embargo, Alberto Delobos, director de Tierra Delobos, sostiene que gran parte de estos comportamientos responde a un estado de sobreexcitación que impide a muchos perros regular sus reacciones. “El perro no está eligiendo comportarse mal, está reaccionando desde un estado que no puede regular”, enfatiza el especialista. Con 44 años y originario de Albacete, España, Delobos se adentró en el mundo canino casi por casualidad, sin formación académica ni experiencia previa. Su camino comenzó al adoptar un kelpie australiano que presentaba un nivel elevado de reactividad; el perro atacaba a otros cachorros, gatos y personas, y se asustaba con facilidad. Esta situación lo llevó a replantearse y buscar respuestas desde nuevos enfoques. “No tenía formación ni estudios en el campo. Solo adopté un perro como lo hace mucha gente, impulsado por ilusión y empatía”, recuerda. La realidad con su mascota chocó con sus expectativas iniciales, obligándolo a repensar su perspectiva sobre el comportamiento animal. “Era un animal completamente desbordado. Frente a eso, se desmoronó todo el relato que había construido”, explica. En lugar de rendirse, comenzó a investigar diversas metodologías, y descubrió que muchas respuestas tradicionales no encajaban con lo que observaba. Así, decidió cambiar su enfoque: “Dejé de intentar corregir constantemente y empecé a observar”, dice. Centrado en los movimientos del perro y en las situaciones que provocaban sus reacciones, fundó Tierra Delobos, un centro de investigación en neuroetología canina y bienestar. Este proyecto, ubicado en la Ribera del Júcar y comenzado en 2020 con solo 15 o 20 canes, alberga actualmente a más de 60 animales en semilibertad, en un terreno de más de 50 hectáreas. La neuroetología, disciplina que relaciona el comportamiento con el funcionamiento del sistema nervioso, guía su trabajo. Para Delobos, el movimiento es fundamental para interpretar el estado emocional del cachorro. “El perro no se comunica con palabras, se expresa a través de su cuerpo”, resume. Un aspecto clave de su método es la excitación: la intensidad de los movimientos puede indicar el estado del animal. Un perro que se mueve de manera rápida y descontrolada podría estar en un estado de sobreexcitación, mientras que movimientos más lentos sugieren mayor estabilidad emocional. “Hemos llegado a la conclusión de que el lenguaje del perro se basa en la excitación”, asegura. Además, sostiene que la situación se agrava debido a que los perros viven en una sociedad humana cada vez más acelerada y llena de estímulos, donde encontrar momentos de calma se vuelve complicado. En este entorno, muchas señales que los perros exhiben pueden ser interpretadas erróneamente como desobediencia. “No es desobediencia en absoluto, es un sistema sobrepasado. Hay quienes creen que cuanto más interactúan con el perro, mejor está, pero no es así. Lo que necesitamos es ayudar al perro a regularse; lo significativo es la relación que establecemos con él, no solo lo que el perro puede ofrecer”, concluye.









