Es común afirmar que la cancha de Boca tiene vida propia, pero en este momento se evidencia que el descontento se manifiesta de tal manera que resulta fácil interpretar que el equipo aún no transmite un mensaje de cambio convincente a los hinchas, lo que pone en duda la posibilidad de un segundo semestre de 2026 diferente.
Durante gran parte del primer tiempo y algunos momentos del segundo, un murmullo general predominó en las tribunas. O’Higgins, un equipo que nunca había jugado en este escenario, no se dejó intimidar y supo aprovechar la confusión de su rival, que intentaba revertir una imagen que lo había dejado afuera de la Copa Libertadores.
Paredes y su compañero, el arquero colombiano Álvaro Montero, demostraron que la presión de La Bombonera no lo afectó, haciendo una gran intervención cuando Sarrafiore lanzó un potente zurdazo que lo obligó a despejar. Sin embargo, en Boca, la confianza en los refuerzos ha desaparecido del vocabulario reciente.
El mensaje que desprendía la afición a lo largo del primer tiempo era claro: había incomodidad por jugar un partido de Copa Sudamericana, una suerte de consuelo para quienes ardían por ver al equipo en la Libertadores, especialmente ante un rival que parecía más allá de su atención.
Era evidente que todos sentían que este Boca mostraba escasos indicios de mejora, esforzándose por mantener la paciencia en el término inicial de este nuevo ciclo liderado por un técnico de la casa, que carga con la responsabilidad de esta etapa bajo la gestión de Riquelme. La afición tampoco ocultó su desagrado al ver a Villa deslizarse por la izquierda.
Incluso el campo de juego parecía poco propicio para el encuentro, presentando un estado que dificultó el desarrollo del juego. En diversas ocasiones, Paredes se frustró al intentar disparar desde lejos, y en el gol de Miguel Merentiel, el uruguayo prácticamente arrastró el balón sobre un césped que no estaba a la altura del evento.
La celebración del tanto se vio opacada por los recuerdos de frustraciones anteriores con el VAR, interrumpiendo lo que pudo haber sido una explosión de alegría y convirtiéndose en un recordatorio de la inestabilidad que ha caracterizado al equipo.
Tras el gol de Merentiel, Boca dejó de sufrir, controló el balón y logró encender el ánimo de la afición, que se olvidó momentáneamente de River, un posible rival a considerar en el futuro de la Sudamericana. Hubo aplausos para los destellos de Leonel Flores y Milton Delgado, destacándose entre el resto del plantel. Sin embargo, la afición volvió a encontrarse con la sensación de un equipo frágil, cuyo estilo de juego aún parece indefinido.
En este panorama, una victoria por un margen ajustado ante un Boca inestable plantea interrogantes para la revancha en Chile la próxima semana, y así los hinchas se marcharon con la incertidumbre de que avanzar en la Sudamericana no está garantizado.
La Bombonera se hizo escuchar, dejando claro que la desconfianza persiste, sin mostrar paciencia ante figuras familiares como Braida, Zenon o Velasco, incluso en un partido que se ganó.









