“Obviamente hay un gran apoyo a Palestina en Irlanda. No hay muchos países que apoyen a Palestina tanto como Irlanda. No le desearía a ninguna selección nacional pasar por lo que hemos pasado estas dos semanas, así que quizá la UEFA simplemente tenga que intervenir y hacer algo”, afirmó el entrenador.
El primer partido de esta serie por la Liga de Naciones se llevó a cabo el 27 de septiembre en Hungría, donde el seleccionado israelí actuó como local y fue derrotado por 3-0. En esa ocasión, no se permitió la presencia de público visitante debido a que la Federación Irlandesa optó por no vender entradas, lo que resultó en un estadio con escaso aforo.
Los futbolistas irlandeses decidieron no estrecharle la mano a sus oponentes durante el protocolo previo al partido, incluyendo el sorteo entre capitanes. Además, mientras sonaba el himno israelí, los jugadores irlandeses bajaron la cabeza en señal de protesta y en homenaje a las víctimas del conflicto en Gaza. También portaron un brazalete negro como símbolo de duelo, al igual que sus rivales, que lo usaron en memoria de las víctimas de los ataques del 7 de octubre de 2023, perpetrados por un comando de Hamás en territorio israelí.
En la semana previa al encuentro, Hallgrímsson había hecho declaraciones contundentes en relación al contexto del partido, afirmando: “Estamos jugando contra el genocidio”.
La reacción de la Federación Israelí de Fútbol no se hizo esperar, al emitir un comunicado en sus redes sociales en respuesta a las palabras del entrenador. En este, se expresó: “Hemos contribuido al mundo y a la humanidad en innumerables campos, ganando un impresionante número de Premios Nobel en el camino. Desafortunadamente, aún no hemos encontrado una cura para la estupidez, la ignorancia y la hipocresía exhibidas por el entrenador del equipo de Irlanda. No estamos jugando con la ignorancia, la hipocresía y la estupidez, estamos jugando contra el entrenador que las encarna”.
La tensión escaló aún más en los días posteriores, cuando los jugadores irlandeses votaron respecto a los llamados a boicot de diversos sectores sociales en su país. Finalmente, decidieron participar en la serie, ya que la ausencia podría acarrear severas sanciones deportivas, incluyendo la pérdida de puntos o incluso la expulsión del torneo. Esta última opción podría afectar la posibilidad de Irlanda de ser anfitriona de la Eurocopa 2028, la cual organizará junto a Gran Bretaña.
El partido de ida no presentó mayores incidentes más allá de las acciones de los futbolistas en el protocolo. El encuentro de vuelta, jugado el domingo en Bačka Topola, se disputó a puertas cerradas por decisión del equipo irlandés. Nuevamente, ambos equipos usaron brazaletes negros y no hubo saludos entre los jugadores.
A diferencia del primer encuentro, el segundo estuvo marcado por una notable tensión. Al finalizar el primer tiempo, casi se produce un altercado en la entrada al túnel de vestuarios entre los jugadores de ambos equipos. Esa tensión estuvo presente en cada jugada, cada roce, cada caída, y no hubo gestos de disculpas ni ayudas entre rivales, algo común en muchos momentos de los partidos.
En lo referido al desarrollo del juego, Irlanda se adelantó en el marcador mediante un penal confirmado por el VAR, ejecutado por Troy Parrott, delantero del Betis, en el minuto 39. Sin embargo, Israel logró igualar al comienzo de la segunda parte, cuando, en el minuto 20, Dor Peretz aprovechó un rebote y anotó el 1-1 ante un Kelleher desubicado.









