A dos semanas de este incidente, Lucas compartió su experiencia y las implicaciones que tuvo para él: “Por el tropezón se me rompieron los patines”, lamentó.
El joven patinador aclaró que, si bien está acostumbrado a recibir diversas reacciones durante sus presentaciones, esta ocasión fue distinta. “Fue complicado. Son situaciones que pueden suceder en el cotidiano. A veces, a alguien no le gusta, pero no se llega a ese extremo”, relató.
Para Lucas, lo que podría haber sido un simple momento tenso en un vagón, se tradujo en un notable impacto económico. “Nadie sabe que detrás de ese tropezón, la plancha de las ruedas se me rompió y es un elemento bastante caro”, detalló.
Actualmente, está en busca de un nuevo par de patines. Según explicó, el equipo que necesita tiene un costo de $3.700.000, y mientras tanto está usando unos que consiguió, aunque aclaró: “No es lo mismo”.
Las presentaciones en el subte representan para él no solo una forma de exhibir su talento, sino también una fuente de ingresos, esencial para continuar con su carrera deportiva, que requiere de una inversión considerable.
“Hay gente que nos ayuda mucho. Yo vivo de esto; es un deporte caro que demanda tiempo. Hay que viajar y competir. Son muchos factores”, comentó.
Entre los gastos que debe afrontar figura el mantenimiento de sus patines. “Las ruedas las cambiamos cada tres meses. Gracias a la colaboración de la gente, puedo hacerlo”, explicó.
El patinador también comentó sobre la escasa ayuda estatal que recibe. “El Estado no brinda apoyo, y si hay ayuda del distrito, es muy limitada. Cuando intentaron contactarme el año pasado, me exigieron condiciones que no me agradan”, manifestó.
A pesar de las dificultades, expresa estar contento con su elección de vida. “No es una gran cantidad la que gano, hay días y días, pero soy feliz. Ahora, aunque gane 30 mil pesos por día, no hay un límite”, aseguró.
Su vínculo con el transporte público se remonta a mucho antes de principiara a patinar. “Trabajo desde los 16 años en el subte, cantando, bailando, y cuando llegaron los patines chiquitos y después los reales”, recordó.
Inició en el patinaje a los 22 años, construyendo una carrera que lo llevó a ser cinco veces campeón argentino y a integrar el seleccionado nacional de patinaje artístico.
También rescató un hito significativo en su vida: el año pasado participó en un programa de televisión, experiencia que, según indicó, lo ayudó a construir su hogar.
Consciente de que sus actuaciones no generan la misma respuesta entre todos los pasajeros, Lucas afirmó que la mayoría aprecia su presencia. “A la gente le gusta; les cambia el día. Recibo mensajes de aquellos que me vieron y me dicen que les alegró el momento, ya sea camino al trabajo o mientras se preparaban para un examen”, relató.
“Hay quienes no disfrutan, pero simplemente se van a otro vagón”, insistió sobre las reacciones variadas del público.
Incluso mencionó que, en algunas ocasiones, ha enfrentado problemas con la Policía por utilizar los patines. “Me han detenido porque decían que los patines rayaban el piso, pero eso no es cierto”, aseguró.
A pesar de la agresión sufrida, decidió no presentar una denuncia. “No la hice, ¿para qué perder pólvora en chimango?”, expresó.
Tras el ataque, varios pasajeros se acercaron al joven que intentó hacerle caer, exigiéndole que se disculpara, evidenciando así un apoyo colectivo. “La gente me quiere y me defiende”, reflexionó sobre esa situación.
Su meta ahora es recuperar el equipo necesario para continuar con su rutina. Se alista para participar en una competencia nacional en octubre, en Rosario y San Lorenzo, mientras que durante enero y febrero proyecta llevar sus actuaciones a La Costa.
Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través del alias patin.subte o mediante sus redes sociales.









