Antes de convertirse en un fenómeno digital, Jin fue un niño criado en el seno de una familia de inmigrantes coreanos, aprendiendo tres idiomas desde pequeño y siguiendo el ejemplo de su madre, quien forjó su propio camino. Pasó su infancia entre los barrios Parque Chacabuco y Flores, donde sus abuelos gestionaban un restaurante.
A los 18 años, decidió emprender un viaje hacia sus raíces en Corea. Viajó con su hermana mayor con la esperanza de estudiar y progresar, aunque pronto descubrió que la vida que había imaginado no siempre era la realidad. Tras varios desafíos y un sueño que se desmoronó, volvió a Buenos Aires con la certeza de que estaba nuevamente en casa: “Cuando volví sentí un alivio”.
La historia de Jin está marcada por numerosos viajes, siendo el primero de ellos realizado antes de su nacimiento. Sus abuelos emigraron a Latinoamérica en busca de mejores oportunidades en un momento de crisis económica en Corea. Aunque no conoce todos los pormenores de esa decisión familiar, sabe que sus abuelos maternos fueron los primeros en llegar a Brasil, donde su madre nació. Fue en San Pablo donde sus padres se conocieron y, después de algunos contratiempos, decidieron trasladarse a Argentina para reiniciar su vida.
Jin llegó a Buenos Aires a los dos años, junto a su familia. Recuerda que los primeros años los pasó en el restaurante de su abuela, aunque sus recuerdos son vagos. Sin embargo, lleva consigo el sentimiento de una infancia marcada por el esfuerzo familiar y la comunidad que mantenía vivas las tradiciones coreanas. Uno de sus primeros recuerdos fue en una escuela preescolar coreana, donde aprendió el idioma y se relacionó con otros niños de familias en situación similar. “Recuerdo jugar con algunos amiguitos, no eran muchos”, menciona. Los afectos de sus maestras también han perdurado hasta hoy.
Conforme crecía, su familia anhelaba una mayor estabilidad. Después de su etapa en el restaurante, su madre comenzó a trabajar en la industria textil, lo que permitió a la familia mudarse a un departamento en Parque Chacabuco, un lugar que recuerda con cariño. “Era un edificio y un departamento bastante pequeño, pero lindo”, confiesa. Durante esos años, su madre inició un negocio al revender ropa y luego crear sus propios productos, lo que lentamente mejoró la economía familiar y marcó una huella importante en la vida de Jin.
El joven completó su educación primaria y secundaria en colegios porteños, donde comenzó a definir su propia identidad y se preparó para el nuevo desafío que su madre le había planteado: buscar la oportunidad de estudiar en Corea. Para Jin, llegar a ese país implicaba conocer un lugar que solo había visto desde la distancia. Allí, viajó con su hermana, enfrentando por primera vez la construcción de una vida alejada de Argentina.
Su intención inicial era estudiar programación, computación e inteligencia artificial, un camino que al principio parecía prometedor, pero pronto se dio cuenta de que no era lo que realmente lo apasionaba. Desde niño, su verdadero interés había sido la música. “Siempre me encantó hacer música, cantar y tocar instrumentos”, afirma. Esa inquietud lo llevó al mundo del entretenimiento coreano, donde logró ser seleccionado por una importante compañía para formarse como idol del K-pop. “Tuve la oportunidad de audicionar en una de esas grandes compañías y empecé a entrenar en baile, música y producción musical”.
Sin embargo, esa experiencia lo sumergió en una realidad mucho más exigente de lo que había anticipado. Enfrentando largas jornadas de entrenamiento, nociones de economía y la necesidad de mantenerse solo, Jin decidió dejar la universidad y distanciarse de la vida artística. Comenzó a trabajar en marketing en el sector cosmético, aprendiendo a adaptarse a una sociedad que, al principio, le fue difícil comprender. “Me sorprendió la organización y precisión del transporte público. Pero también noté una distancia entre las personas, en Corea, a diferencia de Argentina, la interacción con desconocidos es menos común”, compara. Frustrado por no sentir que estaba logrando sus objetivos en Corea, Jin decidió regresar a Argentina.
Al volver en octubre de 2025, y tras una breve estancia en Brasil donde intentó avanzar en su carrera musical, se sintió desanimado. “Sentí que arriesgué una vida estable por irme a Brasil, donde no me fue bien. Regresé con la sensación de tener que empezar de nuevo”, admite. No obstante, encontrar nuevamente su hogar le brindó un indescriptible alivio: “Es una sensación que nunca antes había experimentado”. Con la ayuda de su madre, quien le recordó que su trayectoria no se medía solo por el éxito, comenzó a reconstruir su vida en Argentina.
Con su madre administrando un local de ropa en Flores, Jin decidió apoyarla utilizando sus conocimientos sobre redes sociales para promover el negocio, contando la historia familiar. Así, transformó su experiencia en una herramienta para conectar con los demás y fortalecer el emprendimiento. Aunque dudaba de su efectividad, sus videos comenzaron a ganar atención y creciendo junto a un cambio en la manera de vender y comunicarse.
El proceso de reconstrucción también significó redefinir su propia historia, transformando lo que había percibido como fracaso en valiosas experiencias. Luego de un largo recorrido en tres países y la oportunidad de hablar varios idiomas, Jin vuelve a encontrar un lugar de estabilidad en su país natal. Después del Mundial de 2026 y los cuestionamientos a Argentina, sintió la urgencia de defender su hogar. “Argentina es un país hermoso, con gente muy humilde y amable”, expresó en sus comentarios virales. La injusticia de las críticas lo motivó a plasmar su opinión.
Jin también reconoce la existencia de la discriminación, afirmando que: “En todo el mundo existe”. Resalta que es inadecuado juzgar a millones por la conducta de unos pocos. “Generalizar un país entero es una locura. Yo amo Argentina, estoy orgulloso del país donde vivo”, subraya.
Su conexión con Argentina también se profundizó durante su estancia en Corea, especialmente durante el Mundial de Qatar 2022. “Fue la primera Copa del Mundo que seguí comprendiendo lo que significaba para los argentinos. Me sorprendió que en Corea muchos alentaban a la Selección”, recuerda. Para él, esta experiencia mostró que la identidad puede ir más allá de fronteras.
Hoy, Jin trabaja en marketing en Buenos Aires mientras sigue persiguiendo ese sueño musical que lo acompaña desde la infancia.









