El apellido “Cortina” sonó familiar para la dueña de la casa. Horas más tarde, su hija Belén Zuccalmaglio regresó de su clase de educación física y decidió buscar una carta que había conservado durante años en su mesa de luz.
Conocía su contenido de memoria, recordando los nombres en las firmas al final de la hoja. Era la confirmación: Daniel Cortina había sido su cuidador cuando era una bebé, antes de ser adoptada. “Yo tenía solamente una carta donde contaban cómo era de bebé, cada cuánto comía, cada cuánto dormía. Era lo único que tenía de las personas que me habían cuidado. Estaba firmada por Mónica y Daniel Cortina”, relató Belén, hoy de 30 años.
Lo más impactante de la anécdota es que Daniel no estaba inicialmente asignado para esa visita. En realidad, se encontraba realizando tratamientos de humedad junto a un compañero que tuvo un imprevisto y no pudo presentarse, lo que llevó a que Daniel lo reemplazara. “Mis papás contrataron a alguien para arreglar la humedad sin saber quién iba a venir. Era simplemente una recomendación. De casualidad apareció él. No tendría que haber venido nunca”, comentó Belén. Cuando Daniel se retiró, ella aún no había llegado del colegio.
“Mi mamá me dijo: ‘Vino alguien de apellido Cortina y me suena muchísimo’. Le respondí de inmediato: ‘Cortina es el apellido de las personas que están en la carta’. Fui a buscarla porque siempre la tuve guardada con mis cosas importantes. La leí tantas veces que ya me acordaba del apellido”, rememoró.
Al ver la firma, la madre no tuvo dudas. “Me dijo: ‘Sí, es la misma persona. Está más grande, más canoso, pero es él’, recuerda Belén entre risas.
Tras esa visita, los padres de Belén contactaron nuevamente a Daniel, expresándole su deseo de continuar con el trabajo y solicitándole que él fuera el encargado. Aceptó sin conocer la razón detrás de esa solicitud.
“Yo solo había ido a hacer el presupuesto. Luego el arquitecto me llamó para decirme que querían que yo hiciera el trabajo. Cuando hablé con el papá de Belén se quebró y me dijo: ‘Te conocemos porque en el 96 ustedes cuidaron a nuestra hija'”, relató Daniel, aún sorprendido por el encuentro.
“Fue un shock muy fuerte porque imagínate: la última vez que la había visto era una bebé de 45 días y, aunque ahora tenía 16 años, ya era toda una mujer”, recordó Daniel emocionado.
Cuando se volvieron a encontrar, la emoción fue indiscutible. “Estábamos todos llorando”, cuenta Belén. “Él me abrazó y me llamó Carolina, mi nombre de nacimiento. Son las únicas personas que me conocían con ese nombre”.
Daniel y Mónica Cortina se han dedicado a ser familia de abrigo desde 1992, recibiendo durante más de tres décadas a bebés que, por decisiones judiciales, necesitan un hogar temporal.
Belén fue una de esos bebés. “La tuvimos 45 días. Muy poquito. En aquella época era lo habitual”, recordó Mónica. Cuando finalmente fue adoptada, los Cortina tuvieron la oportunidad de estar presentes en el momento de la entrega a sus padres adoptivos. “En esos años dependía mucho de la jueza y de la familia adoptiva. A menudo, uno llevaba al bebé al juzgado y nunca más lo veía. Los papás de Belén fueron muy generosos y nos permitieron estar presentes cuando hicieron la entrega”, narró Daniel.
Sin embargo, nunca conservaron una foto de ese instante. La familia adoptiva sí, y muchos años después, fue Belén quien se las mostró. “Para nosotros fue el segundo regalo”, dijo Daniel.
Con 14 años transcurridos desde el reencuentro, Belén mantiene un contacto cercano con quienes fueron su familia de abrigo de bebé, buscando estar en comunicación, aunque sea por teléfono.
Ahora, es madre de Luca, un niño de 15 meses a quien Daniel y Mónica conocieron recientemente. “Tuvimos un imprevisto el día de su bautismo y nos dolió mucho no haber podido ir. Hoy lo conocimos y estamos muy orgullosos de ella como madre”, comentó Daniel con emoción.
Belén supo de su adopción a los ocho años, comenzando así una larga espera. “Contaba los días como un preso para cumplir 18 años porque recién ahí podía acceder a mi expediente”. Sin embargo, al acudir al juzgado, se encontró con una inesperada noticia: “Me dijeron que el juzgado se había inundado y no sabían si mi expediente existía. Me quería morir”, confesó. “Meses después, gracias a una gestión de una conocida, logré recuperarlo, pero solo respondía algunas de mis preguntas”, añadió más tarde.
Hoy, Mónica enfatiza que muchas familias de abrigo registran esos primeros momentos de vida, algo que hace tres décadas era raro: “Les sacamos muchas fotos y después se las entregamos a la familia adoptiva. En realidad son del bebé, no nuestras. Les permiten construir su historia”, explicó.
Belén compartió un emotivo recuerdo reciente en casa de los Cortina: “Ellos tenían un bebé de abrigo y el bebé me agarró el dedo para dormirse. Mónica me dijo: ‘Eso mismo hacías vos’. Los bebés que son abandonados necesitan sentir que alguien está ahí”. Para ella, esa imagen representa la relevancia de estas familias en la vida de esos pequeños. “Hay que pensar en esos bebés que no tienen a nadie que les dé de comer, que los abrace o les preste un dedo para poder dormir tranquilos”, reflexionó Belén.
La joven también expresó que aún recibe comentarios sorprendentes. “Le llegaron a decir a mis papás: ‘¿No podían conseguir una más parecida a ustedes?’. También escucharon cosas como ‘Qué bien que la pudieron domesticar’. Es impresionante que todavía exista ese nivel de prejuicio”. Rememoró anécdotas cotidianas, como cuando en un hotel dejaron pasar a sus padres, pero a ella no.
Reflexionó sobre los estigmas que aún persisten respecto a la adopción: “Hay una idea de que los chicos adoptados heredamos todos los problemas de nuestras familias de origen. O que nuestros padres nos ‘rescataron’. No es así. Lo peor que puede hacer una familia es esconder la verdad a un hijo”, afirmó.
Mónica agregó: “Muchas mamás se presentan diciendo ‘Soy mamá adoptiva’. Yo siempre les respondo lo mismo: no sos mamá adoptiva, sos mamá”.
Después de más de tres décadas albergando bebés, Daniel admitió que cada despedida es dolorosa, aunque siempre están dispuestos a comenzar nuevamente. “Siempre decimos: ‘Este es el último’. Pero suena el teléfono y nos dicen que hay un bebé sin hogar. Hay muy pocas familias de abrigo y es difícil decir que no”, sostuvo Cortina, alentando a que más personas se sumen a esta causa.
“Queremos que la gente conozca esta realidad, que se anime a ser familia de abrigo o a colaborar. Mantener un bebé cuesta mucho y hacen falta más hogares”, planteó, y Belén coincidió.
Tras el reencuentro con quienes la cuidaron durante sus primeros días, Belén comprendió la vital importancia de esos abrazos iniciales: “Soy quien soy gracias a ellos. Fueron mis primeros estímulos. Eso es clave para un bebé”.
Al tiempo que Daniel pensaba que solo iría a reparar una pared con humedad, terminó apoyando la reconstrucción de una parte fundamental de la historia de una joven que había estado esperando toda su vida completar el primer capítulo de la suya.









