La propuesta tiene como objetivos centrales fortalecer la autonomía del Banco Central, restringir la financiación del déficit fiscal a través de la emisión monetaria y replantear los fines de la institución. Para el Ejecutivo, esta reforma se considera crucial para blindar el programa económico y evitar que gobiernos futuros utilicen el Banco Central como fuente de financiamiento del gasto público.
El proyecto fue desarrollado en conjunto por el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo; el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, bajo la dirección de Federico Sturzenegger; y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
El eje de la reforma es la prohibición de la emisión monetaria para financiar al Tesoro Nacional. La meta es establecer un marco en el que el Estado no pueda acceder al Banco Central para satisfacer sus necesidades financieras mediante la creación de nuevos billetes.
En la actualidad, la Carta Orgánica del Banco Central impone ciertos límites a los adelantos transitorios al Gobierno. El artículo 20 menciona que el organismo puede realizar adelantos equivalentes hasta el 12% de la base monetaria, que incluye tanto la circulación de dinero como los depósitos a la vista. Además, se permite un 10% adicional de fondos en efectivo recaudados durante el último año, con el compromiso de reintegrar el monto en los siguientes doce meses.
Si alguno de estos adelantos no se cancela antes del vencimiento, el Gobierno pierde la posibilidad de acceder nuevamente a esa herramienta hasta que salde sus deudas. El oficialismo planea modificar este panorama y aplicar una restricción más estricta sobre el financiamiento del Tesoro con emisión monetaria.
La búsqueda de una “emisión cero” está ligada a la teoría central de la administración libertaria, que sostiene que la inflación es un fenómeno vinculado directamente con la emisión de dinero. Desde esta óptica, se espera que una reducción en la circulación de pesos contribuya a que la inflación continúe su tendencia a la baja.
El propio Javier Milei indicó que el Gobierno se enfocará en ajustar la liquidez del mercado para lograr una mejor alineación con la tasa de inflación.
Sin embargo, la restricción del financiamiento monetario también presenta un reto para las arcas públicas. Si el Estado no tiene la opción de recurrir a la emisión para cubrir sus gastos, deberá depender de los ingresos obtenidos por la recaudación y otros medios de financiamiento. Esto podría llevar a la necesidad de realizar ajustes en el gasto público si los ingresos resultan insuficientes.
Este tema es particularmente relevante dado que la administración de Milei alcanzó un superávit fiscal en el primer semestre, un elemento clave de su plan económico. Mantener este superávit sin recurrir a la emisión podría exigir un continuado ajuste del gasto y la implementación de medidas drásticas.
Por otro lado, las implicaciones políticas de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central son significativas. La evolución de la inflación, la actividad económica, el gasto público y el poder adquisitivo serán factores determinantes en la recepción de la estrategia económica por parte de la ciudadanía.
Javier Milei proyecta sus cambios con la vista puesta en la reelección.
En este contexto, las decisiones que tome el Congreso, así como la posterior implementación de la reforma, adquirirán una relevancia especial de cara a las elecciones de 2027, cuando Milei podría aspirar a un nuevo mandato. Por lo tanto, la discusión en Diputados representará uno de los primeros pasos de una iniciativa que el Gobierno considera esencial para consolidar su agenda económica y para transformar el funcionamiento del Banco Central.









