Este “error que se repite a menudo” fue señalado por el arquitecto argentino Marcelo Seia en un video de su canal de YouTube, el cual cuenta con más de 1,4 millones de suscriptores. “Puede que todo luzca muy bien: la cocina integrada con isla y cada elemento en su lugar, pero si no hay un tramo de mesada libre, sufrirás en el día a día”, alertó.
El profesional explicó que la carencia de espacio en la mesada se manifiesta en diversas situaciones cotidianas, como al colocar las compras del supermercado, picar verduras o encontrar un sitio para dejar una fuente caliente.
“Al no encontrar espacio disponible, sueles dejar las cosas en cualquier lugar y la sensación es que la cocina se hace cada vez más pequeña. La regla es clara: una cocina funcional debe contar siempre con un tramo libre de mesada, no para la foto, sino para el uso diario”, destacó.
En esta línea, propuso una sencilla prueba para evaluar si la superficie disponible es adecuada: “Piensa en dos artículos que realmente utilizas, como una tabla para cortar y una fuente grande. Si no puedes colocar esas dos cosas cómodamente sin desplazar media cocina, será incómoda, independientemente de que sea nueva”.
Entre los principales errores que pueden restringir la superficie de trabajo, Seia enfatizó en la necesidad de definir primero la ubicación de los electrodomésticos antes de diseñar los muebles. Cuando no se les asigna un lugar específico, muchos dispositivos terminan ocupando la mesada.
“El microondas no es el problema. El verdadero inconveniente es que acaba en la mesada, generalmente en el lugar donde más se necesita espacio para apoyar cosas. Así que me pregunto: ¿por qué no integrarlo al mobiliario desde un principio?”, planteó.
También subrayó la importancia de planificar desde el inicio la instalación del lavavajillas y el espacio para la heladera, considerando la apertura de su puerta. A esto se añade la necesidad de un lugar para guardar los electrodomésticos pequeños: “Si no has pensado en un armario, alacena o un espacio específico para estos aparatos, quedarán a la vista. ¿Y dónde? En la mesada”.
Para evitar esta situación, el arquitecto aclaró cómo debería ser el orden en el proceso de diseño: “Primero decides qué habrá en la cocina y luego diseñas los muebles. No al revés”.
Por otro lado, el especialista advirtió sobre intentar encajar una isla en un espacio insuficiente. Esto puede complicar el paso de las personas y la apertura de ciertos electrodomésticos.
“Surgen situaciones típicas: dos personas se cruzan y una debe moverse, o abres la heladera y bloqueas el paso. Además, si alguien quiere pasar con una olla o una bandeja, se producen roces”, detalló.
En este contexto, recomendó: “Te dejo una idea útil: si la isla entra justo, no entra. Porque la cocina no se utiliza midiendo cada centímetro, se vive con bolsas, personas en movimiento y cierta urgencia”.
Entre las soluciones más adecuadas, mencionó la opción de la península o barra, que describe como “una isla adosada a la pared”, destacando su beneficio de ofrecer apoyo sin la obligación de dejar pasillos por los cuatro lados. También sugirió contar con una mesa de trabajo, que cumple funciones similares y puede ser movida cuando no se necesita.









