La cuestión ha tomado relevancia en las últimas semanas tras la difusión de un dato por parte del Banco Central (BCRA): el sistema financiero cuenta con una capacidad prestable ociosa en moneda extranjera cercana a los US$7000 millones, alrededor del 17% de los depósitos en dólares.
Desde el Gobierno consideran que una mayor utilización de esos fondos podría estimular la inversión y la actividad económica, ya que permitiría que el ahorro en dólares depositado en el sistema financiero se destine a un mayor número de empresas, ofreciendo tasas de interés más bajas que las que se encuentran en pesos.
“Fue un pedido de las industrias. Nos venían pidiendo una mayor flexibilidad en esto”, agregó Caputo. “Apunta a que haya un mayor nivel de crédito, especialmente en los sectores de construcción e industria automotriz”, añadió.
Recientemente, las autoridades y las entidades bancarias habían estado estudiando diversas alternativas para flexibilizar el esquema actual. Una de las opciones evaluadas era ampliar el grupo de empresas autorizadas a acceder a préstamos en dólares, que ahora se restringe principalmente a exportadores y a aquellos que generan ingresos en moneda extranjera.
Entre las propuestas se planteó la posibilidad de que pudieran acceder al financiamiento en moneda extranjera aquellas empresas que, aunque facturen en pesos, estén conectadas con cadenas de valor exportadoras. La idea sería permitir que una empresa obtenga crédito en dólares si una parte de sus ventas proviene de exportaciones, lo cual disminuiría el riesgo cambiario, a pesar de que sus ingresos no estén expresados en esa moneda.
Esta restricción se implementó tras la crisis de 2001. El artículo 23 del DNU 905/2002 dispuso que los depósitos en dólares podían ser utilizados principalmente para financiar empresas generadoras de ingresos en moneda extranjera mediante exportaciones. Esto buscaba prevenir que una devaluación dejara a deudores con ingresos en pesos enfrentados a obligaciones en dólares, lo que podría afectar al sistema financiero.
Más de dos décadas después, el BCRA considera que esta protección también conlleva un costo en términos de inversión, productividad y actividad económica. “Es cierto que se preservó un sistema financiero de un riesgo de descalce, pero al observar su evolución, se preservó un sistema financiero que es de los más pequeños del mundo. Por lo tanto, preservamos la nada misma”, expresó recientemente su presidente, Santiago Bausili.
El Central ha calificado la regulación actual como una “solución de esquina”, que elimina prácticamente el riesgo de descalce cambiario, pero a su vez dificulta que el ahorro dolarizado de los argentinos se convierta en crédito en el país.
La discusión sobre esta flexibilización ha cobrado importancia ante el aumento de los depósitos en moneda extranjera. Según el BCRA, el nivel de préstamos en dólares respecto a los depósitos equivale actualmente al 60%, en comparación con el 84% en pesos. Esta diferencia deja una capacidad prestable ociosa que ronda los US$7000 millones, acumulada en el Central o en las entidades, por encima de las exigencias regulatorias.
Este volumen representa solo una pequeña parte del ahorro que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero local. El Indec ha estimado que el sector privado no financiero acumulaba US$259.305 millones en billetes y depósitos externos líquidos al primer trimestre de 2026.
Desde los bancos de capital privado nacional se considera que una flexibilización que amplíe el número de empresas con acceso a financiamiento en dólares tendría un impacto positivo en la eficiencia de las compañías y permitiría canalizar una mayor proporción de esos fondos hacia el sector privado. También sostienen que una mejor utilización de los depósitos podría contribuir a incrementar el retorno que reciben los ahorristas en dólares.
Aunque en dichas entidades destacan el crecimiento sostenido de los préstamos en moneda extranjera, argumentan que cualquier cambio debe realizarse dentro de un marco de políticas macroprudenciales y con una adecuada gestión de riesgos por parte de los bancos.
En contraste, algunos bancos mantienen una perspectiva más cautelosa. Desde uno de los principales, se señaló que es fundamental evitar que el riesgo cambiario recaiga sobre empresas o individuos cuyos ingresos son principalmente en pesos. Entre los casos mencionados con una cobertura económica más natural se incluyen los desarrolladores inmobiliarios, cuyos activos suelen estar referenciados en dólares.
El BCRA ya había implementado algunas modificaciones dentro del marco de la legislación vigente. Esto incluye la autorización de préstamos en dólares a empresas del sector privado no exportador cuando sean financiados mediante Obligaciones Negociables de un determinado plazo y el fomento de financiamiento a clientes con ingresos en pesos, siempre que cuenten con garantías en moneda extranjera proporcionadas por exportadores.









