Este contraste se evidenció la semana pasada a través de dos reuniones que se llevaron a cabo casi simultáneamente en diferentes capitales de la región. Esta situación ha sido objeto de análisis entre diplomáticos, evidenciando la desconexión política entre los dos países. Argentina presentará este miércoles su candidatura para sumarse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), según indicó el canciller Quirno.
Por una parte, Asunción fue la sede de la LV Reunión de Ministros del Interior y Seguridad del Mercosur y Estados Asociados, así como la LXIII Reunión de Ministros de Justicia. Este encuentro, organizado por Paraguay bajo su presidencia pro témpore del bloque, contó con la presencia del presidente Santiago Peña, quien en su discurso inaugural planteó una afirmación simbólica: “Sin Mercosur seguro no habrá futuro para nuestros ciudadanos”.
No obstante, Argentina eligió una representación de bajo perfil. Ni la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ni el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, lideraron la delegación nacional, que asistió con máximos representantes de los demás países. En su lugar, participaron Jimena Belén Capece, subsecretaria de Acceso a la Justicia, y Cornelia Schmidt-Liermann, directora nacional de Cooperación Internacional del Ministerio de Seguridad.
Además, los comandantes de las cinco fuerzas federales argentinas estuvieron presentes, incluyendo al director nacional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Carlos Tonelli, quien mantuvo encuentros bilaterales con autoridades paraguayas para promover mecanismos de cooperación, intercambio de información y fortalecimiento operativo contra el crimen organizado transnacional.
Fuentes relacionadas con el evento señalaron la falta de respaldo institucional de la Embajada argentina en Paraguay, encabezada por el embajador Guillermo Nielsen, lo cual suscitó inquietud entre los participantes de la reunión. Desde Buenos Aires se indicó que esta ausencia fue una directiva del Gobierno.
Mientras eso ocurría, a más de 1.500 kilómetros, el canciller Pablo Quirno y la ministra Monteoliva participaban en Santiago de Chile en la firma del Compromiso Regional de Santiago contra la Delincuencia Organizada Transnacional, juntamente con Chile, Perú, Ecuador y Bolivia.
Dicha reunión fue convocada por Kast y está asociada al Escudo de las Américas, una iniciativa promovida por Trump para coordinar acciones regionales contra el narcotráfico, la criminalidad organizada y la migración irregular. El acuerdo busca una coordinación fronteriza, intercambio de inteligencia, cooperación institucional, monitoreo de flujos financieros ilegales y la creación de grupos de trabajo permanentes para desarrollar acciones conjuntas.
La decisión de Argentina de unirse a este foro adquiere una dimensión política adicional, dado que Brasil queda excluido de este esquema de cooperación. Medios en Brasil han resaltado esta ausencia en el pacto firmado en Santiago, interpretándolo como un indicador de la creciente fragmentación regional en torno a nuevas alianzas promovidas por gobiernos de centroderecha y derecha en el continente. Además, Trump ha catalogado recientemente a los narcotraficantes del Comando Vermelho (CV) y del Primeiro Comando da Capital (PCC) como grupos terroristas, una postura que contrasta con la del actual presidente brasileño.
Estas diferencias subrayan también la visión estratégica de Trump respecto a la integración en la región. A diferencia de administraciones estadounidenses anteriores que consideraron los bloques comerciales como herramientas para estructurar relaciones económicas, Trump ha dado prioridad a negociaciones bilaterales con cada nación. Su administración sostiene que estos acuerdos directos ofrecen mayor margen de maniobra en comparación con los compromisos asumidos en el marco de bloques regionales.
Este enfoque podría explicar la limitada relevancia que el Mercosur tiene dentro de la arquitectura política promovida por Washington. Trump ha favorecido acuerdos específicos con gobiernos aliados en lugar de mecanismos multilaterales de integración regional, incrementando tensiones comerciales en distintas ocasiones con países de América Latina y motivando a varias economías de la región a diversificar sus mercados y buscar nuevos acuerdos.
En este contexto, la apuesta de Milei por el foro de seguridad liderado por Kast y apoyado por Estados Unidos ha sido vista por observadores regionales como más que una simple decisión de agenda, sino como una declaración política sobre las prioridades estratégicas de la Casa Rosada en la actualidad.









