“Para ACA, los cincuenta años del criadero Cabildo significan un gran orgullo para todo el tejido cooperativo”, destaca Leandro Ortis, director del criadero y líder del programa de mejoramiento de trigo. Agrega que se trata del resultado de “50 años de trabajo y compromiso con el trigo argentino”, con el fin de ofrecer a los productores variedades que destaquen por su potencial de rendimiento, calidad panadera y tolerancia a las principales enfermedades.
Este programa, que originalmente se centró en las necesidades locales, ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. “Las variedades que se desarrollaban allí podían tener una amplia adaptación no solo a nuestro país, sino también a distintos países del mundo”, comenta Ortis.
En el trasfondo de esta historia se encuentra una figura imprescindible: el ingeniero agrónomo Rubén Miranda, un reconocido referente en el mejoramiento de trigo en Argentina y uno de los principales promotores del proyecto en Cabildo. A través de su vinculación con la Universidad Nacional del Sur, impulsó una perspectiva innovadora en su época: la creación de variedades adaptadas a las condiciones del sudoeste bonaerense, pero con el potencial de ser implementadas en otras regiones. Esta visión técnica, que combina un enfoque local con proyección global, sentó las bases para el posterior desarrollo de Trigos ACA.
El crecimiento del criadero se sostiene en tres pilares fundamentales. Desde el aspecto técnico, Mariano Beker enfatiza “la capacidad de adaptación y la innovación”, destacando que las investigaciones se llevan a cabo en invernaderos y en un laboratorio propio de marcadores moleculares. En términos sociales, resalta la cercanía con productores y cooperativas: “estamos muchas veces a un WhatsApp de distancia, abiertos a evacuar consultas y colaborar”. En lo que respecta a la dimensión territorial, menciona la extensa cobertura del programa, que ofrece variedades adaptadas desde el sur de Buenos Aires hasta el NEA y el NOA, con proyección internacional.
La evolución del criadero ha estado caracterizada por la adopción continua de tecnología y alianzas estratégicas. Con el paso del tiempo, se han incorporado materiales genéticos internacionales, lo que ha permitido diversificar la adaptación de las variedades y mejorar su potencial productivo en distintas regiones.
“Con el desarrollo de una nueva técnica de haploides duplicados pudimos acortar los períodos de obtención de variedades y hoy tenemos la posibilidad de estar en el mercado en menor tiempo”, explica Ortis.
Siguiendo esa línea, Beker describe la actualidad del programa: “utilizamos técnicas de avanzada para la obtención de nuevas líneas y ser más rápidos al momento de llegar al mercado”. Añade que el objetivo es claro: “estar a la vanguardia del mejoramiento de trigo”. Este enfoque ha permitido al criadero mantener su relevancia en el sector y continuar su legado de innovación y colaboración con los productores.









