En una reciente entrevista, Asinelli señaló que el Super Niño no es un fenómeno nuevo, y existen registros de su comportamiento desde hace varias décadas. Explicó que el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial podría acarrear diferentes consecuencias en cada país: por un lado, sequías en algunas partes de Centroamérica, y por otro, inundaciones y deslizamientos en Perú y Ecuador.
Para Argentina, el vicepresidente de la CAF vislumbra un contexto que podría resultar favorable para el sector agropecuario, tras varios años de déficit hídrico. Sin embargo, también enfatizó que una falta de infraestructura adecuada para manejar las precipitaciones podría ocasionar graves pérdidas. “Hay un montón de datos, hay un montón de información que nos permite anteponer estas situaciones y anticiparnos a lo que va a pasar”, dijo el entrevistado.
Particularmente, Asinelli centró su atención en la cuenca del río Paraná, que abarca parte de Brasil, Paraguay y varias provincias argentinas. Según los datos que mencionó, en septiembre pasado el caudal alcanzó un nivel de 19.600 metros cúbicos por segundo, una de las cifras más altas en años para ese mes.
Aclaró que aunque este incremento no garantiza inundaciones, sí subraya la importancia de la prevención. “Si no estamos preparados, si no tenemos obras de infraestructura, no limpiamos los arroyos y no hacemos la prevención suficiente, probablemente sí tengamos problemas”, afirmó.
El diagnóstico sobre la situación hídrica exige diferentes tipos de intervenciones, desde grandes proyectos hidráulicos en algunas áreas hasta tareas urgentes de mantenimiento en otras. Asinelli también consideró esencial contar con planes para emergencias, que incluyan centros de asistencia y recursos para la posible evacuación de poblaciones afectadas.
Como referencia, trajo a colación la experiencia de la cuenca del río Luján, que sufrió inundaciones durante el fenómeno de El Niño en 2015. Desde entonces, se han financiado obras que superan los 300 millones de dólares, lo que ha permitido evitar inundaciones urbanas en lluvias posteriores de mayor intensidad.
El vicepresidente de la CAF indicó que las consecuencias de eventos climáticos no se limitan a las inundaciones o sequías inmediatas, sino que los daños a la infraestructura de caminos y viviendas pueden repercutir durante meses o incluso años en las cadenas de producción y logística.
Citando estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe sobre un Super Niño de 1987-1988, Asinelli destacó que los daños en la región andina alcanzaron los 7.500 millones de dólares debido a la falta de prevención, a los que se agregaron cerca de 5.000 millones vinculados a la interrupción de cadenas productivas.
En relación a la situación argentina, manifestó que los estudios del Fondo Monetario Internacional generalmente muestran un efecto más positivo de El Niño en la actividad agropecuaria, gracias a la recuperación de humedad en los suelos. Sin embargo, advirtió que esta oportunidad podría verse comprometida por lluvias excesivas o dificultades en el transporte de la producción.
“Si el camión no llega al puerto a tiempo o el barco se ha ido, se pueden perder clientes”, describió Asinelli en referencia a los problemas que presenta la mala condición de los caminos rurales. En este contexto, el puerto de Rosario se vuelve crucial para las exportaciones agrícolas.
El vicepresidente también destacó el papel de los bancos de desarrollo en la planificación de inversiones a largo plazo, que puedan trascender cambios políticos. Mencionó el caso del metro de Chile, que ha continuado funcionando bajo diferentes administraciones, y repitió la importancia de las obras en Luján, mantenidas a través de distintos gobiernos.
Planteó la necesidad de equilibrar decisiones que atiendan las urgencias cotidianas y las inversiones a largo plazo, sugiriendo que un aumento en la productividad podría generar recursos adicionales para financiar infraestructura y políticas preventivas.
Respecto al rol de la CAF, Asinelli describió a los bancos de desarrollo como entidades que movilizan recursos para proyectos regionales sin tener como objetivo principal el lucro. Reconoció que cada país puede tener diferentes prioridades de financiamiento en función de su situación fiscal, aunque una planificación integral podría facilitar la combinación de créditos de distintas instituciones de desarrollo.
Finalmente, Asinelli resaltó la importancia de considerar un período de lluvias intensas no solo en términos de inundaciones, sino también en su posible relación con picos de enfermedades como el dengue, lo que añade urgencia a la planificación en salud pública y gestión de desastres.
Subrayó que la discontinuidad de proyectos de infraestructura una vez aprobados es un desafío significativo, dado que los organismos multilaterales estipulan condiciones específicas para redirigir recursos destinados a una obra concreta. En su opinión, el debate sobre El Niño debe vincular aspectos de prevención climática con la salud pública, la producción, el transporte y el comercio exterior. “Hay que pensar esto de manera integral”, concluyó.









