La esperanza de Boca se ve reforzada por los desafíos que tiene por delante. Se encuentra en semifinales de la Copa Argentina, donde se medirá contra Banfield (fecha a confirmar); jugará ante Vasco da Gama por un lugar en la final de la Copa Sudamericana; compite en el Torneo Clausura y en la tabla Anual y, además, podría aspirar al Trofeo de Campeones en diciembre, donde Belgrano espera al ganador del campeonato actual.
La cuenta no concluye con los cinco trofeos posibles este año. Es importante destacar que las conquistas podrían incluso llegar a ser nueve. Por ejemplo, la Copa Argentina puede abrir nuevas oportunidades: el campeón de dicho torneo se enfrenta al ganador del Trofeo de Campeones en la Supercopa Argentina. La Supercopa Internacional confronta al campeón de la tabla Anual 2026 con el vencedor del Trofeo de Campeones. Más adelante, se suma la nueva Recopa de Campeones, que enfrentará a los ganadores de la Copa Argentina, la Supercopa Argentina y la Supercopa Internacional, con reemplazos establecidos por reglamento si un mismo equipo repite un título.
Además, existe una posibilidad en el ámbito internacional. Si Boca logra conquistar la Copa Sudamericana, disputará la Recopa de la Conmebol contra el campeón de la actual Copa Libertadores.
¿Cuál es la base de esta ambiciosa ilusión? El buen rendimiento del equipo y, sobre todo, la cohesión que se percibe en el plantel. Aunque no es momento de críticas, hay un aspecto que no debe omitirse: el presidente Juan Román Riquelme tardó demasiado en contratar a un entrenador con credenciales adecuadas para liderar un club de la magnitud de Boca.
El trabajo del Vasco frente a Racing, especialmente con los cambios, no fue fortuito. Allí se destaca una de las grandes fortalezas de este Boca: cuenta con una plantilla extensa que brinda confianza al entrenador. Si bien hay un once titular que empieza a consolidarse, también hay jugadores que aguardan su oportunidad y responden efectivamente cuando son convocados. Esa competencia interna es una de las virtudes que está cultivando el técnico.
Es cierto que la jerarquía simplifica las cosas, pero también es necesario saber gestionarla. Se requiere valor y firmeza para dejar a consagrados internacionales en el banco y lograr que ingresen con la misma motivación que un juvenil que busca hacerse un lugar. En el partido contra Racing, Arruabarrena dejó en el banco a Enner Valencia, Sebastián Villa y Carlos Palacios, quienes al ingresar fueron clave en la remontada.
“Buscamos por banda con dos referencias de área como Enner Valencia y Merentiel y los goles fueron similares: centro de lateral y no frontal. Valencia tiene buen juego aéreo y tuvo buena efectividad. Creo que Paredes le dio el premio al jugador del partido a Enner y fue merecido. Es un chico que se hace querer mucho, le vendrán bien los goles, a él y a todos. Villa también entró bien y los cambios son complicados porque los partidos están avanzados y el ritmo es otro”, detalló el Vasco.
Además, se refirió a Carlos Palacios, quien comienza a recuperar protagonismo: “Tiene la flechita para arriba, está bien, pasó momentos difíciles, hay que mimarlo, tiene fútbol. Entiendo que los minutos le vendrán bien, está entrenando bien, con alegría. Hay que ir pasito a pasito, decir presente”.
Las estadísticas revelan hasta qué punto Arruabarrena cuenta con un equipo amplio. El Vasco dirigió 18 partidos y mantiene 15 invicto, con 8 victorias y 7 empates. Entre los suplentes, Villa participó en 17 encuentros, seguido por Marco Pellegrino, Valencia, Ayrton Costa y Tomás Belmonte, con nueve presencias cada uno. Con una menos aparece Dylan Gorosito, mientras que Camilo Rey Domenech, Palacios, Nicolás Figal y Ángel Romero acumulan 6.
Esto podría ser una de las claves que sostiene las aspiraciones de este Boca que no se limita a soñar. No depende exclusivamente de sus once titulares, sino que tiene respuestas desde el banco, opciones para modificar el rumbo de los partidos y futbolistas de calidad que pueden emerger en los momentos difíciles. Después de haber superado una remontada que parecía imposible en Rosario, el equipo de Arruabarrena goza de un recurso que, hasta hace unas semanas, parecía lejano: tiempo, confianza y cinco oportunidades abiertas hacia el logro de un título. Ahora deberán demostrar que esta ilusión trasciende el simple calendario.









