Por ello, recomendó comenzar con ejercicios básicos, permitiendo que el cuerpo se ajuste antes de aumentar la exigencia según las capacidades individuales. Evaluación, progresión y constancia son claves. Gallegos enfatizó la relevancia de realizar una evaluación para un entrenamiento efectivo: “Lo fundamental es hacer una evaluación, preguntar por los hábitos y, a partir de eso, planificar”, explicó. El objetivo es generar estímulos adecuados que faciliten el progreso diario sin sobrecargar el organismo. En este sentido, sugirió mantener una frecuencia razonable de entrenamiento, alrededor de tres veces por semana. Sin embargo, hizo una advertencia importante sobre el estilo de vida contemporáneo: “Siempre la balanza se inclina al sedentarismo”, enfatizó. Continuó: “Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacen deporte”, refiriéndose a aquellos que pasan la mayor parte del día sentados y concentran toda su actividad física en un solo tramo.
Respecto a la estructura del entrenamiento, el kinesiólogo mencionó que toda rutina debería incluir tres etapas esenciales: Calentamiento, para preparar músculos y articulaciones; Entrenamiento, con ejercicios adecuados al nivel del individuo; y Vuelta a la calma, con estiramientos finales que eviten calambres y sobrecargas. Más allá del gimnasio o del entrenamiento formal, Gallegos subrayó la importancia de combatir el sedentarismo diario. Las pausas activas pueden marcar una gran diferencia: “Si trabajamos ocho horas sentados, es útil optar por subir y bajar escaleras en lugar de usar el ascensor o hacer algunas sentadillas mientras se prepara un café”, ejemplificó.









