La sensación de desasosiego que permitió la llegada de Javier Milei al poder en Argentina, especialmente tras la pandemia y la cuarentena, parece comenzar a remitir. Este entorno presenta un enorme desafío para los políticos, pues cuestiona la calidad de la representación y la capacidad del liderazgo para resolver las problemáticas más acuciantes de la población.
La encuesta de Mide refleja preocupaciones que coinciden con las de otros estudios: el 24% destaca los bajos salarios como su principal preocupación, mientras que la desocupación también se sitúa en un 24%. A continuación, otros problemas como la corrupción (10%) e inseguridad, el Gobierno y la pobreza ocupan lugares relevantes, mientras que solo un 5% menciona la inflación. A pesar de una inflación alta, que podría rondar entre el 29% y el 30% este año, el foco de la preocupación parece haberse desplazado hacia la insuficiencia salarial y el desempleo.
Milei sostiene que quienes critican la situación salarial se equivocan. De acuerdo con la encuesta, el 28% dice no llegar a fin de mes, el 23% enfrenta serias dificultades, el 21% llega justo, el 15% se encuentra cómodo y el 10% afirma tener algunas complicaciones. Así, solo el 25% se siente satisfecho, mientras que el resto reporta algún tipo de dificultad.
Esta discrepancia en la percepción de la situación plantea interrogantes, ya que las estadísticas del Indec reflejan una caída del 8,9% en los salarios reales desde que Milei asumió y un 3% durante 2025.
Existen variables que frecuentemente no se consideran al evaluar la depreciación del salario. Esta cuestión es crítica ya que parece haber una relación directa entre el poder adquisitivo y el respaldo que generan los gobiernos. El deterioro del poder adquisitivo se agrava porque, como en cualquier plan de estabilización, los salarios en general están rezagados respecto a la inflación. Las autoridades buscan que los aumentos salariales se basen en proyecciones de inflación futura, no en la histórica, para moderar el incremento de los precios.
Además, los aumentos en servicios públicos complican la situación. La percepción de la gestión del Gobierno podría verse alterada al recibir las facturas de luz y gas. A finales de 2023, durante el gobierno de Alberto Fernández, existía un sistema de subsidios extremadamente complejo que generó crisis fiscal; la emisión monetaria necesaria para cubrir esos subsidios hizo que, en ese momento, las facturas representaran el 6% del salario promedio, mientras que actualmente esa cifra asciende al 15%. Esto significa que los servicios públicos afectan aún más los ingresos familiares, justificando por qué muchos afirman no llegar a fin de mes.
El endeudamiento familiar también representa un problema significativo. Algunas familias contrajeron deudas cuando las tasas de interés eran bajas, mientras que otras lo hacen ahora para cubrir gastos básicos, como alimentación. No se trata de un comportamiento especulativo, sino de un recurso necesario para subsistir.
Un gráfico del Banco Central indica que la carga de las deudas familiares sobre el total de los salarios alcanza el 23%. Comparando la deuda familiar con el PBI, el porcentaje es del 12%, un dato alarmante si se contrasta con el 5% del comienzo de 2024, en la primera evaluación de Milei al frente del gobierno. Aun cuando Milei insiste en que se trata de un problema privado, la magnitud de este asunto lo convierte en un desafío político.
Al reunir la participación de los servicios públicos y la deuda familiar, a finales de 2023 esa carga en el salario promedio alcanzaba el 19%. Hoy esta cifra ha escalado al 38%, lo que representa un gran peso político para muchas familias.
Otro factor a considerar es el gasto en apuestas, particularmente en deportes, que afecta a los jóvenes. Aunque los datos en Argentina son escasos, un estudio de la Reserva Federal de Nueva York, realizado por Jacob Goss y Daniel Mangrum, sugiere que la legalización del juego online impactó significativamente en el endeudamiento bancario y en préstamos para la compra de vehículos en aquellas regiones donde fue autorizado.
Desde la llegada de Milei, la agenda pública ha cambiado, evidenciado en cómo la inflación ha descendido a solo el 5% entre las preocupaciones de los argentinos, siendo el Gobierno el principal responsable de esta transformación.
La gran incógnita reside en si la clase política, especialmente Milei, puede ajustar su interpretación del contexto actual, influido por su propia gestión. Esto plantea un reto fundamental del liderazgo: mantenerse en sintonía con el tiempo presente, evitando caer en el anacronismo o en ofrecer respuestas que pertenecen a épocas pasadas. A medida que la sociedad evoluciona, también lo hace la agenda política, y el Gobierno se enfrenta a un desafío considerable. Sin embargo, su situación no es tan mala.
El Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella reveló que, después de una caída de seis puntos el mes pasado, el indicador subió un 6,4%. Este índice, que mide la confianza del público en el Gobierno de un rango de cero a cinco, se sitúa ahora en 2,06.
El promedio durante la gestión de Milei es de 2,36; el de su antecesor Macri fue de 2,27, mientras que el de Fernández se situaba en 1,69, destacando que Milei no se encuentra en una posición desfavorable. Un índice de 2,06 sugiere que, si se realizaran elecciones en este momento, el actual Presidente obtendría un 41,2% de los votos. Para asegurarse una victoria en primera vuelta, necesitaría que su competidor no obtuviera más del 31,2% de los sufragios; de lo contrario, tendría que enfrentarse a una segunda vuelta, lo que representaría un desafío adicional.
Cabe mencionar que estas cifras no son comparables con un escenario electoral típico, ya que en este momento no hay campaña en curso. El enfoque central es que el Gobierno mantiene una competitividad aceptable, aunque enfrenta retos significativos, especialmente en un contexto económico que genera descontento en la población. Además, tiene el extraordinario requerimiento de actualizar su visión ante los cambios impulsados por su propia gestión, que si bien ha reducido la inflación, ha realizado ajustes drásticos en los salarios.
El sociólogo e historiador Juan Carlos Torre publicó un libro titulado “Diario de una temporada en el quinto piso”, que narra su experiencia trabajando con Juan Sourrouille durante el gobierno de Alfonsín en la implementación del Plan Austral. La obra no solo es un testimonio de aquel gobierno y su programa, sino que también examina la lógica detrás de los planes de estabilización.
Torre sostiene que un plan de estabilización exitoso debe cumplir con tres requisitos. Primero, debe poseer consistencia técnica. Existen diferencias entre los economistas respecto a si el programa de Milei y Luis Caputo cumple con esta condición. Algunos consideran que presenta fallas, dado que el ajuste propone un nuevo problema fiscal debido a la caída en la recaudación. Esta es una dificultad que actualmente impacta en el Tesoro nacional, evidenciada en la apropiación de fondos destinados a obras, como la reconstrucción de rutas, para financiar otras actividades.
La segunda condición, según Torre, es que el plan debe ofrecer una perspectiva alentadora que motive y sustente a la población durante tiempos difíciles. Todo plan de estabilización genera cierto nivel de atraso salarial, por lo que implica sacrificios. El Gobierno parece ser consciente de esto: la “tierra prometida” que Milei ofrece no es sino una visión optimista de lo que el país podría llegar a ser, evocando el esplendor de épocas pasadas.
Sin embargo, las encuestas también reflejan la insatisfacción de aquellos que han cumplido con el sacrificio y no ven los resultados esperados. El tercer aspecto esencial es que los líderes a cargo de implementar estos planes deben mostrar empatía hacia las personas afectadas, que siempre existen. La conexión con estas exigencias resulta fundamental. Dentro del propio gobierno parecen convivir dos visiones sobre cómo abordar este desafío. Un grupo, más alejado de la política convencional, sostiene que es necesario comunicar a la ciudadanía que la buena noticia está en camino, aun cuando actualmente sea necesario reestructurar la economía.
Milei, en un fragmento de su discurso del pasado 17 de agosto, mencionó: “La libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante. Los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama siempre se enfocan en el descontento y la pobreza para romper con el orden. Si la libertad no exhibe sus frutos -que son el bienestar y la propiedad económica-, la ciudadanía olvida su valor”.
Lo que Milei expresa es que, si los beneficios no alcanzan a la población y se perciben únicamente las celebraciones de unos pocos técnicos, la noción de libertad se ve comprometida. Surge así la cuestión: ¿es este discurso elaborado por él o proviene de la oficina de Santiago Caputo, experto en encuestas? Es probable que los asesores estén advirtiendo que la agenda está cambiando. Paradójicamente, lo enunciado por el presidente se asemeja a propuestas de Néstor Kirchner: “Es con la gente adentro”.
La imagen de Milei parece ahora estar influenciada por Santiago Caputo. Quienes se encargan de su discurso aseguran que este fue redactado por Julián Hampton, colaborador cercano y primo de Derek Hampton, asesor de Patricia Bullrich en su campaña.
Una categorización propuesta por el analista Andrés Malamud puede resultar útil para comprender el momento actual del Gobierno. Según él, hay dos tipos de líderes: uno que repite un mensaje constante a lo largo de su carrera, que encuentra su momento histórico y se adueña de él, aunque, con el tiempo, puede quedar anacrónico si la realidad evoluciona en otra dirección. El otro tipo de líder adapta su mensaje a los cambios socioculturales, aunque no renuncia a su esencia.
Milei parece pertenecer al primer grupo, aquel que obtiene el poder en respuesta a un reclamo particular de la historia, pero que luego se aferra a propuestas que no necesariamente se ajustan a las nuevas realidades. Su perspectiva parece ser que gobernar es aplicar una receta científica que debe ser estrictamente ejecutada en la sociedad, desestimulando la intervención en el mercado y responsabilizando a las familias endeudadas de su situación.
No obstante, el Gobierno implementó el RIGI, un recurso que beneficia a ciertos sectores pero no a otros. Las industrias de minería, petróleo y gas, por ejemplo, reciben privilegios fiscales que no son otorgados a las demás áreas. Es una visión donde la intervención del gobierno se considera innecesaria y, en cambio, se celebra un proceso denominado “destrucción creativa”, que implica que la eliminación de viejos modelos trae consigo el dolor correspondiente.
Ricardo Arriazu, un economista que apoya la gestión de Milei, ha advertido sobre el uso de este concepto, recordando que la destrucción suele ser mucho más veloz que la creación, y que este desfase puede generar un conflicto político que se traduce, posiblemente, en una derrota en las elecciones.
Parece que en esta perspectiva también hay una connotación ideológica vinculada a una aspiración revolucionaria: Milei anhela llevar a cabo una revolución que se basa en un marco teórico rígido. Esta concepción implica una falta total de empatía y va en contra de lo que Torre propone. Milei sostiene que si se prestara atención a las víctimas, se incurre en un retraso que traicionaría la idea original, prefiriendo sacrificar su futuro político antes que modificar su visión de gobierno.
Esta noción recuerda a las revoluciones de izquierdas que prometen un futuro utópico, aunque su implementación implique un costo humano significativo. Surge la interrogante sobre si esta visión es auténtica en Milei o si, por el contrario, está actuando con astucia y de forma calculada respecto al costo político.
Una encuesta de Casa 3, dirigida por Mora Jozami, revela que el 39% de los encuestados no ha tomado créditos en los últimos meses, mientras que el 58% sí lo ha hecho. Entre los votantes de Milei, el 51% asegura no estar tan endeudado, en comparación con el 75% de quienes apoyaron a Massa, lo que podría sugerir que Milei olvida a quienes están en apuros económicos, pues esta fracción de votantes podría no confiar en él.
Argentina atraviesa una encrucijada. Existe una fuerte incertidumbre en la política, con un clima propicio para que surjan alternativas que se distancien de la narrativa del Gobierno. Sin embargo, percibir esta necesidad de cambio es complicado, dado que gran parte de la sociedad exige un giro hacia algo nuevo, pero al mismo tiempo repudia el regreso a los gobiernos anteriores. Esto representa un dilema que resulta difícil de resolver.
La situación se presenta como una cuadratura del círculo, donde la ciudadanía anhela cambios en la gestión actual, pero también busca salvaguardar algo de esta experiencia y evitar retornar al pasado. Las expectativas son diferentes a las de finales del mandato de Macri, cuando la población eligió el retorno de Cristina Kirchner, disfrazado a través de Alberto Fernández. Ahora parecen buscar un líder que represente una combinación, una figura que valore el equilibrio fiscal sin recurrir a medidas drásticas.
Alfonso Prat-Gay mencionó en meses pasados que la administración actual parece diseñada para satisfacer a Wall Street, aunque desde esa trinchera no se le otorga confianza, limitando su acceso a la emisión de bonos. La pregunta es si Wall Street preferirá un ajuste que considere humanitario o si espera que haya un costo social para asegurar el cumplimiento de los pagos.
Las encuestas también indican que los ciudadanos se posicionan mayoritariamente en el centro del espectro político, lo que sugiere que Milei no logra conectar eficazmente con un 36% de la población. En este sentido, la difícil polarización actual podría dejar sin representación a ese segmento del electorado.
La gestión del Gobierno busca unir fuerzas y traer elementos del centro para conectar con quienes se sienten desilusionados por las políticas que se perciben crueles y deshumanizadas. En este contexto, el expresidente Macri intenta definir su estrategia en función de no desilusionar a sus votantes, mientras el Gobierno de Milei parece abierto a ofrecer promesas de futuro optimista. En un giro inesperado, Milei ha manifestado su intención de pelear por la reelección y busca consolidar su espacio de cara a las elecciones.
Sin embargo, el escenario mundial es incierto y se avecinan eventos significativos que influirán en la política argentina, como las elecciones en Brasil y en Estados Unidos, que se desarrollarán en un corto periodo. A esto se suma la esperada visita del Papa, donde podría haber un intercambio interesante entre Milei y el líder religioso en un ambiente tenso y atractivo desde lo político.
Los análisis sobre la salud emocional de Milei surgen a raíz de su interacción en la esfera pública, pero resulta difícil juzgar su estado mental. En este sentido, el discurso acerca de la caída demográfica vinculado al aborto puede tener implicaciones significativas, sobre todo con la inminente llegada del Papa. La coincidencia de fechas con la primera encíclica de León XIII, que aborda cuestiones de justicia social, coloca a Milei en una posición compleja.
En conclusión, la próxima visita del Papa podría marcar un hito en un ciclo internacional lleno de incertidumbre, comenzando con el proceso electoral en Brasil y culminando en el encuentro con Milei. Este contexto impredecible requerirá atención, ya que resultados adversos para el Gobierno podrían amplificar el descontento social y, en última instancia, repercutir en la estabilidad del liderazgo de Milei.









