La devaluación no se materializa como muchos políticos y analistas habían pronosticado, a pesar de que la autoridad monetaria adquirió miles de millones de dólares en el primer semestre del año. Si anteriormente vendía reservas para estabilizar la divisa, ahora la compra se realiza controladamente. Durante el período mencionado, el Banco Central compró más de 10.000 millones de dólares, alcanzando su segundo mayor registro en los últimos veinte años, detrás de un año 2024 marcado por un control de cambios y un tipo de cambio real un 25 por ciento más alto que el actual.
Este contexto lleva a cuestionar qué podría ocurrir si el Banco Central decidiera cesar su intervención compradora y hasta dónde podría descender la cotización del dólar. La expansión de Vaca Muerta desde 2023, junto con una cosecha récord y las inversiones mineras, ha modificado el panorama fiscal y monetario en Argentina.
Algunos economistas sugieren que los años caracterizados por la “restricción externa” que definían los ciclos económicos argentinos podrían haber quedado atrás. Recientes informes, que se alejan de la lógica libertaria, respaldan este cambio.
La venta de divisas del sector agropecuario se mantuvo alineada con su promedio histórico, reportando más de u$s 10.000 millones entre enero y abril, según datos del Banco Central. Asimismo, el sector energético, que solía generar poco más de u$s 1.000 millones entre 2012 y 2023, ha visto un incremento a 8.000 millones este año.
El aporte de los sectores energético y minero representa casi un 85% de lo generado por el agro, superando en u$s 7.000 millones su promedio de las dos últimas décadas. Por su parte, el sector público ha mantenido un gasto activo, pagando 4.400 millones netos de deuda en moneda extranjera.
Además, se han registrado aumentos en los encajes por depósitos en dólares, sumando 700 millones, junto a otros movimientos por u$s 300 millones. La flexibilización en la compra de dólares de ahorro desde abril del año pasado posibilitó que los individuos adquirieran u$s 12.000 millones a inicios de 2026.
Gracias a estas cifras, las reservas brutas han crecido 6.600 millones en lo que va del año, ascendiendo de aproximadamente u$s 41.000 millones a fines de 2025 a casi u$s 48.000 millones en la actualidad.
El coeficiente entre reservas y PIB ha pasado del 6,5% al cierre del año pasado al 7,5% a mediados de junio de 2026. Aunque el promedio regional es casi el doble, esto representa un avance, aunque todavía queda camino por recorrer para establecer un verdadero equilibrio macroeconómico.
La banca pública enfatiza un aspecto fundamental que favoreció el superávit: la disminución en la demanda de dólares por parte del sector industrial. El saldo cambiario pasó de u$s -4.000 millones en 2020-2023 a u$s -2.000 millones en 2026, ajustado a dólares constantes.
Esto sugiere que el histórico cuello de botella, donde la industria demandaba más dólares de los que los demás sectores podían ofrecer, podría estar eliminándose gracias a una menor demanda y una mayor oferta.
Se señala que aunque el crecimiento del sector petrolero y minero ha contribuido a la mejora de la posición del Banco Central, la disminución en la demanda industrial también ha jugado un papel esencial, con un “ahorro” de u$s 2.000 millones que representa casi la mitad del progreso.
El índice de producción industrial arrojó una caída del 2,1% mensual en abril y una contracción del 2,1% interanual. Se observa que el período de reducción en la demanda de divisas para la producción manufacturera coincide con la mejora en la posición de la autoridad monetaria en el mercado de cambios.
Sin embargo, el panorama industrial no es alentador. De acuerdo a un informe reciente, tanto la actividad del sector como la de la construcción han experimentado caídas, lo que afecta el nivel de empleo y repercute en las dinámicas sociales.
La caída del 11,5% en la actividad industrial en comparación con la primera mitad de 2023 es un dato relevante que resalta la amplitud entre sectores, disparándose de 20 puntos en el promedio de 2023 a más de 45 en 2026. Si bien 12 de las 16 ramas industriales produjeron menos que en el mismo período del año anterior, las reducciones variaron del 22% en el sector textil al -0,4% en alimentos y bebidas, consolidando así la caída de la actividad industrial como un aliado silente del Banco Central en su estrategia de compra de dólares durante la primera mitad de este año.









