“Todos los argentinos sabemos lo complicado y oneroso que es todo el sistema tributario”, comenta José Chediack, destacado empresario agroindustrial con importantes desarrollos en las provincias de San Juan, La Rioja y Corrientes. “Pero este sistema opera como un freno de mano cuando uno piensa en nuevas inversiones”.
Chediack, presidente de SolFrut, una de las principales compañías productoras de aceite de oliva, también está expandiendo su producción hacia los pistachos y lidera un significativo proyecto arrocero en el norte de Corrientes. “El gobierno lo tiene claro: por eso se generaron los RIGI (Régimen de Incentivo para las grandes Inversiones) para proyectos de más de 200 millones de dólares, orientados hacia la generación de un flujo significativo de divisas. En el segundo caso, los ‘RIMI’, no se consideran pymes si facturan más de 9 millones de dólares. Las pymes siempre han sido grandes generadoras de empleo”.
El principal inconveniente radica en el IVA de las compras que permanece estancado y en los sistemas de amortización contable regulados. Chediack expone: “la problemática de algo que se amortiza en 20 años; pero de repente en los primeros años, el proyecto esté dando un resultado contable positivo y tenemos que empezar a pagar impuesto a las ganancias cuando todavía no está maduro desde el punto de vista económico financiero”.
Otro desafío es la retención del IVA de compras: “Hasta que no hay una facturación significativa y con valor agregado no podemos absorber ese crédito generado”.
Estas cuestiones son las que intentan abordarse con los programas RIGI y RIMI. “No obstante, muchas empresas superan la barrera de los 9 millones y, por lo tanto, nos categorizan como grandes y no calificamos para el RIMI. Sin embargo, tampoco contamos con la inversión de más de 200 millones de dólares para ser elegibles para el RIGI”. Este grupo, aclara, está vinculado mayormente a empresas regionales del sector agroindustrial.
“Si se realiza una inversión en una industria que pronto empieza a generar facturación, la problemática del crédito del IVA retenido durante dos años se vuelve secundaria, porque en poco tiempo podré recuperar ese crédito. No obstante, en proyectos como el arrocero, donde la sistematización y la construcción de infraestructura requieren varios años, el retorno se espera a largo plazo. Ni hablar de frutos secos, pistachos, nueces pecanas, naranjas o limones. Estos son proyectos con un ciclo de inversión prolongado, que se materializa en el octavo o noveno año. En este contexto, como está diseñado el sistema tributario argentino, ese IVA (sin ajuste por inflación) se convierte en una carga formidable durante ocho o nueve años.”









