Medios británicos han reportado que la situación del archipiélago figurará entre los temas a discutir por ambos líderes, quienes también abordarán otros conflictos internacionales, incluidos la guerra con Irán y la crisis en Ucrania, así como cuestiones relacionadas con la inteligencia artificial. Burnham y Trump han mantenido al menos dos conversaciones telefónicas, siendo la más reciente el lunes pasado, donde discutieron sobre esfuerzos relacionados con un alto el fuego en Ucrania y temas de carácter económico.
El presidente argentino, Javier Milei, también estará presente en la Asamblea General, y fuentes diplomáticas argentinas no descartan la posibilidad de un acercamiento con su par estadounidense para discutir el histórico reclamo sobre las Malvinas. En semanas recientes, Trump ha insinuado en diversas ocasiones que podría no respaldar al Reino Unido en la disputa de soberanía, ligando esa postura a la negativa británica de involucrarse en la guerra que Estados Unidos e Israel están librando contra Irán.
Trump, además, se refirió a Burnham como “un tipo muy simpático”, aunque expresó que lo percibe “del lado liberal”. El líder estadounidense generó controversia al manifestar su apoyo a la fusión entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, una posición que ha sido firmemente rechazada por el gobierno británico, que sostiene que no existe el respaldo popular necesario para convocar un referéndum al respecto, conforme al Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Esta postura se considera favorable al argumento argentino.
En medio de las tensiones sobre la soberanía de las Islas Malvinas, el proyecto Sea Lion, un yacimiento petrolero en aguas profundas a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, se erige como un punto crucial en la disputa. El consorcio Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum impulsa su explotación, mientras que el gobierno argentino lo califica como “un peligro claro e inmediato” para sus intereses.
La Cancillería argentina también rechazó de forma enfática una guía emitida por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, titulada “Haciendo negocios con las Islas Malvinas”, que promueve actividades comerciales y de exploración hidrocarburífera en la región, y sostiene que las leyes argentinas no son aplicables a las islas. El comunicado oficial reafirmó que “los citados archipiélagos y espacios marítimos son parte del territorio nacional argentino y están ilegítimamente ocupados por el Reino Unido”.
El gobierno argentino ha incrementado la presión sobre las empresas relacionadas con Sea Lion. Las tres principales compañías de servicios petroleros del mundo, incluyendo Halliburton y Baker Hughes, han expresado públicamente su declinación a participar en el proyecto, lo que se atribuye al riesgo de perder acceso al mercado argentino, sobre todo al yacimiento de Vaca Muerta. Rockhopper, por su parte, ha indicado que no anticipa que las acciones del gobierno argentino afecten materialmente el desarrollo del proyecto, que tiene previsto iniciar la extracción en 2028 con una fase inaugural de 170 millones de barriles.
El entramado normativo argentino incluye la Ley N° 26.659 de 2011, ampliada en 2013, y el Decreto N° 868/2026, que acortó los plazos para los procedimientos sancionatorios. Hasta el momento, la Cancillería ha enviado alrededor de 180 notas de advertencia a personas y empresas en 30 países, ha iniciado 60 procedimientos administrativos y el canciller Pablo Quirno ha presentado tres denuncias penales contra 10 compañías y sus directivos, con penalidades que oscilan entre cinco y veinte años de inhabilitación para operar en el país.
Además de las disputas geopolíticas, también existen desacuerdos entre Londres y Washington en el ámbito tecnológico. Funcionarios estadounidenses han expresado su descontento en privado por la legislación británica de seguridad en línea y la futura prohibición de acceso a redes sociales para menores de 16 años. Trump, en este contexto, ha descartado la necesidad de “salvaguardas” regulatorias para la inteligencia artificial, a diferencia del gobierno británico, que promueve un marco de supervisión más riguroso.
En este marco, el embajador argentino ante Estados Unidos, Alec Oxenford, compartió recientemente una reflexión que revela la coincidencia entre Milei y Trump. “Hay una poderosa convergencia: ambos entienden que la respuesta a la disrupción tecnológica no es detener la innovación, sino liberarla, liderarla y gestionar sus riesgos sin permitir que el miedo paralice el progreso”, publicó en su cuenta de X. Asimismo, destacó la adhesión de Argentina a Pax Silica, una iniciativa destinada a construir infraestructura tecnológica entre aliados que compartan valores democráticos, subrayando que el país cuenta con recursos suficientes para competir en distintos segmentos de la cadena de valor de la inteligencia artificial, desde minerales críticos hasta semiconductores y centros de datos.









