El análisis de Grabois se estructura en tres ejes simbólicos que, según él, revelan el profundo significado del texto: el nombre del Papa, el título de la encíclica y una metáfora bíblica que recorre el documento. En lugar de convertirse en un tratado técnico sobre algoritmos y sistemas digitales, “Magnifica Humanitas” se enfoca en los seres humanos —hombres, mujeres, niños y niñas— frente a los cambios que la revolución digital ya ha traído a la vida cotidiana.
El primer símbolo alude a la historia de la doctrina social de la Iglesia. Al optar por el nombre León XIV, el Papa Robert Prevost establece una conexión directa con León XIII, quien en 1891 abordó las condiciones de explotación de la primera Revolución Industrial a través de la “Rerum Novarum”, cuya temática principal era “Sobre la situación de la clase trabajadora”. Grabois hizo referencia a la obra de Charles Chaplin para describir esa época: largas jornadas laborales, falta de salarios justos, escasez de vivienda y prohibiciones para formar sindicatos. La encíclica de aquella época criticó la revolución técnica sin un cambio humano significativo. En comparación, la actual busca abordar las “cosas nuevas” —rerum novarum— del siglo XXI, con la IA como elemento central.
El segundo símbolo es el mismo título. “Magnifica Humanitas” se relaciona con el Magnificat, la oración de María donde se manifiesta la grandeza divina en el reconocimiento de los humildes y en la limitación del poder de quienes dominan. Para Grabois, esta referencia contiene una crítica hacia los actores que concentran el poder tecnológico: “poderes que pueden ser estatales, pero sobre todo supraestatales o paraestatales, que han concentrado un poder pocas veces visto para influir en nuestra conducta, nuestros deseos y para realizar un extractivismo de nuestra personalidad más íntima”, manifestó. En este marco, la encíclica describe la tecnología como algo completamente no neutral, ya que refleja la identidad de quienes la crean, financian, regulan y utilizan.
La tercera clave simbólica es una metáfora bíblica que León XIV desarrolla en el texto: la comparación entre la torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén por Nehemías. La torre simboliza la soberbia que busca dominar, ignorando a los trabajadores que la construyen —presumiblemente esclavos, según apuntó Grabois— y los riesgos que esta construcción conlleva para la humanidad. En contraste, los muros de Nehemías se levantan de manera colectiva y no separan, sino que protegen. “Hay que ver cómo estás construyendo, qué estás construyendo”, resumió Grabois, citando al Papa y aplicando esa imagen a realidades concretas como cooperativas, vivienda social, organización barrial y reforma agraria.
Este concepto de construcción colectiva se relaciona en la lectura de Grabois con el cuarto capítulo de la encíclica, que se centra en la protección de lo humano en medio de la transformación digital. León XIV identifica tres dimensiones que están bajo amenaza. La primera es la verdad, donde advierte sobre formas de desinformación que han superado la simple posverdad. La segunda es la dignidad del trabajo, mencionando el peligro de desempleo masivo y denunciando diversas formas de servidumbre vinculadas a la economía digital. La tercera es la libertad, con el Papa alertando sobre la dependencia de dispositivos digitales y cómo estos impactan en la autonomía personal.
Respecto a la concentración del poder tecnológico, la encíclica es clara al afirmar que “no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos” y subraya que el criterio orientador debe ser la dignidad de cada ser humano y el bienestar de los pueblos. Grabois interpretó este pasaje como un llamado a restaurar la regulación pública sobre la IA, enfatizando que se requieren “marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios y una política que no renuncie a su tarea”.
El análisis también abordó los cinco principios de la doctrina social de la Iglesia que la encíclica actualiza: bien común, destino universal de los bienes, solidaridad, subsidiariedad y justicia social. En relación con la subsidiariedad, Grabois defendió el valor de las mediaciones colectivas —sindicatos, movimientos populares y organizaciones comunitarias— frente a la descalificación del término “intermediación”. La encíclica respalda esta idea al afirmar que la comunidad organizada posee un valor intrínseco donde el mercado no logra llegar y el Estado no se halla presente.
Sobre el tema de la guerra y la IA, Grabois destacó que León XIV rechaza la delegación de decisiones letales a sistemas autónomos, afirmando que la teoría de la “guerra justa” ha quedado obsoleta. La encíclica sostiene que “no es lícito confiar decisiones letales o de otro modo irreversibles a sistemas artificiales” y solicita un marco internacional que detenga la carrera armamentística tecnológica.
En cuanto a la educación digital, esta tiene un espacio propio en el documento. El Papa sugiere una educación que promueva el “ayuno de la IA” y llama a las escuelas a ser entornos de relaciones que la tecnología no puede sustituir. Grabois subrayó este aspecto para demandar políticas públicas de educación digital integral que aborden problemáticas como el grooming, las apuestas en línea por parte de menores y la adicción a las pantallas, destacando que la falta de estas iniciativas genera, según la encíclica, un daño duradero a la libertad de los más jóvenes.









