En una conversación, Quique evocó los años dorados de la categoría 1987 de Newell’s, un equipo que deslumbraba en Rosario con un pequeño número 10, Lionel Messi, como su estrella.
“Llega un momento en que digo: todo lo que hay que decir de Leo lo dice él dentro y fuera de la cancha. Todo lo que diga yo es mínimo. Leo ha transformado su profesión en algo indescriptible”, afirmó.
Domínguez es padre de Nicolás y Sebastián, este último con una destacada trayectoria en clubes como Vélez Sarsfield y la Selección argentina.
A lo largo de más de 20 años observando la carrera de Messi, Domínguez confesó que se había acostumbrado a lo extraordinario. Sin embargo, en este Mundial, volvió a experimentar sensaciones que creía perdidas.
“He vuelto a sentir lo que sentía al comienzo de su carrera. Volví a gritar un gol como nunca lo había gritado hace mucho tiempo”, reveló.
Quique recordó que se preocupó cuando vio al astro fallar un penal contra Austria, notando cómo su estado anímico se vio afectado.
“Después del penal fallado, lo vi anímicamente un poco caído y me preocupaba. Pero cuando hizo el primer gol, lo grité porque era un gol de venganza. Era decir: ‘Acá estoy, me equivoqué, salió mal, mérito del arquero o lo que sea, pero acá estoy’”.
Pero lo que más lo impresionó fue el segundo gol del capitán argentino.
“En el minuto 94, un tipo de 39 años jugando al más alto nivel del fútbol mundial convierte un gol mostrando técnica, habilidad, definición, potencia y bravura. No necesita demostrar nada más, pero lo hace porque disfruta jugar”, explicó.
A pesar de haber sido parte clave en la formación de Messi en Newell’s, Domínguez compartió un dato sorprendente: no ha vuelto a encontrarse con él desde finales de 1999.
“Lo vi por última vez el 29 de diciembre de 1999, en el último entrenamiento que tuve con esa categoría”, recordó.
Ese día, decidió regalarles a todos los chicos la camiseta utilizada durante el año, lo cual provocó algunas críticas dentro del club, aunque nunca se arrepintió.
“Los chicos se iban de la escuela de fútbol para pasar a inferiores. ¿Cómo no les iba a regalar la camiseta? Eran más de ellos que del club”, relató.
Incluso rememoró una frase que expresó en ese entonces, la cual resulta profética hoy: “Le dije al Negro Almirón que no iba a trabajar más en fútbol porque ya había entrenado al mejor jugador del mundo”.
Han pasado 26 años desde entonces y no ha vuelto a tener contacto directo con Messi.
“Hablé algunas veces con el padre. Antes del Mundial de Qatar participé de un video con la madre. Pero con Leo no hablé más”.
Lejos de buscar reconocimiento, Domínguez enfatizó que su contribución en la historia del capitán argentino es mínima.
“Todos me dicen que puse un granito de arena. Pero cada vez es más chiquito el granito de arena que puse yo”, expresó entre risas.
Y añadió una reflexión que representa su admiración por aquel niño que brillaba en las divisiones infantiles de Newell’s: “Leo se hace tan grande, tan colosal, que minimiza a todos los que estuvimos alrededor de él. Todo lo hace él. Si hoy estamos hablando de mí es pura y exclusivamente por lo que hizo Leo”.
Para Quique, ya no queda nada por exigirle al capitán argentino. Por ello, en el día de su cumpleaños y mientras disputa lo que podría ser su último Mundial, le dedicó un mensaje lleno de afecto y gratitud.
“Este último baile tiene que ser el que más disfrute él. Nosotros ya lo disfrutamos infinitamente. Ya está, Leo, ya nos regalaste la Copa del Mundo. Ahora jugá para vos, divertite, hacé lo que quieras, te lo ganaste”, manifestó Domínguez.
Concluyó enfatizando un sentimiento compartido por muchos argentinos: “No creo que haya un argentino que no le permita hacer lo que quiera, porque nos ha dado infinitamente más de lo que nosotros le hemos dado a él. Es imposible no desearle lo mejor. Y, ¿por qué no?, dejarme soñar. Si lo más lindo que una persona tiene son los sueños”.
A sus 39 años y en los últimos años de su carrera, Messi continúa emocionando incluso a quienes fueron testigos de sus primeros pasos. Para Quique Domínguez, aquel entrenador que lo guió en Rosario hace más de un cuarto de siglo, cada gol del capitán sigue siendo un motivo de orgullo, admiración y agradecimiento.









