En un contexto de creciente tensión financiera tanto a nivel local como internacional, que ha llevado el riesgo país a superar nuevamente los 500 puntos básicos, el Gobierno ha centrado su atención en una prioridad fundamental: estabilizar el precio del dólar. En el mercado mayorista, la divisa se cotiza a $1495, tras un aumento notable en junio, y presenta un incremento acumulado de solo un 2,6% en lo que va del año (0,7% en agosto), con los $1500 como una barrera que condiciona varias decisiones y acciones coordinadas entre el Ministerio de Economía y el BCRA, que están atentos a las repercusiones que un movimiento en el tipo de cambio puede tener sobre otras variables, como la inflación y los ingresos. “Están implementando una estrategia combinada, donde se busca modificar la expectativa sobre una posible devaluación adicional. Se permitió un aumento del dólar en mayo y julio, con un crecimiento nominal cercano al 8%, y desde mediados de julio, se lo mantiene estable alrededor de $1500”, expresó un economista acerca de un enfoque que incluye diversos elementos. En cuanto a las tasas de interés en pesos, mientras las presiones sobre el tipo de cambio se consolidan, también crece la expectativa de los inversores que exigen un mayor rendimiento por mantenerse en pesos. En las semanas recientes, a pesar de proyecciones de inflación decrecientes, se ha observado un incremento en las tasas de interés en pesos, acentuándose en los últimos días. Por ejemplo, la tasa Tamar, referencia entre entidades bancarias, había caído por debajo del 22% anual a principios de julio y, en la actualidad, supera el 24% nominal anual. Con mayor volatilidad, la tasa de caución a un día también ha registrado un aumento, cerrando ayer por encima del 28%. “Mientras exista incertidumbre sobre el valor del dólar y las presiones no se desactivan, sino que se controlan, para sostener el tipo de cambio por debajo de $1500, la percepción de que el dólar debería valer más permanece, lo que se traduce en una mayor tasa de interés, ya que el inversor considera que hay un riesgo al estar en pesos y exige un rendimiento superior”, explicó un titular de una consultora. En tanto, el Gobierno continúa concentrando esfuerzos en mantener el tipo de cambio en este nivel, mientras que las expectativas del mercado sugieren un aumento para el año. En el último relevamiento de expectativas, se prevé que el tipo de cambio alcance los $1652 para diciembre, lo que representa un incremento aproximado del 9%. “Siempre que se establece un techo en el tipo de cambio, a la larga, la tasa tiende a aumentar ya que se incorpora un extra por mantenerse en una moneda cuyo valor está contenido. La mayoría espera que, hacia fin de año, se produzca un deslizamiento, lo que va en contra de esas previsiones”, concluyó el analista, respecto de una dinámica que afecta negativamente el costo del crédito y las posibilidades de reactivación económica. En cuanto a las coberturas cambiarias, se observan como una de las herramientas menos visibles del BCRA y el Tesoro, aunque han cobrado protagonismo en el último tiempo. Desde finales de mayo, el volumen total de estos instrumentos (bonos que ajustan su valor conforme a la variación del tipo de cambio) casi se ha cuadruplicado, según fuentes del sector. Estimaciones indican que este stock pasó de US$3200 millones a más de US$12.000 millones en agosto. Este total incluye bonos ajustables al tipo de cambio y bonos duales, que ofrecen al tenedor la mayor rentabilidad entre una tasa variable en pesos o la variación del dólar, en un esquema que protege al inversor de eventuales fluctuaciones cambiarias. De manera paralela, también ha aumentado el interés abierto en el mercado de dólar futuro, que creció de US$2790 millones en mayo a US$4526 millones en julio, con el Tesoro y el BCRA actuando en ambos mercados. En julio, según datos, el promedio diario de operaciones de bonos ajustables al tipo de cambio se incrementó de US$261 millones en abril a US$532 millones en julio. La reducción en la compra de reservas por parte del BCRA se enmarca en una tendencia esperable considerando la dinámica de las exportaciones y el ciclo económico. Tras alcanzar un pico estacional en la primera mitad del año, con la liquidación de la cosecha gruesa, el BCRA disminuyó su ritmo de compras e interrumpió en julio una racha de 135 jornadas consecutivas con saldo positivo, que comenzó el 2 de enero. Las cifras oficiales indican que en julio el saldo comprador fue de US$2163 millones, mientras que en agosto el acumulado alcanzó solo US$339,5 millones, lo que también se refleja en los promedios diarios de intervención. Los niveles de compra se alejaron de los máximos de US$138 millones en abril y mayo, impulsados por la liquidación de agroexportadores y por un mejor saldo exportable en el sector energético debido a la suba en el precio internacional del petróleo. En agosto, el BCRA promedia compras diarias de solo US$31 millones, con un saldo de apenas US$10 millones ayer, el más bajo del mes. A pesar de que el dólar se encuentra dentro de la zona de flotación definida para abril de 2025, a fines de julio se produjo una intervención por parte del Tesoro mediante la venta de divisas. Durante esta operación, que no fue informada oficialmente, los depósitos del Tesoro en el BCRA se redujeron en US$146 millones, mientras que los depósitos en pesos aumentaron en $218.143 millones. Este episodio fue crucial dado el aumento de la demanda de divisas y se produjo precisamente cuando se fijaba el valor del tipo de cambio que aplicaría para el vencimiento de un bono dólar link, que debía pagar a sus tenedores el rendimiento en pesos.









