Su análisis proviene de una vasta experiencia en un contexto de reglas cambiantes. “Tenemos que empezar de abajo como país”, afirmó. Enumeró con claridad los problemas que enfrenta Argentina: gran parte de los ahorros de los ciudadanos se mantiene fuera del sistema financiero, un porcentaje significativo de la economía no tributa, el tamaño del Estado resulta excesivo y la presión impositiva es considerable.
“Desde que comenzó Nordelta en 1999 hasta hoy, los impuestos han subido”, ilustró Costantini. A esto se añade un riesgo país persistentemente elevado en comparación con la inflación internacional, lo que encarece la realización de cualquier proyecto, a lo que se suma un alto nivel de corrupción que no solo es un dilema ético, sino que representa un coste real para la economía nacional.
Costantini también destacó que, a pesar de los problemas, hay sectores que muestran un buen desempeño—industras que presentan eficiencias relativas, como él las llamó. Sin embargo, fue claro al establecer el límite de las expectativas para una transformación inmediata: “Tenemos ineficiencias relativas: algunas industrias funcionan bien, pero enfrentamos otras que requieren transformaciones complejas y un largo tiempo para implementarlas”. Su análisis refleja la realidad actual: aunque el equilibrio macroeconómico puede mejorar, su impacto en el tejido productivo y en los ingresos de la población será un proceso prolongado.
El crédito hipotecario, en su opinión, es un claro ejemplo de esta desconexión entre las aspiraciones y la realidad. Para que exista un crecimiento genuino en este sector, se requieren grandes depósitos a largo plazo que puedan financiar préstamos a 30 años. “Se podrían emitir bonos, el banco que lo emita a 10 años, pero el crédito es a 30 años”, destacó.
Mientras no se logre resolver esta ecuación, el mercado de propiedades nuevas seguirá siendo más restringido que el de propiedades usadas; aunque las escrituras alcanzan niveles récord, las solicitudes se concentran en inmuebles existentes. Las propiedades nuevas, con costos de construcción que no se reflejan en los precios de venta, solo pueden mantenerse en el mercado si ofrecen características distintivas. “El nuevo, por los costos, tiene que tener atributos muy superiores al usado. De por sí tienen mejores atributos, pero tiene que hacer algo que sea único, que la gente lo perciba así”, añadió.
Recientemente, el segmento que ha experimentado un aumento es el de muy alto poder adquisitivo, donde la diferencia de precios puede absorber los costos, mientras que en el resto de la pirámide se enfrentan mayores desafíos.









