El jurado estuvo compuesto por representantes del CAUBA D7, la CEyS, la FADEA y los propios participantes, y contó con el apoyo de una asesora del concurso. Se presentaron un total de 80 propuestas, de las cuales se destacó, por unanimidad, la ganadora, por su fortaleza conceptual, su claridad espacial, y la coherencia entre su idea y su resolución arquitectónica.
El primer premio fue concedido a un equipo conformado por los arquitectos Jesica Bava, Alejandro Beautell, Cecilia Craig y Federico Craig. Su propuesta es concebida como un dispositivo espacial que promueve un diálogo significativo entre el espacio y la memoria.
El segundo premio fue para el estudio BIOMA con su proyecto titulado “Entre Ellos”. Además, se otorgaron cuatro menciones honoríficas a otros proyectos presentados.
El diseño ganador se aleja de la noción clásica de edificio, configurándose como un recorrido que fusiona arquitectura con paisaje en una experiencia sensible, relacionada con la transición entre la presencia y la ausencia. La edificación se organiza alrededor de un único muro continuo que marca un límite claro: un umbral que separa y, al mismo tiempo, conecta dos estados.
Este trazado crea un recorrido progresivo donde la percepción del espacio, la luz y el material varían gradualmente, acompañando el viaje emocional de los visitantes. La propuesta está fundamentada en una estructura geométrica rigurosa que regula tanto la disposición como la secuencia espacial. El acceso se establece a través de un amplio espacio abierto de carácter sereno, diseñado como un campo de memoria.
Sobre una superficie uniforme de césped se encuentran elementos de hormigón discretos que indican la presencia de las cenizas, formando un columbario horizontal que se integra al paisaje. Este primer espacio establece una conexión fundamental entre el visitante y la memoria colectiva, cimentada en la repetición, la escala y la continuidad.
El área de contemplación se sitúa en el punto de mayor importancia del recorrido; es un ámbito recogido, despojado de referencias explícitas, donde la arquitectura se reduce a lo esencial: luz, proporción y materia. Desde este punto de pausa, el recorrido se expande nuevamente hacia el exterior, permitiendo al visitante reinsertarse en el paisaje.
Desde el CAUBA se enfatizó que ‘el proyecto integral se estructura a través de una secuencia de espacios exteriores con diversas condiciones ambientales (agua, olmos y edificio), acompañando a los visitantes en un momento.’









