Esta transformación también se refleja en el mercado: la oferta de alimentos específicos, juguetes, ropa, accesorios, servicios de cuidado y negocios especializados ha generado una industria en constante expansión.
El adiestrador Alejandro Flores ha expresado su preocupación ante el hecho de que el interés por el bienestar de los perros no siempre se traduce en uno de los momentos más cruciales de su rutina diaria: el paseo.
Flores subrayó que a menudo se observa a dueños que sacan a sus perros a pasear tirando de la correa, dando unas pocas vueltas a la manzana y regresando rápidamente a casa. “Un paseo no es sacar al perro a mear; un paseo es disfrutar tú del perro y tu perro de ti”, afirmó en una entrevista. Para él, el problema surge cuando la salida se convierte en una mera tarea que el dueño desea finalizar lo antes posible.
El adiestrador considera que aquellos que pasean a sus perros de esta manera, fastidiados y solo buscando que su mascota haga sus necesidades, deberían reconsiderar tener un perro. Su crítica no se limita únicamente a la duración de la salida, sino también al vínculo que se establece en esos momentos entre el humano y el animal.
La evolución en la atención a las mascotas ha provocado un fenómeno conocido como “humanización de los perros”. Es cada vez más común encontrar productos y servicios diseñados específicamente para ellos, que van desde alimentos adaptados a necesidades específicas hasta juguetes elaborados, ropa y otros implementos.
Algunos especialistas sostienen que estas tendencias reflejan una creciente preocupación por el bienestar animal. Sin embargo, otros advierten que este enfoque puede llevar a los dueños a olvidar las necesidades particulares de sus perros al tratarlos como si fueran humanos.
La contradicción se presenta cuando un perro disfruta de numerosas comodidades en el hogar, pero pasa gran parte del día confinado y únicamente sale breves momentos para satisfacer sus necesidades. Esta situación es precisamente el foco de las críticas de Flores.
Salir a la calle para un perro no significa solo trasladarse de un lugar a otro; el exterior proporciona una variedad de estímulos, como olores, sonidos y la interacción con otros animales. Explorar ese entorno es parte fundamental de su experiencia diaria.
Por lo tanto, el paseo debe ser visto como un espacio de interacción entre el perro y su dueño. No todos los caninos requieren la misma cantidad de ejercicio: la edad, estado físico, tamaño y carácter influyen en sus necesidades individuales. Un perro joven y activo, por ejemplo, tiene requerimientos distintos a los de un perro mayor con problemas de movilidad.
Flores también se refirió a una situación común: el perro que camina con la correa tensa mientras su dueño trata de controlarlo. Este tipo de tirones constantes no es eficaz para enseñarle al animal cómo caminar con correa. El objetivo del entrenamiento debería ser lograr que el perro se desplace de manera relajada, estableciendo una comunicación efectiva entre ambos.
Además, la forma de sujeción es relevante. Los tirones bruscos pueden resultar incómodos y, dependiendo del collar, generar una presión innecesaria en el cuello del animal. El aprendizaje, según Flores, debería ser gradual y adaptado a cada perro.
La afirmación más contundente de Flores fue su visión acerca de la tenencia responsable: “El 90% de la gente de esta sociedad no tendría que tener perro. Tu perro es un infeliz y tu perro está todo el día en la casa metido en un sofá para salir dos veces a la calle, dos vueltas”, aseveró. Su estimación, más que una cifra científica, es una valoración sobre cómo muchas personas interactúan con sus mascotas.
Su planteo abre un debate crucial: tener un perro no se limita a incorporarlo a la familia, sino que implica asumir la responsabilidad de cubrir todas sus necesidades. La alimentación, el cuidado veterinario y un espacio adecuado para descansar son solo una parte de ello. También se debe considerar el movimiento, la exploración, la educación, el juego y el tiempo compartido. En este sentido, Flores sugiere que la pregunta no debería ser solo cuánto amor se tiene por un perro, sino qué calidad de vida se le brinda diariamente.









