La Fórmula 1 representa lo más alto del automovilismo, tanto a nivel deportivo como técnico. Con un desarrollo tecnológico que avanza a la par de la velocidad de los autos, los ingenieros han cobrado protagonismo. Sin embargo, esta complejidad en los sistemas de los vehículos puede resultar en incidentes como el acontecido con Valtteri Bottas en la reciente carrera en Azerbaiyán. La introducción de la motorización híbrida en 2014 añadió un nuevo nivel de complejidad, y este año, la proporción de potencia se distribuyó de manera equitativa entre los motores de combustión y los eléctricos. Sin embargo, la participación del motor eléctrico se vio limitada al 46% debido a problemas con la recarga de energía durante las competencias. En las últimas dos vueltas de la carrera, Bottas enfrentó un accidente en el circuito urbano de Bakú, provocado por un fallo del software que afectó la frenada de su Cadillac MAC-26. Este fallo se produjo tras un deslizamiento del piloto en la primera curva, lo que generó que recorriera más distancia de la anticipada. La unidad de control malinterpretó su ubicación en el circuito y activó prematuramente un sistema de recarga de energía, lo que comprometió su capacidad de frenado en la curva 15. Según trascendió, “el software le ganó al piloto”. En ese momento, Bottas se encontraba al final de la carrera, a 20 segundos del competidor Sergio Pérez, sin motivos para acelerar su ritmo. La transmisión internacional del evento no mostró el accidente, ya que estaba enfocada en la disputa por la victoria y en los enfrentamientos de la media tabla. Durante esa vuelta, Bottas bloqueó las ruedas delanteras en la primera curva y se dirigió a la vía de escape. Para regresar a la pista, tuvo que maniobrar, lo que alargó su recorrido habitual y confundió el sistema que gestiona la energía. La centralita electrónica determina la posición del monoplaza basándose en la distancia recorrida en cada vuelta, lo que regula la carga y recuperación de energía. Sin embargo, el desvío de Bottas provocó un reajuste del programa del automóvil antes de llegar al próximo punto de frenado. El segmento entre las curvas 12 y 15 presenta dos fases: inicialmente, el motor eléctrico aporta potencia, aunque esta disminuye hasta que desaparece; luego, el vehículo solo utiliza el motor de combustión para conservar energía antes de la recta. Al final de este sector, se puede activar el superclipping, donde el motor eléctrico trabaja junto al térmico para recargar la batería. Durante situaciones normales, esta función se restringe a una corta sección de la pista. En el caso del Cadillac, la unidad de potencia entró en modo de superclipping antes de lo necesario y con una intensidad excesiva para recuperar carga, aun cuando no era requerido. Al levantar el pie del acelerador en una suave curva de la recta, el auto perdió velocidad de inmediato. Al volver a acelerar, el sistema se activó casi instantáneamente, y el monoplaza disminuyó cerca de 60 km/h antes de frenar. Tras el episodio, Bottas comentó: “En esa misma vuelta bloqueé las ruedas delanteras en la curva 1 y me salí de la trazada. Luego, creo que los sistemas se confundieron un poco debido a la distancia extra. Tuve un superclipping enorme en la curva 15 y, cuando pisé el freno, solo funcionaban los delanteros, como si ya no estuviera recuperando energía en la parte trasera. Algo se estropeó ahí”. El circuito de Bakú había ofrecido resultados muy disímiles a Bottas en años anteriores: triunfó en 2021, pero en 2019, un pinchazo lo llevó al abandono cuando lideraba la carrera. Tras el evento, resumió su experiencia: “Fue un día largo y difícil y, lamentablemente, seguimos sin encontrar el ritmo”. El ganador de la carrera en Azerbaiyán, George Russell, expuso que el sistema se adapta de acuerdo a la regularidad en las maniobras del piloto: “Cuanto más constante seas, mejor aprende el sistema y puede optimizarse más para ese estilo. Si cambias el punto de frenada o la aceleración continuamente, el sistema se ajusta constantemente, por lo que no está tan optimizado”. Esta nueva era de la F1 ha obligado a los pilotos a adaptar su estilo de conducción, según puntualizó el piloto, quien compite por el título con su compañero de equipo en Mercedes. La Federación Internacional del Automóvil y la empresa responsable de los derechos comerciales de la Fórmula 1 buscan aumentar la electrificación para atraer nuevas fábricas. Este año, se han sumado nuevos equipos como Cadillac y Audi, además de Ford como motor de Red Bull. La controversia generada por el reciente aumento de potencia en los motores eléctricos ha sido notable, y algunos expertos, como el ingeniero argentino Sergio Rinland, han señalado que la FIA cometió un error con el reglamento. Lo ocurrido con Bottas representa un llamado de atención sobre la creciente influencia de la tecnología, que está minimizando el papel del piloto. En este caso, lo que falló no fue la conducción, sino una deficiencia en los sistemas electrónicos del monoplaza. El desenlace fue que el vehículo terminó impactando contra las defensas, aunque a una velocidad relativamente baja. Este episodio reabre el debate sobre cómo la tecnología puede afectar negativamente el deporte y su esencia. Sin embargo, aún hay quienes demuestran habilidades de conducción destacadas, como el piloto argentino Franco Colapinto, quien logró evadir un choque en la largada en Australia y realizó una maniobra estratégica en Bélgica para superar a sus rivales. La Fórmula 1 se erige como la cima del automovilismo por el nivel de sus autos, equipos y pilotos, pero el incidente de Bottas plantea una interrogante profunda sobre la necesidad de un avance tecnológico desenfrenado. El recordado Juan María Traverso, en una entrevista, expresó que el “auto es un 90 por ciento. Volvería a que el auto no tenga toda la tecnología que elimina al piloto. Ahora hay un sistema tecnológico y lo único que le falta al coche es que se baje el corredor y ande solo.”








