Los analistas consideran inminente este aumento de tasas, especialmente después de que el BoJ incrementara el interés al 1% en junio. Con esta nueva medida, la tasa alcanzaría su nivel más elevado desde 1993. Kazuo Ueda, presidente del organismo, ya había indicado a principios del mes que la inflación en Japón estaba en aumento y sugirió que habría una nueva alza durante este encuentro.
El BoJ sigue un camino de subidas en las tasas de interés con el fin de normalizar su política monetaria y estabilizar la inflación en el 2%, tras décadas de mantener tasas negativas para enfrentar la deflación y el estancamiento salarial.
“Siempre se pensó que la tasa de interés de referencia final rondaría el 2%, aunque hasta hace poco, los inversores creían que el Banco de Japón tardaría dos años en alcanzarla. Sin embargo, desde junio, esta expectativa ha cambiado drásticamente”, indicaron desde una entidad financiera.
Desde allí también señalaron que este cambio no parece estar directamente relacionado con la volatilidad de los precios del petróleo, sino más bien con la intervención cambiaria de Estados Unidos a finales de julio. Antes de dicha intervención, el yen se encontraba cerca de los 164 dólares, su nivel más bajo en casi 40 años, y actualmente se sitúa en 155 dólares.
Se recordó que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, expresó su expectativa de que el BoJ aumente las tasas a un ritmo más acelerado para apoyar la intervención y compra del yen. Este mensaje fue transmitido personalmente a Ueda y a la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, durante la reunión del G20 en Estados Unidos el 1 de septiembre.
“Dudamos que el Banco de Japón quiera sorprender a los inversionistas y a Scott Bessent manteniendo la tasa de política monetaria sin cambios en 1%”, afirmaron los analistas. No obstante, también advirtieron sobre el riesgo de un aumento inesperado de 50 puntos básicos, situando la tasa en 1,5%.
El yen se ha estabilizado desde la intervención del Tesoro estadounidense hace dos meses. Además, se especuló sobre la posibilidad de que este escenario forme parte de un acuerdo más amplio con Washington, orientado a fortalecer de manera sostenida el yen, reducir la necesidad de intervenciones a gran escala por parte del BoJ y ayudar a estabilizar los bonos del Estado japonés (JGB).
A pesar de esto, se argumentó que el gobierno japonés persigue una estrategia de crecimiento agresiva y seguramente manifestará su oposición a un endurecimiento monetario más acentuado.
Un analista de otra firma financiera explicó que un eventual aumento de tasas por parte del BoJ podría incentivar la repatriación de capitales y disminuir el atractivo de las operaciones de carry trade financiadas en yenes, lo que sumaría presión sobre la prima de plazo global.
Comentó que el mercado se encuentra en una fase de “estabilización condicional”, ya que las decisiones de la Reserva Federal han reducido la incertidumbre respecto a su compromiso de combatir la inflación, aunque no eliminan del todo los riesgos subyacentes.
Agregó que mientras el conflicto en Medio Oriente no muestre señales de desescalada y la situación en el estrecho de Ormuz no se normalice, y la divergencia en las políticas de los bancos centrales siga ampliándose, es probable que persista un contexto de dólar fuerte, tasas elevadas y un apetito selectivo por el riesgo, especialmente en aquellos activos más sensibles a la evolución de las tasas reales.









