El informe resalta que Mendoza enfrenta uno de sus desafíos estructurales más significativos: aunque cuenta con recursos, infraestructura y una ubicación estratégica en el mapa económico argentino, no ha logrado traducir ese potencial en un crecimiento sostenido que beneficie a sus habitantes.
Pradines subrayó que, pese a la favorable posición de Mendoza en términos productivos, este dato no es suficiente. En su análisis, plantea una contradicción fundamental: a pesar de estar en el noveno puesto en el ranking, los mendocinos mantienen la misma calidad de vida que hace dos décadas.
La pregunta surge naturalmente: ¿cómo es posible que una provincia con tantos activos productivos no haya visto un aumento en su riqueza por habitante en 20 años?
El informe de la fundación Pensar pone de manifiesto esta problemática. Mendoza se sitúa en una posición intermedia, con potencial para crecer, pero aún no ha logrado hacer el salto necesario que la coloque junto a las jurisdicciones que han capitalizado sus ventajas estructurales.
Por tanto, el problema no parece ser solo la falta de recursos. La provincia posee minería, petróleo, agroindustria, vitivinicultura, turismo, energía y una ubicación clave para el comercio internacional. Según el informe, el verdadero desafío radica en crear las condiciones para que estas actividades generen un impacto mayor en la economía provincial.
El análisis muestra una realidad ambivalente. Mendoza ocupa el noveno lugar en cuanto a stock productivo, lo que indica que tiene una estructura económica considerable, pero también se posiciona novena en materia fiscal y decimoquinta en la dimensión social.
La situación reciente no refleja un proceso expansivo. Durante 2024, Mendoza experimentó una caída del 0,9% en su Valor Agregado Bruto, mientras sólo cinco provincias registraron crecimiento, siendo Neuquén la más destacada, con una expansión del 11,3%.
Este contraste con Neuquén es especialmente relevante, ya que la provincia patagónica ha encontrado en Vaca Muerta un impulsor de crecimiento que ha mejorado significativamente sus indicadores económicos.
La advertencia hecha por Pradines también conlleva una lectura política. Aunque su partido, el PRO, ha mantenido históricas alianzas con el radicalismo que gobierna Mendoza, se han observado ciertas oscilaciones en la semana pasada, como el apoyo de la cúpula del PRO a un candidato opositor, así como el respaldo de un intendente a un precandidato del sector tradicional.
Este contexto sugiere que las críticas al desempeño económico de Mendoza no son solo observaciones estadísticas, sino también un intento de diferenciarse del discurso oficialista que enfatiza el orden fiscal y la estabilidad como claves para atraer inversiones.
El planteo de Pradines expande esta discusión. Se interroga si el buen manejo de las cuentas es suficiente cuando no lleva a un aumento en la riqueza por habitante.
Esto no implica desestimar los avances en la provincia. El propio informe reconoce que Mendoza posee activos valiosos, ubicándose en una posición relativamente favorable a nivel nacional. Sin embargo, esos activos aún no han producido un incremento significativo en el nivel de vida de sus habitantes.
Así, emerge un reto fundamental para el próximo ciclo político: no solo se trata de administrar adecuadamente la provincia, sino de convertir esa administración en crecimiento.
El análisis también sugiere la necesidad de un replanteo del modelo productivo mendocino. La provincia continúa siendo muy dependiente de actividades tradicionales y enfrenta dificultades para diversificar su matriz económica. El impulso hacia nuevas inversiones, el desarrollo de los sectores energético y minero, la mejora de la infraestructura y el fomento del turismo son variables esenciales para cambiar esta tendencia.
En resumen, la observación de Pradines tiene un peso político considerable: Mendoza se encuentra en el noveno puesto en stock productivo, pero esta realidad no se traduce en una mejora tangible de la riqueza por habitante en las últimas dos décadas. Esta cuestión, en el contexto del debate político sobre el futuro de la provincia, probablemente seguirá siendo objeto de atención: ¿es suficiente con una buena administración o es tiempo de adoptar un nuevo enfoque para reanudar el crecimiento?









