El retorno al país estuvo marcado por una intensa celebración y reconocimiento público. La atención que generaron los Pumas acaparó las primeras planas y espacios en los medios de comunicación. La comparación con los futbolistas no se hizo esperar: los jugadores de la selección de fútbol fueron criticados por no cantar el himno con el mismo fervor que los Pumas. En 2006, en el primer Mundial de Messi, el equipo había sido eliminado en cuartos de final por Alemania. “Copiense de los Pumas”, le gritaron a Juan Pablo Sorín, entonces capitán del seleccionado de fútbol. La proyección internacional de los Pumas se hizo efectiva rápidamente, ya que Leicester Tigers, uno de los clubes más relevantes de Europa, contrató al “Tano” Loffreda como entrenador, un hecho sin precedentes para el rugby argentino de la época.
No obstante, la situación local seguía siendo complicada. Los Pumas se veían restringidos a jugar solo seis partidos al año, tres de ellos en casa, sin la posibilidad de acceder a competiciones más relevantes. Mientras que el seleccionado argentino logró cambiar el horario de un superclásico, no logró avanzar en dos áreas esenciales para su desarrollo: la internacional, para competir en un campeonato formal, y la local, dado que la dirigencia aún no estaba totalmente dispuesta a realizar las reformas necesarias.
Sin embargo, comenzaban a surgir signos de cambio. El 19 de octubre, un día antes de la final del Mundial, Bernard Lapasset fue elegido como nuevo presidente de la IRB. Amigo de los argentinos y en especial de Carlos Tozzi, Lapasset estaba decidido a iniciar una nueva etapa en el rugby. Entre sus objetivos, se encontraba el retorno del rugby a los Juegos Olímpicos y la apertura de nuevos mercados, incluyendo el caso argentino, para establecer una competencia regular importante para un seleccionado que había finalizado tercero en el Mundial. Así, una vez concluido el torneo, propuso realizar un Foro para redefinir el futuro del rugby en las próximas dos décadas.
El Foro se llevó a cabo en Woking, en el condado de Surrey, a unos 37 kilómetros al suroeste de Londres. Para los aficionados al deporte, Woking es conocida como la sede de McLaren, una de las escuderías más icónicas de la Fórmula 1. Desde 2007, Woking ha tenido un papel crucial en el desarrollo del rugby argentino y en la inclusión de los Pumas en las competiciones internacionales.
Del martes 27 al jueves 29 de noviembre de 2007, el hotel Holiday Inn en Woking acogió a los dirigentes más destacados del rugby mundial. Representando a la UAR, asistieron Alejandro Risler, Raúl Sanz, Hugo Porta y Carlos Tozzi. Lapasset invitó a dos figuras emblemáticas: Richie McCaw, capitán de los All Blacks, y Agustín Pichot, quien en ese momento aún jugaba en Francia.
Porta recordó: “Lo único que recuerdo de Woking es que llevé escrito un texto sobre el espíritu del rugby y mis experiencias como jugador, pero al llegar me di cuenta de que se trataba de una reunión de negocios, no se habló del juego. Recuerdo al ‘Ruso’ (Sanz) corriendo de un salón a otro como loco y que la primera noche cenamos todos con Agustín en un restaurante cercano”.
La delegación argentina presentó la idea de que los Pumas se sumaran a una competencia en Europa, preferentemente el 6 Naciones. Sin embargo, dos obstáculos eran evidentes: la estructura de negocios ya estaba acordada y, en términos geográficos, se consideraba que Argentina debía competir en su hemisferio.
Pichot resumió la situación: “La puerta de Europa se cerró de inmediato. No hubo tiempo de discutir, así que corrí hacia donde estaban los de Sanzar y ahí comenzamos a encontrar una alternativa, aunque no fue fácil”. A pesar de que podría haberse presentado una oportunidad en Europa, Pichot intuía que allí no había futuro ni en el juego ni en los negocios, dado que significaría renunciar a la localía y, con ello, la posibilidad de obtener ingresos por entradas y patrocinadores.
Las opciones eran limitadas tanto en el norte como en el sur, ya que los contratos televisivos estaban cerrados hasta 2012. No obstante, en Woking se llegó a la conclusión de que el futuro de Argentina pasaría por el entonces Tres Naciones. Así lo anunció Lapasset al finalizar el Foro: “Está todo acordado para que en cuatro años Argentina ajuste sus estructuras y participe en el campeonato junto a Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda”.
Mientras esto sucedía en Woking, la dirigencia local debatía sobre la sucesión al mando de la UAR, liderada por Risler y Sanz, cuyo mandato finalizaba a fines de 2007. Sanz intentó extender su mandato, pero ya existía una lista única encabezada por Porfirio Carreras, un abogado vinculado a Alumni y vicepresidente de la Unión de Buenos Aires.
El 22 de febrero, Carreras asumió como presidente de la UAR, marcando la historia al tener nuevamente a un representante de Buenos Aires al frente. A simple vista, no había signos de renovación entre los nuevos integrantes de la directiva, quienes contaban con una trayectoria ligada a la defensa del amateurismo. Sin embargo, la UAR estaba a punto de experimentar un cambio significativo.
A los diez días de asumir, Carreras recibió una llamada de Lapasset, quien deseaba conocer a la nueva conducción en París. El viaje se realizó en marzo de 2008, participando Carreras, García Fernández y García. Durante la reunión, Lapasset les informó que disponía de un presupuesto inicial de 750 mil libras esterlinas para el año, a condición de que aceptaran subirse al “subte” que estaba llegando a su estación. Carreras reflexionó: “Ahí pensé que debíamos aprovechar la oportunidad”.
Lapasset propuso la creación de un plan estratégico, asegurando que un especialista de la IRB, Morgan Buckley, se sumaría al proceso. Sin embargo, Carreras y su equipo dejaron clara su postura: no aceptarían un campeonato profesional que perjudicara la fortaleza de los clubes. Aunque Lapasset comprendió, no aceptó del todo.
A su regreso a Argentina, Carreras contactó a Pichot, quien era crucial para las gestiones que se avecinaban. La UAR debía definir no solo el plan estratégico, sino también encontrar un reemplazo para Loffreda, con los Pumas preparándose para jugar en junio. En una conferencia de prensa celebrada poco después de su retorno, los jugadores principales de los Pumas pidieron a Baetti que asumiera el puesto de Loffreda, pero él se negó.
Cuando Carreras y García Fernández se reunieron con Pichot para discutir al nuevo entrenador, Pichot siguió insistiendo para que Baetti aceptara, incluso viajando a Rosario para hablar con él. Aunque estuvo cerca de convencerlo, finalmente Carreras y García Fernández tomaron la delantera y el 13 de marzo de 2008, la UAR anunció a Santiago Phelan como el nuevo entrenador de los Pumas. Phelan, que había sido un ícono del rugby argentino, asumiría el rol de primer entrenador a tiempo completo en la historia de la UAR. El ex jugador Fabián Turnes también se sumó como asistente.
Phelan enfrentó un desafío considerable: su experiencia en el rol era limitada y, aunque había formado parte de los Pumas, nunca había competido en un club profesional. Además, asumiría a un equipo que había dejado una huella imborrable pero que había perdido a varios líderes claves. Sin embargo, contaba con el respeto y la afinidad del grupo, incluyendo a antiguos compañeros como Ledesma y Fernández Lobbe.
Mientras el equipo se preparaba para los próximos partidos, la UAR se concentró en asegurar su estabilidad financiera, un proceso fundamental que se vio reforzado con un acuerdo significativo con una empresa de marketing. Como resultado, la UAR comenzó a experimentar un crecimiento considerable en sus ingresos, avizorando una nueva era de bonanza económica.
Paralelamente, Carreras y su equipo se reunieron en París con Pichot y Morgan Buckley, diseñando el Plan Estratégico que sería presentado a la IRB. Esta reunión en el Hotel California, a un paso de los Champs Elysées, fue clave para definir el futuro del rugby argentino y dar origen a una serie de iniciativas que llevarían a la creación de los actuales Centros Nacionales de Alto Rendimiento, impulsando la profesionalización del rugby argentino.









