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Milei enfrenta su mayor desafío: su propio liderazgo

24 agosto, 2026
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Milei enfrenta su mayor desafío: su propio liderazgo
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– Aguas divididas

– La Tierra Prometida o Sodoma

Pocos minutos antes de la 1 de la tarde, las luces que adornaban el estrado se atenuaron. El salón Versalles, el de mayor esplendor del Alvear Palace, no se sumió en la oscuridad, aunque había una sombra en el rincón donde, en un atril junto a una bandera argentina, Javier Milei se preparaba para dar su discurso de cierre en el Council of Americas, un evento clave en el calendario del Círculo Rojo. No era un discurso cualquiera y nadie esperaba que lo fuera. El Presidente lo sabía.

El León se siente retado. Comprende que en la selva prevalece el más fuerte y que hay depredadores que, por instinto de supervivencia o simplemente por voracidad, son activos. Muchos de ellos, en la primera fila. Gente de sectores variados, que a pesar de diferentes realidades, lo habían apoyado públicamente en momentos críticos. Hoy, sin embargo, lidian con desilusión o preocupación. Los observaban, callados, sentados junto a otros que mantienen intacta la confianza en él.

“Sí, es verdad que sus rivales van a desaparecer. Y, si están en un mercado, ¿qué quieren que ocurra con sus competidores? ¡Hacerlos desaparecer, por supuesto, a través de la competencia!”, afirmó desafiante ante quienes cuestionaban su gestión en medio de quiebras, cierres y despidos. “¿Vamos a continuar con la hipocresía? ¿Queremos ser grandes? Hay que tener agallas y los prebendarios deben quebrar”, atacó.

Milei alzó la voz. Fue uno de los pocos momentos en que se lo vio vigoroso, más apasionado, en medio de aproximadamente una hora y 10 minutos en los que su tono fue más apagado, incluso monótono en ciertos instantes, como si una ola de desánimo lo envolviera.

Cuando Milei habla, sabe que sus palabras resonarán fuera del salón, multiplicándose en medios y redes, especialmente si critica a sus opositores. “¿Alguno de ustedes está en desacuerdo con la caída de los salarios del sector público?”, les pregunta a quienes lo critican por la disminución del poder adquisitivo. “Vengan, son menos impuestos. Ey, menos hipocresía, vamos”, reitera, ante un auditorio que durante años hizo del alivio tributario y el ajuste estatal su principal reclamo.

A pesar de su apariencia desganada, con el pelo desordenado y el rostro brillante bajo la iluminación, Milei estaba cargado. Continúa atacando, como es cada vez más común, a “econochantas” de “precariedad y pobreza analítica”; a “operadores baratos” y a periodistas que, según él, “odian más los datos que los zurdos al agua”. Menciona nuevamente a Moisés: le critiquen lo que le critiquen, lo iban a hacer. Se cuestionó por qué había tanto ensañamiento en las críticas a su gobierno. “Parte por ignorancia, parte por mala intención, parte por abstinencia de sobres y parte porque me odian”, se respondió. “Incluso puedo llegar a coincidir: que me odien no es un argumento inválido. Hay cosas que yo mismo desprecio, así que tampoco está mal”, ironiza.

Esto provoca algunas sonrisas entre el público, que hasta hace poco habría estallado en carcajadas y aplausos. Ahora, sin embargo, se respira una atención respetuosa mientras Milei profundiza en su discurso. Las interrupciones son breves y provienen principalmente de la primera fila, donde se encuentran su hermana, Karina, su Jefe de Gabinete, y otros funcionarios. No hay tosedores, sino aplaudidores.

Al igual que su admirado Moisés, Milei se presenta como un profeta que hoy genera divisiones. Uno de los organizadores del evento, Natalio Grinman, quien preside la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, lo reconoció. “Hay empresas que están atravesando dificultades. Otras han cerrado. Se han perdido puestos de trabajo”, admitió en su discurso inaugural, consciente de las penurias que enfrentan muchos de sus asociados.

No obstante, subrayó: “Si ese es el precio que tenemos que pagar y el sacrificio que deben asumir los argentinos para transformar nuestro país, para que nuestros nietos, en mi caso, puedan vivir en una Argentina normal, créanme que vale la pena”.

“Contamos con el modelo actual, que no está exento de sacrificios. Pero, si lo mantenemos, tendremos un país espectacular. Estoy claro de qué lado estoy. ¿Y ustedes?”, apeló.

Una palabra resuena cada vez más en boca de funcionarios: reelección. En los últimos días, se hizo eco desde el Jefe de Gabinete, el presidente provisional del Senado hasta el Ministro de Economía. No pasó desapercibida durante el evento en el Alvear.

“La Patria, amigos, es un acto perpetuo, como el perpetuo mundo”, citó a Borges uno de los “teloneros del Presidente”, según como Federico Sturzenegger se refirió al Canciller y a sí mismo por sus posiciones en la agenda del Council.

“Ese es el mandato que guía a este gobierno. La Argentina del futuro toma forma a través de las decisiones que adoptamos hoy. A ese acto perpetuo lo convoca el Presidente Milei”, instó, planteando que para materializar los 150.000 millones de dólares de inversiones comprometidas es necesario “un país que mantenga su rumbo durante generaciones”.

El Coloso fue más directo: “Imaginen lo que sucederá en la República Argentina cuando Javier Milei obtenga su reelección el año que viene”, dijo el ministro. “Con un crecimiento de 13 puntos económicos durante su primer mandato, después de 15 años de estancamiento absoluto, supera con creces a las presidencias anteriores”, alabó.

Hay empresarios que respaldan esta visión electoral, especialmente aquellos que se benefician del modelo económico actual: sectores como energía, minería y agro. “Opinión personal: reelige en primera vuelta”, afirmó sin dudar un CEO del sector energético, activo en múltiples asociaciones.

La misma confianza se escucha en el ecosistema emprendedor, donde prevalecen las empresas tecnológicas, fieles al credo del León.

Por supuesto, no todos comparten ese optimismo. Especialmente al ver encuestas que muestran que la intención de voto de Milei en ciertas provincias no alcanza el 20%. Un inversor nacional, con fuerte interés en tecnología y finanzas, dialoga con varios gobernadores, incluido uno de los aliados peronistas más apreciados. Muchos ya trabajan en desdoblar elecciones, esperando legitimar su triunfo con un candidato libertario local.

El empresario que describe esta situación elogia las iniciativas del Gobierno, aunque critica la cerrazón ideológica del Presidente y su equipo económico. “Marchan enceguecidos, como caballos de carrera”, utiliza una metáfora regional. Lamenta que la falta de flexibilidad para implementar medidas que alivien la situación actual, como la mora en el sistema financiero, mientras se sigue construyendo ese futuro próspero, podría llevar a que las elecciones resuelvan que ese esfuerzo haya sido en vano. Para justificar su escepticismo sobre la reelección de Milei, recurre a una de las frases que irritan al Presidente: “La gente no llega a fin de mes”.

Pese a esto, en el Círculo Rojo, la posibilidad de otros cuatro años de gobierno libertario es lo que más los motiva actualmente. Para algunos, también representa la búsqueda de una alternativa. Así, se discuten figuras como Jorge Brito y Daniel Hadad, junto a otros que quedaron en la lista de candidatos. Como si fuera un casting, para un papel cuya descripción es: “Profesional del sector privado, exitoso, racional, que respete la propiedad privada y las leyes del mercado, el orden económico, la estabilidad cambiaria y la disciplina fiscal, pero pragmático, con sensibilidad social y una visión más integradora de la economía real.”

Un nuevo héroe, ideal para un público que, al menos por el momento, no acepta ver en ese papel al villano de otra historia que ya ha sido contada demasiadas veces, sin un desenlace feliz.

También surge una tercera vía: “Mileísmo sin Milei”. Este concepto fue discutido en los pasillos del Alvear, donde se encontraban entusiastas de la primera hora con otros que, cada vez más abiertamente, expresan su desencanto. Una opción para aquellos que, descontentos con el presente, tampoco ven un futuro prometedor ni desean regresar al pasado, especialmente los que se sienten más perjudicados por las nuevas normativas o por el Gobierno. A esta altura, no sorprende que Paolo Rocca haya perdido totalmente la esperanza en la experiencia libertaria.

Aunque no lo señaló explícitamente, el industrial más destacado de Argentina ha manifestado su descontento con las declaraciones de Milei.

“Las regulaciones suelen tener un trasfondo de intereses”, afirmó el jueves. “Un buen ejemplo es el caso de la chatarra: había una prohibición de exportación. Eso provocó un exceso que resultó en precios negativos. Ustedes debían incluso pagar para que se retirara su chatarra”, continuó, refiriéndose a una empresa que se beneficiaba del esquema.

“Obviamente, eliminar ese ‘kiosco’ que daba ventaja a una empresa y perjudicaba a todos no fue gratuito”, afirmó.

Ya había mencionado intentos de golpe de Estado, “siete intentos de juicio político” y la “complicidad de ciertos empresarios y medios de comunicación” para derrocarlo el año anterior. Agregó que su teléfono había comenzado a “estallar” días atrás, repleto de quejas. “Cuando las leí, lo primero que pensé fue: ‘Conozco quién es la contraparte de esas quejas’. ¡Qué buen trabajo está haciendo Federico!”.

Hubo un momento de silencio, para recargar su declaración.

“¡Cuando vean a alguien criticando a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario, a un corrupto y a un chorro!”, escucharon algunos que aseguraron no haber oído “negocio”, sino “curro” o una palabra similar.

“Por eso atacan tanto cuando Federico realiza su trabajo. Y miren que ha eliminado 17,000 regulaciones. Pero aún hay mucho más por hacer”.

Hasta hace poco, esa misma promesa, pronunciada con el mismo fervor, habría provocado una ovación. En este caso, los aplausos fueron escasos. Milei continuó, ignorando la reacción.

Se había referido al alto costo del crecimiento económico y al sistema previsional que se sustentó en “la locura de los pañuelitos verdes, esa pasión por asesinar niños en los vientres de sus madres”. También, que tras acumular restricciones para “salvar amigos”, cuando se abren las compuertas, “el proceso se vuelve más abrupto, un poco más áspero”. Y negó la destrucción de empleos. “Si eso fuera cierto, la tasa de desempleo debería estar en el 90%. Y miro y no da 90%”, argumentó.

Pidió “honestidad intelectual” al hablar sobre el cierre de empresas. “El 50% del mercado es informal y está ganando más del 40%. Cuando sumamos todo, se han creado empleos. Es cierto que algunas empresas han cerrado, sí. Pero emergen aquellas de una sola persona que luego contratan a diez. No es justo mirar solamente las que cierran. Hay que observar las que desaparecen y las que surgen”, reclamó.

Reiteró que si todas cierran y ninguna abre, “el desempleo debería estar disparándose, y no lo está, se mantiene en 7,8%”.

“¿De qué estamos hablando?”, interpeló. “Primero los datos. ¿Nos vamos a seguir dejando influir por quienes hundieron el país? ¿Vamos a seguir avalando relatos falsos?”.

Se lanzó entonces contra la Cámara de Actividades Mercantiles Empresariales (CAME), cuya medición de consumo, que resultó negativa en julio, había sido cuestionada por un empresario del sector tecnológico. Este último había presentado como más representativos los crecientes datos de su plataforma de ventas.

“No se puede aceptar la comparación de una encuesta de mil casos sobre el consumo, hecha por un enemigo del Gobierno, frente al consumo privado que está en máximos históricos. Salvo, que padezcan del síndrome de Estocolmo”, recalcó.

“Así que el problema ya no es si el Gobierno lo está haciendo bien o mal. Es cómo resolvemos el síndrome de Estocolmo”, subrayó.

Ya había espectadores mirando sus relojes y abandonando el salón para continuar con sus agendas, algo que antes no ocurría en un discurso de Milei. Un CEO de un laboratorio nacional se retiró. Otro empresario se levantó y se dirigió a una de las puertas traseras cuando la exposición abordaba el Óptimo de Pareto.

Otros ni siquiera estuvieron presentes. El presidente de la Unión Industrial Argentina no presenció la intervención presidencial, prefiriendo tomar un café en el vestíbulo. Tampoco asistieron Ricardo Markous, Carlos Ormachea y David Uriburu, de Techint, quienes minutos antes habían estado en una reunión privada a la que solo accedieron organizadores y expositores. No escucharon en directo los nuevos embates hacia su jefe ni hacia uno de los enemigos más visibles del libertario: el dueño de FATE y Aluar.

El de neumáticos, para Milei, es un ejemplo “interesante y siniestro” de apertura. “Su precio es 100 dólares. ¿Por qué nosotros pagamos 400?”, cuestionó.

“Si abro la economía, ingresarán neumáticos a 100 dólares. La gente podrá comprarlos y tendrá 300 dólares para gastar en otros sectores. Obviamente, si la empresa que existe no se adapta, fallará”.

Elogió a Lumilagro, un fabricante de termos que se adaptó a esta nueva situación. “Modificó su modelo y comenzó a trabajar de otra forma. Y hoy, es un éxito. En contraste, un dueño optó por presionar al Gobierno, advirtiendo que si no le mantenían su beneficio, despediría a 920 personas”, expresó. “El día antes de que se aprobara la modernización laboral, se despidieron 920 empleados. Pero ya que estamos dispuestos a poner la Argentina nuevamente en pie, conseguimos aprobar la modernización laboral”, relató. “Hicimos algo que ni siquiera un régimen militar logró”, jactándose.

La Argentina, afirmó, “es la economía más cerrada del mundo”. Según Milei, a su nivel de PIB per cápita, debería tener un coeficiente de apertura superior al 90%, mientras actualmente se sitúa en solo un 30%. “¿Dónde está abierta? ¡Es una cárcel! ¡Ni siquiera si soy reelegido podré alegar que tengo un número del que sentirme orgulloso!”, reconoció.

“Pero también hay algo importante: para sobrevivir, es preciso invertir fuertemente y tener economías de escala”, advirtió. “Si pretenden producir una mercancía básica para un mercado de 48 millones de habitantes, frente a otros que producen para un mercado de 8000 millones, no tendrán éxito”.

Aprovechó para destacar la industria textil italiana –curiosamente, donde tiene raíces la familia materna de Paolo Rocca– como ejemplo de competencia contra China. “Ofrecen calidad en diseño. Si desean ser pequeños, pueden prosperar. Pero deben agregar valor, diferenciarse. Ahora, si intentan vender la misma camiseta que los chinos a cinco o diez veces su costo, parece que estamos en problemas”.

“Lo entendemos bien. La alternativa es no querer comprenderlo, resistir y ser, cada día, un poco peores o mucho peores”, sermoneó.

Un ejecutivo anotó esto, coincidiendo con lo filosófico, pero no necesariamente con la aplicación práctica actualmente. Durante la semana, otro fabricante había pedido concurso preventivo con una deuda de 7000 millones. Y, además, cerró Will Der, una textil que producía para Adidas, Puma y Lacoste. Un audio de su socio, que lloró al comunicar el cierre a sus empleados, se volvió viral: “Piensen en lo que hicieron quienes votaron a este gobierno. Con otras administraciones, todos sufrimos. Pero teníamos dinero en el bolsillo. Solo les pido que piensen en la próxima elección”.

“Está bien que todas busquen ser *(menciona una marca argentina de indumentaria)*. El problema actual es otro: en la Argentina, no todos pueden comprar *(menciona la misma marca)*”, argumenta el ejecutivo que sigue las palabras relativas a su gestión, un exasesor empresarial que hoy es parte clave de una high-tech esencial para las ventas de miles de empresas en el país.

Había llegado al Council con expectativas acerca de un discurso, no moderado (“porque Milei es Milei”), pero al menos, esperaba que buscara tender puentes y enviar señales para recuperar la fe entre aquellos cuya confianza se ha debilitado. En cambio, escuchó amenazas de castigo eterno para las ovejas descarriadas.

“Mi mandato fue reducir la inflación y hacer crecer la economía. Bueno, voy a cumplir mi mandato”, comprometió el Presidente. “No me gusta ser un país de mitad de tabla. Quiero hacer de Argentina el país más grande del mundo”, aspiró.

Reconoció que “no estamos en el Paraíso”. “La situación se sigue percibiendo espantosa. Pero la película sigue siendo la mejor de la historia argentina”, aseguró.

No mencionó en ese momento lo que sí expresó en una entrevista radial unas horas antes, que está decidido a buscar la reelección. Pero en el Alvear, lo dio a entender: “Sigo confiando en los argentinos que no desean retroceder ni convertirse en Cuba”.

La lucha, reafirmó, “no es económica; es moral”. “¿Queremos ser una sociedad de inmorales? Seremos Sodoma. Sin embargo, si abrazamos los valores judeocristianos, tomaremos decisiones justas. Y la contracara es el progreso y el bienestar. Muchas gracias”, concluyó.

Aplausos, aunque no atronadores. En el fondo, permanecieron sillas vacías, cerca de una veintena de las 200 dispuestas. Otra imagen de época, distinta de los discursos en lugares colmados. Se respiró un aire de insatisfacción y una premura por irse entre quienes, respetuosos, se quedaron hasta la última palabra.

Esperaban otro mensaje, señales más explícitas sobre la situación actual. Quizás un anuncio o una mayor clarificación sobre su modelo de crecimiento económico que había mencionado que iba a proporcionar. Por qué no menos insultos de lo habitual. “Problema de expectativas”, diría un economista.

Horas antes, el Indec informó que la inflación mayorista de julio fue del 0,8%, mientras el Presidente anunció otro recital. Posteriormente se conoció que la actividad económica de junio creció un 2,7% interanual; los salarios avanzaron un 2,9%, un punto más que la inflación; y las exportaciones de julio crecieron un 14,1% en el mes y un 22,9% en el acumulado, alcanzando nuevos récords (8854 millones de dólares y 58.365 millones, respectivamente).

No obstante, las ventas en supermercados disminuyeron un 3,1% interanual en junio, lo mismo que en autoservicios mayoristas y centros comerciales, que cayeron un 4,9% contra el mismo mes de 2025 y un 6,2% comparadas con mayo de este año. Los medios mencionaban que otra automotriz estaba reduciendo su producción debido a la baja en ventas de vehículos en el mercado interno.

“Compito contra mí mismo, intentando ser un mejor gobierno cada día”, había anticipado semanas atrás Milei acerca de su próxima campaña presidencial. En este sentido, tiene razón: su mayor rival es Javier Milei.

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